viernes, 1 de abril de 2016

¿EL MEJOR EDIFICIO DE BILBAO? (2)

…CONTINÚA.

Manuel Ignacio Galíndez, arquitecto bilbaíno (1892-1980), finaliza sus estudios universitarios en Madrid en 1918. Tras su regreso a Bilbao comienza su trayectoria profesional siendo testigo de la convulsión industrial que impregna a toda la sociedad local. De ahí debió surgir su inquietud por el progreso y la técnica. Pero también, y esto será muy destacable en casi todas sus obras, su sensibilidad hacia los problemas urbanos, en una ciudad que estaba iniciando una nueva etapa, la del Bilbao moderno.

No vamos a desglosar aquí su trayectoria profesional, disponible en diversos estudios y publicaciones monográficas. Pero sí interesa destacar que Galíndez fue un profesional discreto, al margen de debates teóricos, que apenas aparecía en publicaciones y revistas especializadas. Quizás el carácter híbrido de sus obras tenía algo que ver con esa “invisibilidad”. Y su condición de puente entre la aclamada generación de los 30 y la que comenzó a destacar a finales de los 50.

Hombre viajero, poseedor de una extensa biblioteca y amante de la navegación (él mismo diseñaba y construía sus pequeñas embarcaciones) trabajó a caballo entre Bilbao, Madrid y Cataluña hasta su jubilación en los años 60. Para él la arquitectura era un ejercicio de composición. Eso era lo importante, lo permanente. Las cuestiones de estilo, en cambio, eran algo circunstancial. Eso le permitía pasar, sin ningún complejo, del racionalismo al neo-vasco, pasando por el manierismo más refinado y decorativo. Pero siempre con criterio, sin dejarse llevar por las corrientes o las modas.

Y algunos extraordinarios ejercicios compositivos nos dejó en Bilbao: Rascacielos de Bailén, La Equitativa, La Aurora… En 1943 recibe el encargo de la sede para la Naviera Aznar, en una solar al borde de la Ría. Y desarrolla el proyecto en colaboración con su sobrino José María Chapa, recién incorporado al estudio. Las complejas condiciones urbanas del solar son asumidas como un reto que (y esta es la grandeza de Galíndez) desemboca en una lúcida propuesta que va más allá de la simplista interpretación de “edificio barco” que habitualmente se hace de esta obra, con su proa dirigida hacia la Ría.

Es cierto que las referencias marinas están ahí, pero son otros los valores que hacen único este proyecto: la adecuada distribución interior en torno a un patio; la utilización de materiales (piedra arenisca, ladrillo visto) y texturas perfectamente jerarquizadas en la composición de las fachadas, la delicadeza en la incorporación de aleros, cornisas y retranqueos. Y, por encima de todo, la sensibilidad y el entendimiento hacia el entorno, planteando respuestas diferenciadas a cada una de las situaciones: fachada curva hacia la Ría, fachada “palaciega” de acceso hacia la plaza, fachada interior hacia la calle. Y todo ello sin perder el concepto de objeto unitario.

Como el propio arquitecto indica en la memoria de su proyecto: “Se ha adoptado un estilo clásico dentro de su modernidad, en que la serenidad de sus masas y sobriedad de sus elementos clásicos puede ser la mayor garantía de su permanencia”. Y vaya si permanece. Porque, casi setenta y cinco años después de su construcción, el edificio no ha perdido su vigencia y, tras algún cambio de uso, sigue gozando de una extraordinaria salud. Firmitas, utilitas, venustas y sentido urbano. ¿Quién da más? Tal vez, quizás, probablemente, hoy… el mejor edificio de Bilbao. Mañana ya veremos.


viernes, 11 de marzo de 2016

¿EL MEJOR EDIFICIO DE BILBAO? (1)

A los que llevamos ya un tiempo embarcados en tareas de investigación y divulgación de la arquitectura es lógico y comprensible que nos pregunten con frecuencia por nuestra construcción favorita, el mejor edificio de aquí y de allá según nuestro criterio. Al principio intentaba salir airoso del requerimiento con una respuesta políticamente correcta, para no dañar sensibilidades ni gustos varios: “Es difícil elegir un solo edificio… Hay muchos que merecerían ser considerados como…” Respuestas que, evidentemente, no saciaban el apetito de obtener un titular por parte del interlocutor.

