domingo, 25 de febrero de 2018

RUTA GETXO – SOPELANA - GETXO (24/02/2018)



Una “ventana de buen tiempo” (como dicen en los informativos meteorológicos) dentro de este lluvioso invierno nos permitió disfrutar de un agradable recorrido costero entre los municipios de Getxo y Sopelana. Acantilados, calas y playas presentaban un aspecto mucho más tranquilo al habitual en las épocas veraniegas. También pudimos “registrar” algún refugio-observatorio que aún se conserva de los que se construyeron en la guerra civil. Grandes buques y pequeños veleros se deslizaban sobre las aguas del Abra exterior.

Al finalizar la ruta (16 km. aproximadamente), nuestra compañera organizadora nos abrió las puertas de “Ca Teresa” donde pudimos disfrutar de una ricas viandas que aportamos entre todos.

Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes.



¡Un dos, un dos!





¡Por los pelos!




Cada una hace la foto como quiere...

...Y cada uno se cuelga como le da la gana ¡Qué mono!


El once titular + el entrenador (el que suele llevar la pelota)



Esto se pone interesante...




miércoles, 10 de enero de 2018

¿PARTICIPACIÓN CIUDADANA?


“Por favor, vota por mi fotografía y distribuye este mensaje, gracias”. ¿Quién no ha sido partícipe en alguna ocasión de la solicitud de un hijo, de una amiga, del hijo de una amiga, de la prima del vecino del cuñado de una amiga? Total, por echar una mano… Y sin ni siquiera dar un vistazo al resto de trabajos participantes le hacemos un “clic”.

La participación ciudadana se ha establecido en la teoría democrática moderna como un derecho para que, a través de diferentes mecanismos, la población pueda acceder a ser escuchada su opinión e incluso a tomar decisiones de manera independiente sin pertenecer a la administración pública o a un partido político. Hoy en día muchos organismos incluyen fórmulas de participación ciudadana a través de consejos, consultas, foros, encuestas…

Hasta aquí nada que objetar. El problema surge cuando se realiza una traslación directa de esa participación ciudadana a la toma de decisiones en ámbitos profesionales y artísticos. Y me estoy refiriendo precisamente a las, ya casi omnipresentes, votaciones populares, establecidas para concursos de carteles, de fotografía, de música, de arquitectura… de todo.

Y surge la primera aberración, el concurso de “lo que sea” se convierte en un concurso de marketing y publicidad, en una carrera, en la que al final se lleva el gato al agua la persona que mayor capacidad de movilización y de seducción tiene, que mejor se mueve en las redes sociales, que más tiempo dedica a enviar mensajes… El resultado de estos formatos es que los premios pocas veces recaen en los mejores trabajos y, como consecuencia directa, la calidad general de los concursos va decayendo.

Y a esta decadencia también contribuye la decisión de algunos profesionales o gente con valía en cada disciplina que, poco a poco, se van desentendiendo de estos procesos al comprobar que no son baremos de calidad relacionados con la disciplina en la que se concursa lo que se acaba premiando, sino otras “capacidades” de gestión.

Algunos convocantes de concursos han debido captar este desatino y han intentado introducir ciertos “factores de corrección” en estos procesos de votación popular para intentar paliar esta absurda interpretación de lo que debe ser la participación ciudadana. Y para ello han establecido en las bases de sus concursos cláusulas surrealistas para equilibrar votación popular y decisión de un jurado profesional, por ejemplo. Mal menor que no acaba de resolver el problema y que suele ir acompañado de palmarias contradicciones. Un ejemplo: un concurso de carteles con una dotación económica importante (3.000 euros) exige el anonimato en la presentación de las obras, algo lógico y recomendable. Pero el sistema de votación popular establecido provoca que ese anonimato salte por los aires en un pispás. ¿?

Sabemos que detrás de estos sistemas de votación popular se encuentran, en muchos casos, los mecanismos de captación de datos con los que luego se negocia en los mercados digitales. Así que, curiosamente, un mecanismo de corte “democrático” y ciudadano acaba alimentando finalmente a las cúpulas financieras, a las grandes empresas de eso que se ha dado en llamar el Big Data.

Lo cierto es que, en estos últimos años, la calidad de los trabajos premiados en este tipo de concursos ha caído en picado, los trabajos con ideas y propuestas interesantes (y por consiguiente sus autores) han ido desapareciendo y los profesionales que formaban parte de los jurados también han dado un paso atrás. Sin olvidarnos de la frustración sufrida por muchos participantes que han visto relegados sus trabajos por otros de menor valía. Y no hablo de pataletas sino de injusticias evidentes.

