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lunes, 22 de octubre de 2018

RECORRIDO POR LA VÍA VERDE CASTRO-TRASLAVIÑA (20/10/2018)



El hierro, sus explotaciones mineras y sus ferrocarriles. El hilo conductor de nuestra última salida que nos llevó desde la ensenada de Castro Urdiales hasta el poblado y el túnel de Herreros, en el límite entre Cantabria y Bizkaia.

El sol no quiso asomarse pero disfrutamos de una mañana con una temperatura perfecta para sudar la camiseta. Una ruta cómoda en cuanto a su perfil pero con un buen kilometraje.

En primavera más.

(Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes.)

Dando la chapa (fotografía de Teresa H.)

Veta de mineral de hierro

Antiguos cargaderos en la ensenada de Castro Urdiales









Antigua estación de Castro Urdiales

Toki Eder

Calzada romana



Estación de Otañes

Paso alegre... a la ida

Viaducto de los Vados

Aflora el hierro

Túnel de Herreros



La trinchera del ferrocarril excavada en la roca



No podía faltar

Casa torre de Otañes



domingo, 7 de octubre de 2018

SALIDA AL MONTE (16): VÍA VERDE CASTRO-TRASLAVIÑA



En nuestra próxima salida de otoño el recorrido va a seguir el trazado de uno de los antiguos trenes mineros que trasladaban el mineral de hierro desde las explotaciones de la comarca de las Encartaciones hasta la costa, para cargarlo en los barcos que lo transportaban a los núcleos fabriles. En este caso vamos a recorrer parte del trazado del ferrocarril que unía Traslaviña con el puerto cántabro de Castro Urdiales.

Ubicación
Iniciaremos el recorrido en sentido inverso, arrancando precisamente de la ensenada de Castro, donde aún quedan vestigios de los antiguos cargaderos. Y tras atravesar el núcleo urbano con algún paso sorprendente iremos remontando el trazado tierra adentro a través de Mioño, Lusa, Santullán y Otañes hasta llegar a las ruinas de algunos poblados mineros.

Recorrido
Por el camino podremos contemplar los restos de varias instalaciones relacionadas con la explotación y el transporte del mineral, puentes, túneles y viaductos, a través de suaves laderas y caminos forestales, cruzando algunas húmedas trincheras forradas de vegetación.

Ensenada de Castro Urdiales
El trazado no presenta dificultad en cuanto a su desnivel (185 m.), ya que su perfil es sensiblemente horizontal. El recorrido es de ida y vuelta con una ligera variante al cruzar la villa marinera de Castro Urdiales. El único reto su longitud, 23 km.

Túnel de Valverde
La salida está programada para el sábado 20 de octubre y al finalizar, para no perder las buenas costumbres, habrá viandas para reponer fuerzas. Se admiten propuestas y aportaciones.

Datos técnicos

-       Fecha de salida: sábado 20 de octubre, a las 8.30 h.
-       Lugar de salida: Urbanización El Oasis, Islares (junto a la gasolinera), Castro Urdiales. Desplazamiento en vehículo a Castro Urdiales (7 km.).
-       Desnivel: 185 metros.
-       Recorrido: 23 kilómetros.
-       Duración: 6 h. aprox.

jueves, 28 de junio de 2018

EVENTOS (1): ¿CIUDADES FRANQUICIA?

Fotografía de getxo.eus

Red Bull Cliff Diving, Open House, Premios MTV, The World's 50 Best Restaurants, Best European City… ¿Hablamos de Bilbao? Sí. Estos son algunos de los “eventos” y reconocimientos programados en nuestra ciudad para el año 2018. Definitivamente parece que Bilbao ha apostado por entrar en el circuito de los grandes actos y celebraciones que la sitúen en el mapa del panorama internacional dotándola de visibilidad. Pero también podríamos decir que estos son algunos de los eventos y reconocimientos programados, por ejemplo, para la ciudad de Nantes en 2019, o para la ciudad de Londres en 2020 o…

Esta agenda de la ciudad basada en potentes hitos de actividad concentrados en unos pocos días y con una gran congregación de personas por metro cuadrado se justifica por parte de las autoridades municipales en función de los beneficios económicos que se generan para Bilbao y de la proyección exterior que facilita la captación, a su vez, de nuevos eventos, en una continua carrera sin fin. Es una forma de mostrar músculo, es decir, capacidad de atracción y de organización. Y el balance siempre medido en cifras, cuanto más altas mejor.

Vaya por delante que he formado parte activa en la organización de alguno de los eventos mencionados. Y quizás por eso, por haberlos vivido desde dentro, siento la necesidad de hacer esta reflexión en voz alta. Reflexión que se traduce en dos inquietudes o dudas fundamentales. En primer lugar, ¿estos eventos tienen una repercusión y un beneficio real sobre la generalidad de los habitantes y de las distintas áreas urbanas de la ciudad? ¿Qué queda de todo ello unos días después de su conclusión? Tengo la percepción de que su influencia es muy limitada, más allá de su repercusión mediática, en el espacio y en el tiempo. Y que los beneficiarios son únicamente unos sectores muy concretos, en casi todos los casos los mismos. En segundo lugar, con este tipo de eventos franquicia, que llegan ya totalmente diseñados, patrocinados y empaquetados ¿no nos encaminamos hacia una ciudad impersonal, intercambiable con cualquiera del ámbito europeo o incluso mundial, perdiendo definitivamente sus señas de identidad histórica y cultural? Si el próximo año nos acercamos a Londres, o a Nantes, o a Milán, podremos percibir un “déjà vu”, con los mismos eventos y actividades, que nos puede hacer perder la capacidad de conocer y reconocer la ciudad en la que estamos.