Así que cambié de estrategia y opté por ir otorgando la distinción a un edificio diferente cada vez que me preguntaran, con lo que el premio quedaría repartido, yo seguía siendo políticamente correcto y la persona que me lanzaba el reto saldría satisfecha.  A las “segundas de cambio”, en un programa de radio en este caso, la sagaz periodista me recriminó: “Pero sin embargo hace unos días dijiste que tu edificio favorito era…” Me había salido el tiro por la culata.

Volví a cambiar de nuevo de estrategia. O, más bien, decidí no tenerla. Y responder de forma natural y automática con la primera imagen que me viniera a la cabeza. Y funcionó, ya lo creo que funcionó: en el caso de Bilbao la imagen era siempre la misma, ese “dichoso” edificio…

Ya planteó Vitruvio hace más de dos mil años las cualidades que debía poseer un buen edificio: firmitas, utilitas, venustas, es decir, solidez, utilidad (funcionalidad) y belleza. Cualidades que, en mi opinión, siguen totalmente vigentes. Este “dichoso” edificio las tiene, sin duda. Y añadiría una más, sentido urbano. Es decir, conciencia del lugar que ocupa en la ciudad y diálogo con su entorno inmediato, cualidad que está muy presente no solo en esta obra sino también en otras que el mismo arquitecto proyectó en la ciudad.

La primera cualidad expresada por Vitruvio, la solidez constructiva, descarta de momento que esa designación del mejor edificio de Bilbao pueda recaer sobre alguno de reciente construcción ya que, como es lógico, sería necesario esperar unos cuantos años para atestiguar dicha cualidad. Es más, hay algunos edificios de la última hornada que ya se han auto-descartado para esta designación al mostrar síntomas alarmantes de fragilidad constructiva en su, aún, corta trayectoria. Y, en algunos casos, de una preocupante falta de funcionalidad, un reprobable desdén hacia la confortabilidad de los usuarios.

¡Ah! ¿Qué cuál es para mí el mejor edificio de Bilbao? “Es difícil elegir un solo edificio… Hay muchos que merecerían ser considerados como…” 


CONTINUARÁ…Y me mojaré.


jueves, 25 de febrero de 2016

CUESTIÓN DE VIBRATO

Joni Mitchell (Imagen de la revista Rolling Stone)

A veces hay cosas que no te gustan, con las que no puedes bregar, y por más que intentas analizar y descubrir el porqué, resulta una tarea baldía. Eso me ocurrió hace unas décadas con la música y las canciones de Joan Báez. Era toda una figura del folk estadounidense pero, por más que lo intentaba, no podía con ella. Y eso que durante algún tiempo compartió escenarios (y algo más, según algunos cronistas) con uno de mis músicos de cabecera, Bob Dylan. Llegué a pensar si, tal vez, las versiones que hacía de alguno de sus temas podían tener algo que ver con esta inquina, al considerarlo, aunque fuera de manera inconsciente, como un ultraje a las composiciones de Dylan. No llegué a ninguna conclusión definitiva y el tema quedó aparcado durante años.

Hace unos días me metí un “chute” de música folk estadounidense, revisando sobre todo a las intérpretes femeninas: la propia Joan Báez (a ver si insistiendo…), Joni Mitchell, Emmylou Harris… De repente noté un “click” en mi cerebro, se hizo la luz: todo era cuestión de vibrato.

Según la R.A.E.:
Vibrato: Ondulación del sonido producida por una vibración ligera del tono.

El vibrato es una característica vocal que poseen la mayor parte de los cantantes (no solo los de ópera) en mayor o menor medida, esa vibración al final de una frase. Y el vibrato de Joan Báez resulta tremebundo, infinito, excesivo… Al menos para mí. Así que respiré aliviado, por fin había resuelto el enigma de mi animadversión musical hacia la neoyorquina.

“Whe shall overcome” (Joan Báez):


Seguí escuchando canciones. Y al sonar “The circle game” en la voz de Joni Mitchell, canadiense de origen pero afincada desde joven en Estados Unidos, comprobé con estupor que su voz también estaba dotada de un potente vibrato que, sin embargo, no me impedía disfrutar de sus canciones.

“The circle game” (Joni Mitchell):


De un plumazo, mi teoría por los suelos. Así que pido ayuda: por favor, que alguien me explique por qué me irrita el vibrato de Joan Báez y sin embargo me seduce y me acaricia el de Joni Mitchell. ¿Voy a tener que esperar otras dos o tres décadas para descubrirlo?

