lunes, 9 de mayo de 2016

DONALD CROWHURST

A finales de la década de los sesenta (1968), cuando el hombre estaba a punto de llegar a la luna, nueve hombres zarparon a bordo de sus pequeños barcos de vela para competir en una regata alrededor del mundo en solitario y sin escalas. Esto no se había hecho nunca. Entre los participantes, Donald Crowhurst, ingeniero electrónico inglés de 36 años.

Vídeo:


sábado, 30 de abril de 2016

SÍNTESIS


Me movía inquieto en el asiento. Empezaba a considerar seriamente la posibilidad de abandonar la sala. El conferenciante llevaba ya dos horas de exposición y su expresión no indicaba el final en un breve plazo de tiempo. Más bien todo lo contrario, parecía que su estrategia consistía en convencer (o vencer) por agotamiento. Y sí, yo estaba a punto de sacar la bandera blanca de rendición. Si no lo hice fue por respeto a los organizadores del evento. Conste que el tema de la conferencia me resultaba de gran interés y que el ponente demostraba grandes conocimientos sobre él. Pero su conocimiento parecía estar reñido con una, para mí, gran cualidad: la capacidad de síntesis.

Hace unos años recibimos el encargo de proyectar el diseño de una exposición antológica dedicada a un gran arquitecto. El material de dicha exposición se basaba en un estudio previo, concienzudo y pormenorizado, realizado por una persona profesionalmente muy cualificada. Pues bien, de las horas que empleamos en nuestro trabajo una buena cantidad tuvimos que dedicarlas a “pelearnos” con ella intentando hacerle entender que era materialmente imposible y didácticamente inadecuado “meter todo” en el espacio expositivo. Que era necesario hacer una selección que facilitara al público la lectura y la comprensión de la obra del arquitecto. La lucha fue casi cuerpo a cuerpo, titánica (exagerando), ya que nuestro “contrincante” entendía que estábamos minusvalorando su trabajo. De nuevo, incapacidad de síntesis.

Hace unos meses un arquitecto británico visitó nuestra ciudad para recibir un galardón por su contribución a la regeneración urbana de la misma. En el acto de entrega tuvo una intervención para repasar y explicar su amplia trayectoria en el campo de las infraestructuras del transporte. Veinte minutos escasos y una docena de imágenes fueron suficientes. Capacidad de síntesis.

Lo cual me lleva a pensar que esta entrada está a punto de sobrepasar la extensión suficiente para contar lo que quería contar. No quiero que se note demasiado mi incapacidad de síntesis. 

domingo, 24 de abril de 2016

RESTAURANTE “EL AMPARO”

Felipa Eguileor nació en Bilbao en 1831. Se le daba muy bien la cocina y dominaba las recetas tradicionales de la gastronomía vasca. Junto a su marido Sebastián de Azcaray decidió abrir en 1861 una taberna y casa de comidas a la que llamaron “Casa Felipa”. Amplió su formación gastronómica en Francia y 25 años después inauguró “El Amparo”.

Vídeo:




domingo, 10 de abril de 2016

CINE Y ARQUITECTURA (6): CASA SKYBREAK

¡ESTRENO! Lanzamos el primer programa de echonovemberecho en formato de vídeo.

Iniciamos hace ya unos meses el repaso a algunos proyectos emblemáticos de arquitectura residencial que, posteriormente y sin ser su destino inicial, se han ido convirtiendo en escenarios cinematográficos. El primer ejemplo fue la Casa Malaparte:

En 1966 el Team 4, un equipo de jóvenes arquitectos formado por Su Brumwell, Richard Rogers, Wendy Cheesman y su marido Norman Foster proyectan una casa de campo a las afueras de Londres, en Radlett: la casa Skybreak, también conocida como Jaffe House.

Vídeo:


Escena de la película:  



viernes, 1 de abril de 2016

¿EL MEJOR EDIFICIO DE BILBAO? (2)

…CONTINÚA.

Manuel Ignacio Galíndez, arquitecto bilbaíno (1892-1980), finaliza sus estudios universitarios en Madrid en 1918. Tras su regreso a Bilbao comienza su trayectoria profesional siendo testigo de la convulsión industrial que impregna a toda la sociedad local. De ahí debió surgir su inquietud por el progreso y la técnica. Pero también, y esto será muy destacable en casi todas sus obras, su sensibilidad hacia los problemas urbanos, en una ciudad que estaba iniciando una nueva etapa, la del Bilbao moderno.

No vamos a desglosar aquí su trayectoria profesional, disponible en diversos estudios y publicaciones monográficas. Pero sí interesa destacar que Galíndez fue un profesional discreto, al margen de debates teóricos, que apenas aparecía en publicaciones y revistas especializadas. Quizás el carácter híbrido de sus obras tenía algo que ver con esa “invisibilidad”. Y su condición de puente entre la aclamada generación de los 30 y la que comenzó a destacar a finales de los 50.

Hombre viajero, poseedor de una extensa biblioteca y amante de la navegación (él mismo diseñaba y construía sus pequeñas embarcaciones) trabajó a caballo entre Bilbao, Madrid y Cataluña hasta su jubilación en los años 60. Para él la arquitectura era un ejercicio de composición. Eso era lo importante, lo permanente. Las cuestiones de estilo, en cambio, eran algo circunstancial. Eso le permitía pasar, sin ningún complejo, del racionalismo al neo-vasco, pasando por el manierismo más refinado y decorativo. Pero siempre con criterio, sin dejarse llevar por las corrientes o las modas.

Y algunos extraordinarios ejercicios compositivos nos dejó en Bilbao: Rascacielos de Bailén, La Equitativa, La Aurora… En 1943 recibe el encargo de la sede para la Naviera Aznar, en una solar al borde de la Ría. Y desarrolla el proyecto en colaboración con su sobrino José María Chapa, recién incorporado al estudio. Las complejas condiciones urbanas del solar son asumidas como un reto que (y esta es la grandeza de Galíndez) desemboca en una lúcida propuesta que va más allá de la simplista interpretación de “edificio barco” que habitualmente se hace de esta obra, con su proa dirigida hacia la Ría.

Es cierto que las referencias marinas están ahí, pero son otros los valores que hacen único este proyecto: la adecuada distribución interior en torno a un patio; la utilización de materiales (piedra arenisca, ladrillo visto) y texturas perfectamente jerarquizadas en la composición de las fachadas, la delicadeza en la incorporación de aleros, cornisas y retranqueos. Y, por encima de todo, la sensibilidad y el entendimiento hacia el entorno, planteando respuestas diferenciadas a cada una de las situaciones: fachada curva hacia la Ría, fachada “palaciega” de acceso hacia la plaza, fachada interior hacia la calle. Y todo ello sin perder el concepto de objeto unitario.

Como el propio arquitecto indica en la memoria de su proyecto: “Se ha adoptado un estilo clásico dentro de su modernidad, en que la serenidad de sus masas y sobriedad de sus elementos clásicos puede ser la mayor garantía de su permanencia”. Y vaya si permanece. Porque, casi setenta y cinco años después de su construcción, el edificio no ha perdido su vigencia y, tras algún cambio de uso, sigue gozando de una extraordinaria salud. Firmitas, utilitas, venustas y sentido urbano. ¿Quién da más? Tal vez, quizás, probablemente, hoy… el mejor edificio de Bilbao. Mañana ya veremos.


viernes, 11 de marzo de 2016

¿EL MEJOR EDIFICIO DE BILBAO? (1)

A los que llevamos ya un tiempo embarcados en tareas de investigación y divulgación de la arquitectura es lógico y comprensible que nos pregunten con frecuencia por nuestra construcción favorita, el mejor edificio de aquí y de allá según nuestro criterio. Al principio intentaba salir airoso del requerimiento con una respuesta políticamente correcta, para no dañar sensibilidades ni gustos varios: “Es difícil elegir un solo edificio… Hay muchos que merecerían ser considerados como…” Respuestas que, evidentemente, no saciaban el apetito de obtener un titular por parte del interlocutor.