La participación ciudadana está de moda. Y no lo digo de forma peyorativa. Es sana, necesaria y garantizadora de derechos. Pero estas fórmulas de votación popular poco o nada tienen que ver con dichos mecanismos y a lo único que están llevando es a la banalización de las formas artísticas y al desánimo de los creadores. Así que para este año que empieza hago el siguiente propósito: cuando reciba una petición de voto revisaré el resto de trabajos participantes y votaré (o no)… al que me dé la gana (o no). Es más, cuando yo mismo participe en algún concurso espero que no se entere ni mi sombra (si es que la tengo).

miércoles, 20 de diciembre de 2017

EDIFICIOS CRUJIENTES


Caminaba temprano por la ciudad, con los primeros rayos de sol colándose entre las ramas de los árboles, cuando escuché un extraño crujido. Miré a mi alrededor pero no conseguí identificar su origen. El ruido, seco y súbito, se iba multiplicando y convirtiéndose en chasquidos, como si algo se desgarrase o se quebrase. Pero seguía sin saber de dónde provenía. Empecé a inquietarme. De pronto sonó mucho más cercano, alcé la vista y percibí, estupefacto, el origen de aquel quejido matutino: la fachada del edificio que tenía a mi lado.

Hasta ese momento tenía conocimiento de la existencia de edificios inteligentes (espabilados diría yo), de arquitecturas parlantes (o parlanchinas), de construcciones transparentes o bioclimáticas (que nunca lo son)… pero era la primera noticia que tenía sobre la existencia de esta nueva tipología, los “edificios crujientes”.

La explicación técnica es muy sencilla, y obedece a esa propiedad física denominada “dilatación”: esos primeros rayos de sol incidían sobre una fachada totalmente revestida de piezas metálicas que, debido a su alto coeficiente de dilatación, respondían a ese aumento de temperatura con un inesperado sonido. ¿O ruido?

Me pregunto si el arquitecto responsable de esta edificación previó esta circunstancia en su proyecto y la incorporó de forma premeditada para dotar de vida propia a esa fachada, con una capacidad extraordinaria de respuesta ante los agentes ambientales externos, en este caso los cambios de temperatura. Me pregunto también si las personas que habitan esas viviendas comulgan con el planteamiento del proyectista y disfrutan de ese sonido madrugador cual si del canto de unos pájaros se tratase. Y me pregunto, por último, si este edificio, crujiente por fuera, será tierno y esponjoso por dentro. Todo es posible.

Dilatación térmica: aumento de longitud, volumen o alguna otra dimensión métrica que sufre un cuerpo físico debido al aumento de temperatura que se provoca en él por cualquier medio. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

MAMIHLAPINATAPAI

Algunos viajes son rebeldes, van trazando su propio itinerario, más allá del que se haya planificado. Y esa rebeldía los hace únicos. En aquel viaje buscábamos el mítico Cabo de Hornos, y lo encontramos. Pero también encontramos a Robin. Y a Cristina.

Y así las velas de nuestro barco fueron empujadas por los vientos de tres historias diferentes, pero con un elemento en común, el mar. Y cada una de ellas podría tener su propio título: “Navegando por Cabo de Hornos”; “Regata de titanes”; “El final de un pueblo”. Pero nos quedamos con esta palabra, casi impronunciable: MAMIHLAPINATAPAI.

Vídeo:


lunes, 20 de noviembre de 2017

ASCENSIÓN AL MONTE BUCIERO (18/11/2017)


Tras el aplazamiento por la lluvia pudimos disfrutar de un día soleado con una temperatura ideal para ascender a una de las “culminaciones” del monte Buciero. Vistas iniciales hacia el mar antes de internarnos en el bosque de avellanos y robles llegando poco después a la cumbre desde donde contemplamos una amplia panorámica de las marismas de Santoña, Laredo, Noja…

Tampoco faltó el “espectáculo de la cabra”, pero esta vez en versión original. Vacas, garcetas, setas, madroños, polvorines y “casas blancas” nos fueron entreteniendo por el camino de vuelta, que realizamos atravesando el macizo de Este a Oeste, terminando en el punto de salida, el fuerte de San Martín.

Tras un refrigerio en el centro de la villa marinera, “alguna cosita” para recuperar fuerzas, con la traca final de la queimada, con conxuro y todo. En primavera más y mejor… si es que se puede mejorar. Seguro que sí.


(Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes.)

Arrancando motores. (Fotografía de Teresa H.)


Mirando al mar...
¡Pelea, pelea!


En la cumbre. (Fotografía de Marta R.)
Santoña

Buscamos nombre para el grupo. Se admiten propuestas
Manos expertas
El otoño en todo su esplendor
¡No me mires, no me mires...!
Vacas y garcetas en buena armonía
Buciero al fondo

No vimos al pato...
El fruto del madroño: sabroso, nutritivo...
y con algo de alcohol (Fotografía de Marta R.)


