martes, 5 de junio de 2018

SALIDA AL MONTE (15): SIERRA DE LA VIDA



En nuestra salida de final de primavera (igual habría que decir “de invierno” en este caso) nos acercaremos a la villa marinera de Laredo (Cantabria) para iniciar desde su parte antigua la travesía que nos llevará hasta la playa de San Julián en el municipio de Liendo, a través de la Sierra de la Vida. En el recorrido cruzaremos los barrios de las Cárcobas y Tarrueza para llegar finalmente a la ensenada formada entre los macizos calizos de El Ahorcado y Candina, con una cala de fina arena y un curioso fenómeno geológico, el diapiro.

Situación
En el recorrido probablemente podremos escuchar los gritos de las chovas piquirrojas, y atravesaremos zonas de vegetación con abundante presencia de tojo, laurel y encinas. También veremos la capilla de la Virgen Bien Aparecida (diferente a la de Ampuero) y unas típicas boleras cántabras.

Recorrido
El trayecto no presenta dificultad, con su punto más elevado en la cumbre de la Sierra de la Vida, a 259 metros de altitud. El recorrido será aproximadamente circular, con un pequeño tramo común en el trayecto de ida y en el de vuelta, finalizando en la Puebla Vieja de Laredo desde donde nos acercaremos a la Atalaya para disfrutar de una amplia panorámica sobre el mar Cantábrico.

Perfil
La salida está programada para el sábado 16 de junio. Las únicas dificultades (pequeñas) se encuentran en la ascensión a la sierra y a la Atalaya, pero en general se trata de un recorrido bastante cómodo, sin largas ascensiones. Es recomendable llevar buen calzado ya que con toda la lluvia caída el terreno puede estar húmedo. Y los valientes podrán darse un chapuzón en la playa de San Julián.


A la vuelta, para no perder las buenas costumbres, habrá viandas para reponer fuerzas. Se admiten propuestas y aportaciones.

Datos técnicos

-       Fecha de salida: Sábado 16 de junio, a las 9.00 h.
-       Lugar de salida: Urbanización El Oasis, Islares (junto a la gasolinera), Castro Urdiales. Desplazamiento en vehículo a Laredo (18 km.).
-       Desnivel: 259 metros.
-       Recorrido: 10 kilómetros.
-       Duración: 3 h. 15 m. aprox.

sábado, 12 de mayo de 2018

IZ



Cuando voy escuchando la radio, generalmente en el coche, me gusta jugar a imaginarme el aspecto físico de las personas que intervienen en los programas, intentando asociar su voz con un determinado rostro, color de ojos, corte de pelo… Y debo ser el peor jugador del mundo en este ejercicio mental intrascendente. Mi último logro: el conductor de un programa de música nocturno al que había dibujado mentalmente con una larga melena negra (quizás con coleta), rostro huesudo y chupa de cuero llena de remaches resultó ser un dandi impecable con chaqueta blanca entallada, pelo canoso engominado y gafas de pasta fina. ¡Todo un éxito!

Hace unos años empezó a escucharse con insistencia en las ondas una canción que era en realidad una versión del tema principal de la película “Mago de Oz”. El tema, “Over the rainbow”, sonaba con un original ritmo de ukelele que le proporcionaba una vitalidad y una frescura diferente a todas las versiones que había escuchado hasta entonces. El motivo fue su inclusión en la banda sonora de una película que se estrenó en 1998, “¿Conoces a Joe Black?”. Diez años después la he escuchado de nuevo en la radio y he vuelto a jugar: su intérprete debe ser un chico alto, rubio, de pelo rizado y ojos claros. Quizás relacionado con la cultura del “surf” (supongo que por la sonoridad del ukelele). Pues bien, en esto último no iba desencaminado, pero en el resto…

La canción se había grabado en 1993 y estaba incluida en un disco titulado “Facing Future”. Su autor, un músico hawaiano de nombre sencillo, Israel, y de apellido impronunciable, al menos para mí, Kamakawiwo'ole, apodado IZ. Había nacido en 1959 y era un intérprete de música hawaiana fusionada con toques de jazz y reggae, con un estilo peculiar y único. En el archipiélago llegó a ser un personaje muy popular, considerado como uno de los músicos hawaianos más importantes de la historia, y fue también un activista destacado en la causa independentista.

En cuanto a su aspecto físico: moreno, de pelo liso, ojos negros como el azabache y más de trescientos kilos de peso. Una vez más, nada que ver con mi conjetura. Los problemas derivados de su obesidad hicieron que su vida no llegase más allá de los 38 años. A la ceremonia en la que sus cenizas fueron esparcidas en el océano Pacífico acudieron más de 10.000 personas que le rindieron homenaje con cánticos y chapoteos desde sus canoas frente a la playa de Makua.

Israel IZ  Kamakawiwo'ole, la voz “más allá del arco iris”.

“Over the rainbow”:


“What a wonderful world”:


domingo, 25 de febrero de 2018

RUTA GETXO – SOPELANA - GETXO (24/02/2018)



Una “ventana de buen tiempo” (como dicen en los informativos meteorológicos) dentro de este lluvioso invierno nos permitió disfrutar de un agradable recorrido costero entre los municipios de Getxo y Sopelana. Acantilados, calas y playas presentaban un aspecto mucho más tranquilo al habitual en las épocas veraniegas. También pudimos “registrar” algún refugio-observatorio que aún se conserva de los que se construyeron en la guerra civil. Grandes buques y pequeños veleros se deslizaban sobre las aguas del Abra exterior.

Al finalizar la ruta (16 km. aproximadamente), nuestra compañera organizadora nos abrió las puertas de “Ca Teresa” donde pudimos disfrutar de una ricas viandas que aportamos entre todos.

Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes.



¡Un dos, un dos!





¡Por los pelos!




Cada una hace la foto como quiere...

...Y cada uno se cuelga como le da la gana ¡Qué mono!


El once titular + el entrenador (el que suele llevar la pelota)



Esto se pone interesante...




miércoles, 10 de enero de 2018

¿PARTICIPACIÓN CIUDADANA?


“Por favor, vota por mi fotografía y distribuye este mensaje, gracias”. ¿Quién no ha sido partícipe en alguna ocasión de la solicitud de un hijo, de una amiga, del hijo de una amiga, de la prima del vecino del cuñado de una amiga? Total, por echar una mano… Y sin ni siquiera dar un vistazo al resto de trabajos participantes le hacemos un “clic”.

La participación ciudadana se ha establecido en la teoría democrática moderna como un derecho para que, a través de diferentes mecanismos, la población pueda acceder a ser escuchada su opinión e incluso a tomar decisiones de manera independiente sin pertenecer a la administración pública o a un partido político. Hoy en día muchos organismos incluyen fórmulas de participación ciudadana a través de consejos, consultas, foros, encuestas…

Hasta aquí nada que objetar. El problema surge cuando se realiza una traslación directa de esa participación ciudadana a la toma de decisiones en ámbitos profesionales y artísticos. Y me estoy refiriendo precisamente a las, ya casi omnipresentes, votaciones populares, establecidas para concursos de carteles, de fotografía, de música, de arquitectura… de todo.

Y surge la primera aberración, el concurso de “lo que sea” se convierte en un concurso de marketing y publicidad, en una carrera, en la que al final se lleva el gato al agua la persona que mayor capacidad de movilización y de seducción tiene, que mejor se mueve en las redes sociales, que más tiempo dedica a enviar mensajes… El resultado de estos formatos es que los premios pocas veces recaen en los mejores trabajos y, como consecuencia directa, la calidad general de los concursos va decayendo.

Y a esta decadencia también contribuye la decisión de algunos profesionales o gente con valía en cada disciplina que, poco a poco, se van desentendiendo de estos procesos al comprobar que no son baremos de calidad relacionados con la disciplina en la que se concursa lo que se acaba premiando, sino otras “capacidades” de gestión.

Algunos convocantes de concursos han debido captar este desatino y han intentado introducir ciertos “factores de corrección” en estos procesos de votación popular para intentar paliar esta absurda interpretación de lo que debe ser la participación ciudadana. Y para ello han establecido en las bases de sus concursos cláusulas surrealistas para equilibrar votación popular y decisión de un jurado profesional, por ejemplo. Mal menor que no acaba de resolver el problema y que suele ir acompañado de palmarias contradicciones. Un ejemplo: un concurso de carteles con una dotación económica importante (3.000 euros) exige el anonimato en la presentación de las obras, algo lógico y recomendable. Pero el sistema de votación popular establecido provoca que ese anonimato salte por los aires en un pispás. ¿?

Sabemos que detrás de estos sistemas de votación popular se encuentran, en muchos casos, los mecanismos de captación de datos con los que luego se negocia en los mercados digitales. Así que, curiosamente, un mecanismo de corte “democrático” y ciudadano acaba alimentando finalmente a las cúpulas financieras, a las grandes empresas de eso que se ha dado en llamar el Big Data.

Lo cierto es que, en estos últimos años, la calidad de los trabajos premiados en este tipo de concursos ha caído en picado, los trabajos con ideas y propuestas interesantes (y por consiguiente sus autores) han ido desapareciendo y los profesionales que formaban parte de los jurados también han dado un paso atrás. Sin olvidarnos de la frustración sufrida por muchos participantes que han visto relegados sus trabajos por otros de menor valía. Y no hablo de pataletas sino de injusticias evidentes.