Así que cambié de estrategia y opté por ir otorgando la distinción a un edificio diferente cada vez que me preguntaran, con lo que el premio quedaría repartido, yo seguía siendo políticamente correcto y la persona que me lanzaba el reto saldría satisfecha.  A las “segundas de cambio”, en un programa de radio en este caso, la sagaz periodista me recriminó: “Pero sin embargo hace unos días dijiste que tu edificio favorito era…” Me había salido el tiro por la culata.

Volví a cambiar de nuevo de estrategia. O, más bien, decidí no tenerla. Y responder de forma natural y automática con la primera imagen que me viniera a la cabeza. Y funcionó, ya lo creo que funcionó: en el caso de Bilbao la imagen era siempre la misma, ese “dichoso” edificio…

Ya planteó Vitruvio hace más de dos mil años las cualidades que debía poseer un buen edificio: firmitas, utilitas, venustas, es decir, solidez, utilidad (funcionalidad) y belleza. Cualidades que, en mi opinión, siguen totalmente vigentes. Este “dichoso” edificio las tiene, sin duda. Y añadiría una más, sentido urbano. Es decir, conciencia del lugar que ocupa en la ciudad y diálogo con su entorno inmediato, cualidad que está muy presente no solo en esta obra sino también en otras que el mismo arquitecto proyectó en la ciudad.

La primera cualidad expresada por Vitruvio, la solidez constructiva, descarta de momento que esa designación del mejor edificio de Bilbao pueda recaer sobre alguno de reciente construcción ya que, como es lógico, sería necesario esperar unos cuantos años para atestiguar dicha cualidad. Es más, hay algunos edificios de la última hornada que ya se han auto-descartado para esta designación al mostrar síntomas alarmantes de fragilidad constructiva en su, aún, corta trayectoria. Y, en algunos casos, de una preocupante falta de funcionalidad, un reprobable desdén hacia la confortabilidad de los usuarios.

¡Ah! ¿Qué cuál es para mí el mejor edificio de Bilbao? “Es difícil elegir un solo edificio… Hay muchos que merecerían ser considerados como…” 


CONTINUARÁ…Y me mojaré.


jueves, 25 de febrero de 2016

CUESTIÓN DE VIBRATO

Joni Mitchell (Imagen de la revista Rolling Stone)

A veces hay cosas que no te gustan, con las que no puedes bregar, y por más que intentas analizar y descubrir el porqué, resulta una tarea baldía. Eso me ocurrió hace unas décadas con la música y las canciones de Joan Báez. Era toda una figura del folk estadounidense pero, por más que lo intentaba, no podía con ella. Y eso que durante algún tiempo compartió escenarios (y algo más, según algunos cronistas) con uno de mis músicos de cabecera, Bob Dylan. Llegué a pensar si, tal vez, las versiones que hacía de alguno de sus temas podían tener algo que ver con esta inquina, al considerarlo, aunque fuera de manera inconsciente, como un ultraje a las composiciones de Dylan. No llegué a ninguna conclusión definitiva y el tema quedó aparcado durante años.

Hace unos días me metí un “chute” de música folk estadounidense, revisando sobre todo a las intérpretes femeninas: la propia Joan Báez (a ver si insistiendo…), Joni Mitchell, Emmylou Harris… De repente noté un “click” en mi cerebro, se hizo la luz: todo era cuestión de vibrato.

Según la R.A.E.:
Vibrato: Ondulación del sonido producida por una vibración ligera del tono.

El vibrato es una característica vocal que poseen la mayor parte de los cantantes (no solo los de ópera) en mayor o menor medida, esa vibración al final de una frase. Y el vibrato de Joan Báez resulta tremebundo, infinito, excesivo… Al menos para mí. Así que respiré aliviado, por fin había resuelto el enigma de mi animadversión musical hacia la neoyorquina.

“Whe shall overcome” (Joan Báez):


Seguí escuchando canciones. Y al sonar “The circle game” en la voz de Joni Mitchell, canadiense de origen pero afincada desde joven en Estados Unidos, comprobé con estupor que su voz también estaba dotada de un potente vibrato que, sin embargo, no me impedía disfrutar de sus canciones.