Entrantes...
...plato de cuchara...
...y postre. Queimada y huesillos, combinación perfecta.

jueves, 26 de octubre de 2017

SALIDA AL MONTE (14): MONTE BUCIERO

Vista desde la cumbre
APLAZADA AL SÁBADO DÍA 18 DE NOVIEMBRE.

En nuestra salida de otoño nos acercaremos a la villa marinera de Santoña (Cantabria) y en concreto, a la península que se extiende en su lado nordeste y que recibe el nombre de monte Buciero. En Buciero, por su posición estratégica, podemos encontrar restos de fortificaciones y otras instalaciones relacionadas con la defensa militar. Y también una variada fauna y flora que hace de él un ecosistema protegido.

Situación (Santoña)

Existen diversos recorridos posibles a través de este pequeño macizo montañoso. El más popular es el que se desarrolla de forma circular a través de los acantilados, incluyendo la bajada al faro del Caballo. Pero en esta ocasión vamos a adentrarnos en el corazón de la península.

Iniciaremos la ascensión desde el fuerte de San Martín, situado al final del Paseo Marítimo. Ascenderemos por el Este junto al acantilado para adentrarnos en el macizo a través de un denso bosque de avellanos. Ahí podremos observar restos de antiguas explotaciones mineras a cielo abierto. El macizo tiene dos cumbres, Ganzo y Buciero. En esta ocasión llegaremos a la cima del Buciero (356 m.) desde donde tendremos unas buenas vistas sobre Santoña, Laredo y las marismas. Tras el descenso continuaremos junto al acantilado en dirección Norte para adentrarnos poco después a través de una senda que atraviesa el macizo de Este a Oeste, llegando hasta los restos del fuerte napoleónico para descender finalmente al centro urbano de Santoña.

Recorrido

La salida está programada para el sábado 4 de Noviembre. La mayor dificultad se encuentra en la ascensión inicial, pero en poco más de una hora estaremos ya en la cumbre. El resto del recorrido es relativamente cómodo. Es recomendable llevar buen calzado ya que algunos tramos son sombríos y el terreno puede estar húmedo.

A la vuelta, para no perder las buenas costumbres, habrá viandas para reponer fuerzas. Y, dado el éxito de la edición anterior, tendremos también concurso-cata-degustación de “algo” (se admiten propuestas).

Datos técnicos

-       Fecha de salida: Sábado 4 de Noviembre, a las 9.00 h.
-       Lugar de salida: Urbanización El Oasis, Islares (junto a la gasolinera), Castro Urdiales. Desplazamiento en vehículo a Santoña (28 km.).
-       Desnivel: 356 metros.
-       Recorrido: 9 kilómetros.

-       Duración: 3 horas aprox.

jueves, 19 de octubre de 2017

BILBAO Y SUS PUENTES


No es posible explicar ni conocer la historia de Bilbao sin su Ría. En ella se encuentran muchas de las claves del desarrollo de nuestra villa: sus orígenes como puerto interior, su actividad comercial e industrial, su configuración urbana, sus barrios, las relaciones con su entorno… Como llegó a decir Miguel de Unamuno, “la Ría sola explica la historia de Bilbao”.

Desde el siglo XIV las embarcaciones han remontado sus aguas a lo largo de casi tres leguas marinas o, lo que es lo mismo, más de siete millas náuticas, en unas duras condiciones de navegabilidad: la barra de arena de Portugalete, el escaso calado en algunos puntos, los fondos rocosos, las curvas cerradas… Aun así comerciantes y mercaderes preferían Bilbao como puerto interior frente a otros puertos costeros por dos razones fundamentales: su condición de enclave y cruce de caminos comerciales y su seguridad frente a temporales y ataques de barcos piratas.

No sería hasta finales del siglo XIX cuando la figura del ingeniero Evaristo Churruca surgió para establecer unas mejores condiciones de navegabilidad a lo largo de la Ría gracias a su proyecto de canalización, al que dedicó la mayor parte de su vida profesional.

Por tanto, desde su fundación en 1300 y durante más de siete siglos la ciudad ha escrito su historia urbana ampliando su territorio a ambas márgenes de la Ría. Y la unión de dichas márgenes a través de sus puentes se ha convertido en un relato apasionante dentro de la historia de la ciudad.


Todo es posible sobre un puente. Como decía Chale Nafus “el paso por el puente suele significar algún tipo de cambio, de transición”. Son construcciones artificiales que salvan un obstáculo, son el más prosaico ejemplo del triunfo del ingenio humano sobre la naturaleza. Y se muestran ante nosotros para decirnos que cualquier problema, por complicado que nos parezca, se puede resolver.

Vídeo: