lunes, 25 de septiembre de 2017
RUTA DEL CARES. Septiembre 2017
miércoles, 6 de septiembre de 2017
SILVIA Y JUANA (1)
Silvia nació
en Palafrugell, Juana en Buenos Aires. Silvia nació en 1983, Juana en 1962.
Silvia tiene una hija, Juana también. Silvia ha grabado siete discos, Juana
ocho.
Silvia y
Juana me han acompañado a lo largo de este verano raro, raro, raro, con sus
canciones. Ha sido un descubrimiento simultáneo y reciente, aunque no son unas
novatas en el mundo de la música. Y además he encontrado un nexo de unión entre
ellas: su inquietud, su inconformismo, su búsqueda continua. Aparte de su
extraordinaria calidad musical lejos de cualquier etiqueta posible.
Me alivia
encontrar de cuando en cuando, en cualquier campo o actividad artística,
propuestas que aporten un soplo de aire fresco, personas con capacidad de
riesgo y de cambio, dejando atrás, incluso, un estatus cómodo y desahogado. Y
sobre todo con capacidad de emocionar. En este caso, a través de sus universos
sonoros particulares.
Hoy empezaré
con Juana, Juana Molina. Que decidió abandonar su exitosa trayectoria como
actriz de telecomedias para dedicarse a lo que siempre le había apasionado, la
música. Mi “flechazo” con ella, ese idilio que dura ya varios meses, se produjo
al escuchar en la radio mientras viajaba por carreteras pobladas de vacas (esa
es otra historia) una canción de su último disco, “Cosoco”. Me dejó
hechizado.
No era capaz
de discernir en qué radicaba esa fascinación así que, sencillamente, me dejé llevar y embaucar por su ritmo y su sonoridad. Días después, alguien que sabe
de música mucho más que yo (que no sé nada) me dijo que la canción estaba en un
compás atípico, 7/8 (siete por ocho). ¡Mira tú! Y otra persona calificó la
canción como “rara”. Pues está bien, una canción rara para un verano raro. Todo
encaja, hasta un grupo de vacas en medio de la carretera.
Y claro, a
partir de entonces me tocó revisar la discografía y la trayectoria de Juana. Y
me enganché definitivamente a su universo sonoro, a su valentía, a su talento,
a su personalidad. Todo ello se recoge de forma sencilla y a la vez profunda en
el siguiente documental. Todo está en su cabeza… y en su pie.
(Continuará...)
(Continuará...)
martes, 1 de agosto de 2017
TRES MEJOR QUE DOS: LA BELLEZA DE LO IMPAR
Tenía
la fotografía de la bodega en la pantalla del ordenador: buena iluminación,
buen encuadre, la textura y el color de la pared en el punto adecuado, las dos
barricas recortadas en un primer plano… pero algo fallaba, algo que no
conseguía identificar. Había comprado una botella de vino tinto en esa misma bodega.
La descorché, me serví una copa y tomé un sorbo. Sus taninos me dieron de
inmediato la respuesta: faltaba una tercera barrica en la composición.
Me
inicié en la literatura infantil con “Los Siete Secretos”. Después llegaron Julián, Dick, Ana, Jorge y Tim, “Los
Cinco”. Y por último llegaron las aventuras de “Los Tres Investigadores”. No sé
si estas primeras lecturas tuvieron que ver en algo que he descubierto
recientemente, mi predilección por lo impar. Repasando fotografías,
composiciones artísticas e incluso películas he comprobado que siempre ha
estado latente ese “cariño especial” por el tres, el cinco o el siete frente a
sus compañeros pares.
Indagando
un poco sobre el tema resulta que no he descubierto la pólvora, ni mucho menos.
Algunos manuales de fotografía ya hablan sobre “la regla de los impares”, una pauta
compositiva según la cual las imágenes con elementos impares son más
atractivas, más dinámicas. En sicología también se ha detectado el efecto de
belleza especial que produce en nuestras mentes un número impar de elementos. En
matemáticas se considera a los impares como números más “volátiles”, más
imprevisibles y, por tanto, con un mayor grado de fascinación. También en
música se utilizan cinco líneas como base del pentagrama sobre el que se van
desarrollando las notas de una composición.
Pero
aún hay más. En el cine generalmente las historias y las acciones ganan en
intensidad cuando se pasa de dos a tres personajes. Lo podemos comprobar en esta
secuencia de “Perdición” (“Double Indemnity”. Billy Wilder, 1944) donde la aparición del personaje interpretado
por Bárbara Stanwyck hace surgir una
composición triangular llena de tensión y dramatismo (la música también ayuda):
Si
acudimos a la cultura japonesa el tema ya alcanza cotas insospechadas, a lo
largo de sus amplias tradiciones: hay celebraciones especiales para el tercer,
quinto y séptimo cumpleaños de un niño; la poesía clásica está compuesta de
tres o cinco unidades de cinco o siete sílabas; se usa un número impar de
flores en un arreglo floral, un número impar de rocas en un jardín tradicional…
En definitiva, se considera que los números impares son de mejor augurio que
los pares.
Así
que, en efecto, sea por búsqueda de un equilibrio inestable, sea por rechazo de
lo armonioso, sea por algún lejano ancestro japonés… a esta fotografía le falta
una barrica. Tres mejor que dos. Y ahora alguien podrá preguntarme: entonces en
las relaciones afectivas ¿trío mejor que pareja? Mejor escalera de color.
lunes, 17 de julio de 2017
RUTA POR EL CAÑÓN DEL EBRO (15/07/2017)
El pasado sábado, organizada por nuestro
compañero Niko, realizamos una ruta
circular a lo largo del cañón del Ebro, a su paso por Burgos. El recorrido:
Pesquera de Ebro–Cortiguera–Valdelateja-estación hidroeléctrica-Pesquera de
Ebro, en el entorno del espacio natural denominado “Hoces del Alto Ebro y
Rudrón”. Día soleado con suave brisa y una temperatura agradable. 19 km. sin
más dificultades que la subida inicial hacia Cortiguera y la bajada pedregosa
hacia Valdelateja.
Cortiguera, un pueblo abandonado hace décadas
y que en los últimos años se ha vuelto a repoblar, fue el escenario en el que el
escritor Miguel Delibes ubicó su
obra "El disputado voto del señor Cayo", escrita en 1978, que fue
llevada al cine por Antonio Giménez-Rico
en 1986.
En el tramo de ida un nuevo mirador ofrece
una visión panorámica sobre el meandro que hace el río en ese punto. La
sorpresa desagradable fue encontrar el cuerpo descabezado de un corzo a manos
de cazadores furtivos. Su cornamenta “lucirá” disecada en alguna pared. Una
lástima.
Un baño en el río para refrescar el cuerpo y
una sardinada con “aperitivo” completaron la jornada.
(Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes).
| Cortiguera: la casa del "señor Cayo" |
| El nuevo mirador |
| Sin palabras |
| ¡Cómo me lo paso! |
| El "aperitivo" |
miércoles, 5 de julio de 2017
PISCINAS VACÍAS
| Piscina en La Escala, Girona. |
“El nadador” (“The swimmer”. Frank Perry, 1968) arranca con una propuesta argumental sugerente: Ned Merrill (Burt Lancaster), que vive en una zona residencial de clase alta en las afueras de Connecticut, decide recorrer el valle de piscina en piscina, ante el asombro de sus amigos y vecinos. Pero a medida que la narración avanza este original planteamiento se va diluyendo como un azucarillo en una taza de café caliente. Y es que cualquier aspecto cinematográfico de la película que analicemos mínimamente hace más aguas que las contenidas en todas las piscinas del valle.
Las
transiciones entre secuencias son torpes, hay numerosos fallos de continuidad
entre los planos medios y cortos, la música es bastante odiosa, los pretendidos
toques naif con evocadoras imágenes superpuestas resultan pretenciosos y los
primeros planos estáticos del rostro del protagonista son cansinos e
inexpresivos.
¿Cómo es
posible, por tanto, que con estos mimbres tan frágiles la película quede
sólidamente construida y transmita una cierta fascinación? Fascinación que, en
mi caso, ha conseguido que al menos una vez al año salga de la estantería en
dirección al reproductor de DVD.
Y ahora,
claro, viene la pregunta del millón: ¿dónde radica ese grado de fascinación? Pues
confieso que ha estado bien escondido para mí todos estos años, en los que no
he sido capaz de identificarlo. Hasta el último visionado, hace unos días. La
clave, las auténticas protagonistas del filme, las piscinas. Y en concreto una
de ellas, la que aparece a mitad del metraje en la que sin duda es la mejor
secuencia de la película: el encuentro de Ned
con el joven muchacho de la flauta. Una piscina sin agua, una piscina… vacía.
![]() |
| "El nadador" |
Una piscina
llena de agua, en uso, en su “estado natural” nos sugiere alegría, voces, juego…
Si además esa piscina (privada) es de gran tamaño nos está hablando también de
bienestar, de éxito, ya que generalmente acompaña a una mansión de lujo, a una
situación económica acomodada.
Por
contraposición, una piscina vacía, sin agua, resulta, sin duda, una de las
mejores metáforas de la decadencia, del fracaso. Frente a la lámina inmaculada
de agua transparente, el gran espacio vacío que la ha contenido, la suciedad en
el fondo, el óxido, el silencio. Lo que ha sido un entorno acogedor y luminoso
se ha vuelto lúgubre y siniestro, una construcción inútil e inquietante que nos
insinúa de alguna forma su pasado. Y si a ese profundo vaso, convertido en pozo
inmundo, le añadimos en su borde la silueta de un trampolín, a la metáfora de
la decadencia y el fracaso se añade la del peligro, la del salto mortal. El
símbolo perfecto para un melodrama.
Ahora ya
conozco el motivo de mi reincidencia periódica hacia esta curiosa parábola
mágnetica y turbadora, en la que a través de las swimming pools se van desnudando las miserias de unas vidas opulentas.
Y reconozco que ando “buscando desesperadamente” piscinas vacías que poder
fotografiar. Supongo que para ver si soy capaz de encontrar en alguna de ellas
las almas errantes del fracaso y la decadencia. Aquí está la primera. Si tenéis
alguna piscina vacía por ahí…
Etiquetas:
Cine,
Fotografía,
Sociedad
viernes, 23 de junio de 2017
domingo, 18 de junio de 2017
ASCENSIÓN AL MONTE BALGERRI (17/06/2017)
El día amaneció soleado y temimos una jornada
calurosa pero, afortunadamente, la temperatura se mantuvo suave y en el último
tramo de ascensión disfrutamos incluso de una ligera brisa.
Iniciamos la subida en el barrio karrantzano
de Lanzas Agudas, acometiendo la ascensión al Balgerri, (una de las cimas de
los montes de Ordunte) por su vertiente oeste. Desde la cumbre (1.106 m.), en
la línea divisoria entre Bizkaia y Burgos, disfrutamos de una amplia y
extraordinaria panorámica: valles de Mena y de Karrantza, montes de la Peña,
Castro Grande, Sierra Salvada, Pico de las Nieves, embalse de Ordunte…
De regreso, concurso-cata-degustación de
cervezas con una clara ganadora. Y “alguna cosita más” para recuperar fuerzas.
En otoño más y mejor.
(Pinchando sobre cualquiera de las
fotografías se abre la galería de imágenes.)
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