La participación ciudadana está de moda. Y no lo digo de forma peyorativa. Es sana, necesaria y garantizadora de derechos. Pero estas fórmulas de votación popular poco o nada tienen que ver con dichos mecanismos y a lo único que están llevando es a la banalización de las formas artísticas y al desánimo de los creadores. Así que para este año que empieza hago el siguiente propósito: cuando reciba una petición de voto revisaré el resto de trabajos participantes y votaré (o no)… al que me dé la gana (o no). Es más, cuando yo mismo participe en algún concurso espero que no se entere ni mi sombra (si es que la tengo).

miércoles, 20 de diciembre de 2017

EDIFICIOS CRUJIENTES


Caminaba temprano por la ciudad, con los primeros rayos de sol colándose entre las ramas de los árboles, cuando escuché un extraño crujido. Miré a mi alrededor pero no conseguí identificar su origen. El ruido, seco y súbito, se iba multiplicando y convirtiéndose en chasquidos, como si algo se desgarrase o se quebrase. Pero seguía sin saber de dónde provenía. Empecé a inquietarme. De pronto sonó mucho más cercano, alcé la vista y percibí, estupefacto, el origen de aquel quejido matutino: la fachada del edificio que tenía a mi lado.

Hasta ese momento tenía conocimiento de la existencia de edificios inteligentes (espabilados diría yo), de arquitecturas parlantes (o parlanchinas), de construcciones transparentes o bioclimáticas (que nunca lo son)… pero era la primera noticia que tenía sobre la existencia de esta nueva tipología, los “edificios crujientes”.

La explicación técnica es muy sencilla, y obedece a esa propiedad física denominada “dilatación”: esos primeros rayos de sol incidían sobre una fachada totalmente revestida de piezas metálicas que, debido a su alto coeficiente de dilatación, respondían a ese aumento de temperatura con un inesperado sonido. ¿O ruido?

Me pregunto si el arquitecto responsable de esta edificación previó esta circunstancia en su proyecto y la incorporó de forma premeditada para dotar de vida propia a esa fachada, con una capacidad extraordinaria de respuesta ante los agentes ambientales externos, en este caso los cambios de temperatura. Me pregunto también si las personas que habitan esas viviendas comulgan con el planteamiento del proyectista y disfrutan de ese sonido madrugador cual si del canto de unos pájaros se tratase. Y me pregunto, por último, si este edificio, crujiente por fuera, será tierno y esponjoso por dentro. Todo es posible.

Dilatación térmica: aumento de longitud, volumen o alguna otra dimensión métrica que sufre un cuerpo físico debido al aumento de temperatura que se provoca en él por cualquier medio. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

MAMIHLAPINATAPAI

Algunos viajes son rebeldes, van trazando su propio itinerario, más allá del que se haya planificado. Y esa rebeldía los hace únicos. En aquel viaje buscábamos el mítico Cabo de Hornos, y lo encontramos. Pero también encontramos a Robin. Y a Cristina.

Y así las velas de nuestro barco fueron empujadas por los vientos de tres historias diferentes, pero con un elemento en común, el mar. Y cada una de ellas podría tener su propio título: “Navegando por Cabo de Hornos”; “Regata de titanes”; “El final de un pueblo”. Pero nos quedamos con esta palabra, casi impronunciable: MAMIHLAPINATAPAI.

Vídeo:


lunes, 20 de noviembre de 2017

ASCENSIÓN AL MONTE BUCIERO (18/11/2017)


Tras el aplazamiento por la lluvia pudimos disfrutar de un día soleado con una temperatura ideal para ascender a una de las “culminaciones” del monte Buciero. Vistas iniciales hacia el mar antes de internarnos en el bosque de avellanos y robles llegando poco después a la cumbre desde donde contemplamos una amplia panorámica de las marismas de Santoña, Laredo, Noja…

Tampoco faltó el “espectáculo de la cabra”, pero esta vez en versión original. Vacas, garcetas, setas, madroños, polvorines y “casas blancas” nos fueron entreteniendo por el camino de vuelta, que realizamos atravesando el macizo de Este a Oeste, terminando en el punto de salida, el fuerte de San Martín.

Tras un refrigerio en el centro de la villa marinera, “alguna cosita” para recuperar fuerzas, con la traca final de la queimada, con conxuro y todo. En primavera más y mejor… si es que se puede mejorar. Seguro que sí.


(Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes.)

Arrancando motores. (Fotografía de Teresa H.)


Mirando al mar...
¡Pelea, pelea!


En la cumbre. (Fotografía de Marta R.)
Santoña

Buscamos nombre para el grupo. Se admiten propuestas
Manos expertas
El otoño en todo su esplendor
¡No me mires, no me mires...!
Vacas y garcetas en buena armonía
Buciero al fondo

No vimos al pato...
El fruto del madroño: sabroso, nutritivo...
y con algo de alcohol (Fotografía de Marta R.)


Entrantes...
...plato de cuchara...
...y postre. Queimada y huesillos, combinación perfecta.