P.D.: La gran soprano María Callas fue poco a poco perdiendo su vibrato, lo que acompañó al declive de su voz y de su trayectoria profesional.

“Coyote” (Joni Mitchell en directo, en estado puro, en el concierto de despedida de “The Band”):





viernes, 12 de febrero de 2016

JAMONARTE

Nos comentaba hace unos días el responsable de un centro de producción artística cuál era uno de sus mayores retos en esos momentos: conseguir desbloquear en la aduana un paquete que venía desde China, una máquina de tatuajes solicitada por uno de los alumnos que desarrollan sus proyectos artísticos en el centro.

Antes era más sencillo: un lienzo, unas pinturas al óleo o acrílicos, unos pinceles… Pero ahora conseguir satisfacer las necesidades de “material” para los artistas se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza. Pero los retos no acaban aquí.

Hace unos años uno de los alumnos, Kasper Kovitz (Viena, 1968) pidió sangre de buey y dos jamones ibéricos para desarrollar su proyecto. Con la sangre pintó una serie de imágenes que representaban sucesos históricos y en los jamones esculpió los rostros de Miguel de Unamuno y Sabino Arana, dos personajes que desempeñaron un papel importante en la defensa de “lo vasco” aunque desde posiciones opuestas. Kovitz “enfrentó los jamones” y tituló su obra “Carnalitos”, expresión que designa a los amigos de la misma sangre. 


“Carnalitos”, obra de Kasper Kovitz


Bien, los jamones ibéricos no fueron difíciles de conseguir, la sangre de buey un poco más. Pero ahora viene el segundo reto: ¿cómo almacenar y conservar estas obras? Estamos acostumbrados a ver los cuadros de los museos perfectamente ordenados y clasificados en sus archivadores pero ahora ¿habrá que instalar un arcón frigorífico para los jamones?, ¿cómo evitar que se deteriore la sangre de buey?, ¿tendrán que contratar a las religiosas que custodian la sangre incorrupta de San Pantaleón en el Monasterio de la Encarnación?

Archivadores de cuadros

Es solo un ejemplo de lo que, más allá de la pura anécdota, empieza a ser un grave problema en los centros artísticos de vanguardia. Una solución sería asumir por parte de todos, artistas y centros de exhibición, el carácter efímero de estas obras. Otra, sumarse al deseo manifestado recientemente por el conservador de obras del Centro Pompidou de París: “Ojalá hubiese un incendio en los almacenes y desaparecieran todas las obras para poder empezar de cero”.

Os preguntaréis que hizo Kasper Kovitz con el “negativo” de su escultura, es decir, con los descartes del jamón. ¡Buen provecho!

domingo, 24 de enero de 2016

NOTAS DE AMOR SUPREMO

 

Mientras asistía hace unos años a un concierto de Ravi Coltrane con su banda no podía dejar de preguntarme lo que supondría para él llevar ese apellido, siendo también músico y teniendo entre sus manos el mismo instrumento que su padre había elevado al olimpo del jazz unas décadas atrás, el saxo. ¿Sería un honor o una pesada losa? ¿O quizás ambas cosas?

Y también cabría preguntarse hasta dónde habría sido capaz de llegar John Coltrane en el mundo de la música si no hubiera fallecido de forma prematura, en un momento de extraordinaria creatividad. La misma pregunta nos podemos hacer con referencia a otros músicos que apagaron sus instrumentos y sus voces demasiado pronto: ¿A qué universos lejanos habría viajado Jimi Hendrix con su guitarra? ¿Se habría desgarrado completamente la voz de Janis Joplin veinte años después? ¿Qué paisajes sonoros imaginaría John Lennon en sus nuevas composiciones? Sí, es cierto, su pronta desaparición provocó que se convirtieran en mitos de la cultura popular pero también nos privó, y esto es lo más doloroso, de su madurez creativa.

Jonh Coltrane se forjó musicalmente con grandes nombres del jazz, Charlie Parker, Miles Davis, Thelonius Monk, pero su inquietud musical le llevó a volar solo, a componer sus propios temas y a hacerse acompañar de sus músicos preferidos. En 1965 (hace pocos meses se cumplieron 50 años) publicó “A love supreme”, disco que, aunque calificado actualmente como obra maestra, en su momento no resultó de fácil digestión y fue calificado como las notas disonantes de un músico sin rumbo. Es una historia que se repite periódicamente en cualquier ámbito de la cultura cuando aparecen creaciones que “se salen” de los márgenes establecidos y que precisan de un cierto reposo para ser digeridas de nuevo y valoradas con cierta perspectiva. (Las vacas sí que saben de esto)

Si el disco “Kind of blue” publicado por Miles Davis en 1959 (en el que también participó Coltrane) puede considerarse como el nacimiento del jazz moderno una vez superada la etapa bebop, los cuatro temas de “A love supreme” van un paso más allá  tanto en su concepción musical como en la estructura global del disco y en la búsqueda de nuevos sonidos. Y todo ello bajo el manto de una profunda inspiración espiritual, casi mística, renunciando en ocasiones al virtuosismo interpretativo en favor de una composición y una sensibilidad extrema.

¿Partitura? de “A love supreme”

En su última etapa con Miles Davis se le acusó a Coltrane de empezar a tocar “raro”, mal, para provocar su expulsión del grupo y poder así iniciar su carrera en solitario de forma obligada, sin ataduras. Compleja estrategia al menos. Preguntado Davis sobre si Coltrane estaba yendo demasiado lejos respondió: “Soy yo quien no soy capaz de llegar tan lejos como él”.  

“Pursuance”, la tormenta, la calma:


miércoles, 6 de enero de 2016

LAS ENTRADAS MÁS LEÍDAS DE 2015

Fiel a esta tradición anual, y ya van cuatro, aquí están las entradas más leídas de este blog a lo largo de 2015. Como divertimento, sin más pretensiones. Pero, en este caso con una pequeña variante: además de las entradas más leídas… también la entrada menos leída. Esa que, según las estadísticas, menos interés ha despertado. No la voy a repudiar, la voy a seguir queriendo igual que a las demás.

Las cinco entradas más leídas, en orden inverso:


Puesto 5: EL SUICIDA.

“Valladolid-Pucela, 1981. Un grupo de jóvenes universitarios aprovechábamos los ratos libres para devorar revistas de cómics y admirar las extraordinarias historias gráficas de…”




 Puesto 4: DICCIONARIO HIPSTER Y DE NUEVAS TENDENCIAS.

“Hace unos días, al enseñar la fotografía de un arquitecto cántabro que trabajó en Bilbao, uno de los jóvenes asistentes exclamó: “¡Hala, si era un hipster!” Sí, un hipster del siglo XIX”.




Puesto 3: SE BUSCA ARQUITECTO QUE SEPA HACER ALEROS BARROCOS.

“La información, publicada el mes pasado en la prensa, es un bocado tan suculento, de esos que chorrean por todos sus bordes, que me resulta difícil decidir por dónde hincarle el diente”.




Puesto 2: THE GODOYS WONDERERS.

“Un nuevo grupo (me gustaba más lo de “conjunto”) acaba de publicar su primer EP, The Godoys Wonderers”.




Puesto 1: EN BUSCA DE LOS ALISIOS (2).

“Soy consciente de que el estreno de “En busca de los alisios” coincide con el de la séptima entrega de “Star Wars”. Lo siento por George Lucas y los suyos“.




Y la entrada menos leída:

Último puesto:  J. C. C. SE HA IDO.

“J. C. C., “Cifu”, se ha ido. Su despedida desde hace muchos años: “Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos”, se convirtió hace unos días en su adiós definitivo”.



Me dice una joven lectora que el formato de blog, dentro del mundo de las redes digitales, está ya caduco. Sé que existen otros formatos, y alguno he explorado este pasado año. Con más rapidez e inmediatez, pero con menos contenido y escasa o nula reflexión. Así que, de momento, yo… sigo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

EN BUSCA DE LOS ALISIOS (2)


Estos días se cumplen diez años de aquel viaje. Y puedo caer en la tentación de decir aquello de que “aquel viaje marcó mi vida…dejó una huella imborrable…hubo un antes y un después…” No sé hasta qué punto en mi caso pueden ser ciertas esas afirmaciones. Lo que sí es cierto es que con la edición de este documental he vuelto a disfrutar de mi primera travesía atlántica. Y ahí lo voy a dejar, no quiero ponerme ñoño.