“The circle game” (Joni Mitchell):


De un plumazo, mi teoría por los suelos. Así que pido ayuda: por favor, que alguien me explique por qué me irrita el vibrato de Joan Báez y sin embargo me seduce y me acaricia el de Joni Mitchell. ¿Voy a tener que esperar otras dos o tres décadas para descubrirlo?

P.D.: La gran soprano María Callas fue poco a poco perdiendo su vibrato, lo que acompañó al declive de su voz y de su trayectoria profesional.

“Coyote” (Joni Mitchell en directo, en estado puro, en el concierto de despedida de “The Band”):





viernes, 12 de febrero de 2016

JAMONARTE

Nos comentaba hace unos días el responsable de un centro de producción artística cuál era uno de sus mayores retos en esos momentos: conseguir desbloquear en la aduana un paquete que venía desde China, una máquina de tatuajes solicitada por uno de los alumnos que desarrollan sus proyectos artísticos en el centro.

Antes era más sencillo: un lienzo, unas pinturas al óleo o acrílicos, unos pinceles… Pero ahora conseguir satisfacer las necesidades de “material” para los artistas se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza. Pero los retos no acaban aquí.

Hace unos años uno de los alumnos, Kasper Kovitz (Viena, 1968) pidió sangre de buey y dos jamones ibéricos para desarrollar su proyecto. Con la sangre pintó una serie de imágenes que representaban sucesos históricos y en los jamones esculpió los rostros de Miguel de Unamuno y Sabino Arana, dos personajes que desempeñaron un papel importante en la defensa de “lo vasco” aunque desde posiciones opuestas. Kovitz “enfrentó los jamones” y tituló su obra “Carnalitos”, expresión que designa a los amigos de la misma sangre. 


“Carnalitos”, obra de Kasper Kovitz


Bien, los jamones ibéricos no fueron difíciles de conseguir, la sangre de buey un poco más. Pero ahora viene el segundo reto: ¿cómo almacenar y conservar estas obras? Estamos acostumbrados a ver los cuadros de los museos perfectamente ordenados y clasificados en sus archivadores pero ahora ¿habrá que instalar un arcón frigorífico para los jamones?, ¿cómo evitar que se deteriore la sangre de buey?, ¿tendrán que contratar a las religiosas que custodian la sangre incorrupta de San Pantaleón en el Monasterio de la Encarnación?

Archivadores de cuadros

Es solo un ejemplo de lo que, más allá de la pura anécdota, empieza a ser un grave problema en los centros artísticos de vanguardia. Una solución sería asumir por parte de todos, artistas y centros de exhibición, el carácter efímero de estas obras. Otra, sumarse al deseo manifestado recientemente por el conservador de obras del Centro Pompidou de París: “Ojalá hubiese un incendio en los almacenes y desaparecieran todas las obras para poder empezar de cero”.

Os preguntaréis que hizo Kasper Kovitz con el “negativo” de su escultura, es decir, con los descartes del jamón. ¡Buen provecho!

domingo, 24 de enero de 2016

NOTAS DE AMOR SUPREMO

 

Mientras asistía hace unos años a un concierto de Ravi Coltrane con su banda no podía dejar de preguntarme lo que supondría para él llevar ese apellido, siendo también músico y teniendo entre sus manos el mismo instrumento que su padre había elevado al olimpo del jazz unas décadas atrás, el saxo. ¿Sería un honor o una pesada losa? ¿O quizás ambas cosas?

Y también cabría preguntarse hasta dónde habría sido capaz de llegar John Coltrane en el mundo de la música si no hubiera fallecido de forma prematura, en un momento de extraordinaria creatividad. La misma pregunta nos podemos hacer con referencia a otros músicos que apagaron sus instrumentos y sus voces demasiado pronto: ¿A qué universos lejanos habría viajado Jimi Hendrix con su guitarra? ¿Se habría desgarrado completamente la voz de Janis Joplin veinte años después? ¿Qué paisajes sonoros imaginaría John Lennon en sus nuevas composiciones? Sí, es cierto, su pronta desaparición provocó que se convirtieran en mitos de la cultura popular pero también nos privó, y esto es lo más doloroso, de su madurez creativa.