Este trabajo se lo debía a mis compañeros de travesía y, aunque “con unas cuantas lunas de retraso”, aquí está. Cuando embarqué en el NUI con mi cámara a cuestas no llevaba ningún guion preparado, no sabía realmente lo que me esperaba allí afuera. Así que fui grabando imágenes y sonido de forma intuitiva, sin pensar en el resultado final. Eso sí, descubriendo la dificultad de hacerlo sobre algo que no para de moverse, con un viento que sopla a menudo y con un océano que salpica agua salada.

Y ahora me ha tocado unir todos esos fragmentos e intentar construir una parte, al menos, de aquella historia. Las más de cinco horas de grabación se han quedado en poco menos de una. Y esa labor de síntesis, de recortes (en el buen sentido) siempre resulta difícil y dolorosa, pero necesaria (ya nos hemos tragado todos demasiados vídeos interminables e infumables de vacaciones, bodas y demás zarandajas).
Una vez más tengo que agradecer la generosidad de The Godoys Wonderers al aportar la canción de cierre, que resume muy bien lo que fue aquel viaje:

“the sea has been just like my mum,
living with fishes,
surrounded by nature,
breathing fresh air grew up.
We are one, we are one”.

Y quiero felicitar a Santi Vega, que nos acompañó en la primera parte del viaje (con su guitarra), por su reciente nominación a los Premios Goya gracias a su banda sonora para la película “El teatro del más allá”.

Soy consciente de que el estreno de “En busca de los alisios” coincide con el de la séptima entrega de “Star Wars”. Lo siento por George Lucas y los suyos. Ellos tendrán el halcón milenario pero nosotros siempre tendremos el NUI. Que la fuerza y los buenos vientos (echo-november-echo) os acompañen.

La película:


Y la versión reducida, el tráiler, para los que cincuenta y ocho minutos de cine sean demasiados:




jueves, 3 de diciembre de 2015

CANCIONES HIMNO.


No soy de “canciones himno”. Así, sin chorradas. Pero, por otra parte, soy incapaz de definir ese término. Pues vaya un comienzo. El caso es que a veces escucho un tema musical y pienso: “Es una canción himno”. Pero no consigo encontrar un denominador común a todas ellas, sus señas de identidad. Por dar alguna pista, no me refiero a composiciones que han nacido con esa voluntad de “himno de algo” sino a otras que, con orígenes diversos y a través de caminos a veces inescrutables, han llegado a dotarse de esa condición, indefinible para mí. Para salir del atolladero voy a recurrir a algunos ejemplos.

“Dirty old town”, pequeño tema compuesto en 1949 para cubrir el entreacto de una obra de teatro, hacía referencia a la suciedad de una ciudad inglesa, Salford. Tras un recorrido sinuoso, incluida su interpretación por el grupo The Pogues, acabó convirtiéndose en himno de la música folk irlandesa.

“Another brick in the wall” es una canción compuesta por el grupo Pink Floyd en 1979 para su álbum (y película) “The Wall”. Una metáfora de los traumas que el protagonista va experimentando a lo largo de su vida que acaba transformándose en himno contra la educación represiva. (Para mí, uno de los temas más insoportables de este grupo británico).

“You’re never walk alone” recoge las palabras de un padre hacia su hijo en una intimista canción compuesta en 1949 que el propio Elvis Presley interpretó años después. Y que ha acabado como himno entonado por los hooligans en varios estadios de fútbol.

Lalara, Lalara la-la, Lalara, “Lepoan hartu ta segi aurrera”, canción himno del ideario independentista vasco popularizada por intérpretes como Pantxo eta Peio o R.I.P. en su versión más ácida, tiene su origen en la melodía de una antigua marcha militar.

¿Ínfulas de trascendencia, tono épico, composiciones con vocación tribal? Podrían ser algunas de sus características definitorias. Pero los ejemplos nos indican que estas canciones himno no han nacido como tales sino que se han convertido en temas de exaltación colectiva por razones diversas. Y, como decía al principio, me interesan poco, musicalmente hablando. Pero, como casi siempre, hay excepciones.

En 2005 Iván Ferreiro (ex-miembro de Los Piratas) compone, al alimón con su hermano Amaro, “Turnedo”, un tema para su primer disco en solitario que pronto se convierte en canción himno. No sé si del amor, del desamor, de las playas… Y graba este sencillo pero extraordinario videoclip:


Unos años más tarde hace una versión en la que, curiosamente, el cierre instrumental de la canción original se convierte ahora en la introducción, en esta colaboración con Xoel López (entre gallegos anda el juego). Con un argumento lúcido (porque las canciones también tienen letra) y un final demoledor:

“¿Quién no tiene el valor para marcharse?
¿Quién prefiere quedarse y aguantar?
Marcharse y aguantar.”




jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS “LUNNIS” DE SANI. 2ª parte.

Para entender lo que viene a continuación antes hay que leer esto: http://www.echonovemberecho.blogspot.com.es/search?q=los+lunnis+de

La celebración no empezó con buen pie. Más bien con algún traspié. A partir de ahí la cosa fue mejorando. Incluso recuperamos a algunos históricos socios fundadores. Eso sí, seguimos sin patrocinador, las camisetas tuvimos que financiarlas mediante “crowfunding”. En el 2025 más y mejor.

 …Y no habíamos empezado a beber.

Esto sí es un equipo elegante.


 En el Uria, lugar de encuentro.

 ¿Quién habrá hecho ese logo tan chulo?

 A los Lunnis les caen 10, y a Miguel…

 Que no falte el pulpo…

Ni las navajas, ni la merluza, ni…


Las “batallitas” de Ramón.


 Demasiadas coca-colas ¿no?

 No tengo palabras.

 Sopla tú que a mí me da la risa.

 10-60. Gana el equipo visitante.

 Que no falte el valenciano.

jueves, 5 de noviembre de 2015

LLORAR CUESTA 74 EUROS


Llorar no es gratis, al menos en Japón, un país en el que expresar los sentimientos abiertamente es casi un tabú. Un céntrico hotel de Tokio ha dispuesto una serie de habitaciones, denominadas las “habitaciones del llanto”, en las que por un ¿módico precio? (entre 74 y 148 euros) se puede llorar a moco tendido, sin vergüenza y sin miedo a ser objeto de burla o desdén. En sus estanterías, películas y libros de marcado perfil lacrimógeno ayudan en el empeño.

Hace tiempo, al menos en la cultura occidental, se abandonó la idea de que las lágrimas eran un signo de debilidad y que llorar demostraba una personalidad inmadura. Incluso distintos estudios científicos han ido abonando la idea de los beneficios del llanto: anestesia natural contra el dolor, eliminación de toxinas, hidratación de los ojos, eliminación de gérmenes nocivos… Por tanto, tras conocer las bondades que aporta a nuestra salud emocional y física deberíamos tener totalmente asumido que no debemos sentir temor ni vergüenza cuando una lágrima asoma amenazante bajo nuestros párpados.

Todo esto estaría muy bien si no fuera por un pequeño detalle: las “habitaciones del llanto” japonesas han sido diseñadas solo para mujeres. A lo que sumo otro pequeño detalle: buscando documentación gráfica para ilustrar esta entrada, de las 100 primeras imágenes aparecidas bajo el epígrafe “llorar”, 69 correspondían a mujeres, 24 a niños o bebés y solo 7 a hombres con el lacrimal desbordado. Por lo visto lo masculino está reñido con los beneficios del llanto. O se practica “en la intimidad”.

Se me ha ocurrido bucear en el séptimo arte para comprobar si los tipos duros del cine han tenido que forzar alguna vez su glándula (la del párpado) por exigencias del guion y el resultado ha sido éste: todos han llorado en alguna ocasión pero, por regla general, sin desatarse, conteniendo el sentimiento, con mesura. Aquí van algunos:

Clint Eastwood


Humphrey Bogart


Marlon Brando


Dustin Hoffman


Robert de Niro


Brad Pitt


Incluso “El hombre de lata”, que a pesar de su robusta coraza no era un tipo muy duro.


Sin embargo, no puedo resistirme a cerrar este repaso cinematográfico sin incluir una secuencia de “Paris, Texas” (Win Wenders, 1984), protagonizada por Harry Dean Stanton y Nastassja Kinski, con un estremecedor primer plano fijo de más de tres minutos de duración (entre los minutos 4.43 y 7.50 del vídeo). Sí, la que llora es una mujer. Y la sutil música de fondo de Ry Cooder también ayuda. Pero esa es otra historia.

Nastassja Kinski