Jonh Coltrane se forjó musicalmente con grandes nombres del jazz, Charlie Parker, Miles Davis, Thelonius Monk, pero su inquietud musical le llevó a volar solo, a componer sus propios temas y a hacerse acompañar de sus músicos preferidos. En 1965 (hace pocos meses se cumplieron 50 años) publicó “A love supreme”, disco que, aunque calificado actualmente como obra maestra, en su momento no resultó de fácil digestión y fue calificado como las notas disonantes de un músico sin rumbo. Es una historia que se repite periódicamente en cualquier ámbito de la cultura cuando aparecen creaciones que “se salen” de los márgenes establecidos y que precisan de un cierto reposo para ser digeridas de nuevo y valoradas con cierta perspectiva. (Las vacas sí que saben de esto)

Si el disco “Kind of blue” publicado por Miles Davis en 1959 (en el que también participó Coltrane) puede considerarse como el nacimiento del jazz moderno una vez superada la etapa bebop, los cuatro temas de “A love supreme” van un paso más allá  tanto en su concepción musical como en la estructura global del disco y en la búsqueda de nuevos sonidos. Y todo ello bajo el manto de una profunda inspiración espiritual, casi mística, renunciando en ocasiones al virtuosismo interpretativo en favor de una composición y una sensibilidad extrema.

¿Partitura? de “A love supreme”

En su última etapa con Miles Davis se le acusó a Coltrane de empezar a tocar “raro”, mal, para provocar su expulsión del grupo y poder así iniciar su carrera en solitario de forma obligada, sin ataduras. Compleja estrategia al menos. Preguntado Davis sobre si Coltrane estaba yendo demasiado lejos respondió: “Soy yo quien no soy capaz de llegar tan lejos como él”.  

“Pursuance”, la tormenta, la calma:


miércoles, 6 de enero de 2016

LAS ENTRADAS MÁS LEÍDAS DE 2015

Fiel a esta tradición anual, y ya van cuatro, aquí están las entradas más leídas de este blog a lo largo de 2015. Como divertimento, sin más pretensiones. Pero, en este caso con una pequeña variante: además de las entradas más leídas… también la entrada menos leída. Esa que, según las estadísticas, menos interés ha despertado. No la voy a repudiar, la voy a seguir queriendo igual que a las demás.

Las cinco entradas más leídas, en orden inverso:


Puesto 5: EL SUICIDA.

“Valladolid-Pucela, 1981. Un grupo de jóvenes universitarios aprovechábamos los ratos libres para devorar revistas de cómics y admirar las extraordinarias historias gráficas de…”




 Puesto 4: DICCIONARIO HIPSTER Y DE NUEVAS TENDENCIAS.

“Hace unos días, al enseñar la fotografía de un arquitecto cántabro que trabajó en Bilbao, uno de los jóvenes asistentes exclamó: “¡Hala, si era un hipster!” Sí, un hipster del siglo XIX”.




Puesto 3: SE BUSCA ARQUITECTO QUE SEPA HACER ALEROS BARROCOS.

“La información, publicada el mes pasado en la prensa, es un bocado tan suculento, de esos que chorrean por todos sus bordes, que me resulta difícil decidir por dónde hincarle el diente”.




Puesto 2: THE GODOYS WONDERERS.

“Un nuevo grupo (me gustaba más lo de “conjunto”) acaba de publicar su primer EP, The Godoys Wonderers”.




Puesto 1: EN BUSCA DE LOS ALISIOS (2).

“Soy consciente de que el estreno de “En busca de los alisios” coincide con el de la séptima entrega de “Star Wars”. Lo siento por George Lucas y los suyos“.




Y la entrada menos leída:

Último puesto:  J. C. C. SE HA IDO.

“J. C. C., “Cifu”, se ha ido. Su despedida desde hace muchos años: “Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos”, se convirtió hace unos días en su adiós definitivo”.



Me dice una joven lectora que el formato de blog, dentro del mundo de las redes digitales, está ya caduco. Sé que existen otros formatos, y alguno he explorado este pasado año. Con más rapidez e inmediatez, pero con menos contenido y escasa o nula reflexión. Así que, de momento, yo… sigo.