En un reciente encuentro con un responsable municipal, a quien le planteábamos un proyecto cultural continuado en el tiempo, de bajo coste y con pretensiones de hacerlo llegar a un amplio tejido social de nuestra ciudad, su respuesta fue de una cierta indiferencia ante “algo” que no encajaba dentro de la “cultura de los eventos”. De hecho en su despedida nos lanzó la siguiente pregunta: “¿Este año vais a participar también en XXX (evento de 2017)? Fue una pasada, más de treinta y cinco mil participantes en la primera edición, todo un éxito”. Toda una declaración de principios, diría yo.

(Continuará…)

miércoles, 10 de enero de 2018

¿PARTICIPACIÓN CIUDADANA?


“Por favor, vota por mi fotografía y distribuye este mensaje, gracias”. ¿Quién no ha sido partícipe en alguna ocasión de la solicitud de un hijo, de una amiga, del hijo de una amiga, de la prima del vecino del cuñado de una amiga? Total, por echar una mano… Y sin ni siquiera dar un vistazo al resto de trabajos participantes le hacemos un “clic”.

La participación ciudadana se ha establecido en la teoría democrática moderna como un derecho para que, a través de diferentes mecanismos, la población pueda acceder a ser escuchada su opinión e incluso a tomar decisiones de manera independiente sin pertenecer a la administración pública o a un partido político. Hoy en día muchos organismos incluyen fórmulas de participación ciudadana a través de consejos, consultas, foros, encuestas…

Hasta aquí nada que objetar. El problema surge cuando se realiza una traslación directa de esa participación ciudadana a la toma de decisiones en ámbitos profesionales y artísticos. Y me estoy refiriendo precisamente a las, ya casi omnipresentes, votaciones populares, establecidas para concursos de carteles, de fotografía, de música, de arquitectura… de todo.

Y surge la primera aberración, el concurso de “lo que sea” se convierte en un concurso de marketing y publicidad, en una carrera, en la que al final se lleva el gato al agua la persona que mayor capacidad de movilización y de seducción tiene, que mejor se mueve en las redes sociales, que más tiempo dedica a enviar mensajes… El resultado de estos formatos es que los premios pocas veces recaen en los mejores trabajos y, como consecuencia directa, la calidad general de los concursos va decayendo.

Y a esta decadencia también contribuye la decisión de algunos profesionales o gente con valía en cada disciplina que, poco a poco, se van desentendiendo de estos procesos al comprobar que no son baremos de calidad relacionados con la disciplina en la que se concursa lo que se acaba premiando, sino otras “capacidades” de gestión.

Algunos convocantes de concursos han debido captar este desatino y han intentado introducir ciertos “factores de corrección” en estos procesos de votación popular para intentar paliar esta absurda interpretación de lo que debe ser la participación ciudadana. Y para ello han establecido en las bases de sus concursos cláusulas surrealistas para equilibrar votación popular y decisión de un jurado profesional, por ejemplo. Mal menor que no acaba de resolver el problema y que suele ir acompañado de palmarias contradicciones. Un ejemplo: un concurso de carteles con una dotación económica importante (3.000 euros) exige el anonimato en la presentación de las obras, algo lógico y recomendable. Pero el sistema de votación popular establecido provoca que ese anonimato salte por los aires en un pispás. ¿?

Sabemos que detrás de estos sistemas de votación popular se encuentran, en muchos casos, los mecanismos de captación de datos con los que luego se negocia en los mercados digitales. Así que, curiosamente, un mecanismo de corte “democrático” y ciudadano acaba alimentando finalmente a las cúpulas financieras, a las grandes empresas de eso que se ha dado en llamar el Big Data.

Lo cierto es que, en estos últimos años, la calidad de los trabajos premiados en este tipo de concursos ha caído en picado, los trabajos con ideas y propuestas interesantes (y por consiguiente sus autores) han ido desapareciendo y los profesionales que formaban parte de los jurados también han dado un paso atrás. Sin olvidarnos de la frustración sufrida por muchos participantes que han visto relegados sus trabajos por otros de menor valía. Y no hablo de pataletas sino de injusticias evidentes.

La participación ciudadana está de moda. Y no lo digo de forma peyorativa. Es sana, necesaria y garantizadora de derechos. Pero estas fórmulas de votación popular poco o nada tienen que ver con dichos mecanismos y a lo único que están llevando es a la banalización de las formas artísticas y al desánimo de los creadores. Así que para este año que empieza hago el siguiente propósito: cuando reciba una petición de voto revisaré el resto de trabajos participantes y votaré (o no)… al que me dé la gana (o no). Es más, cuando yo mismo participe en algún concurso espero que no se entere ni mi sombra (si es que la tengo).

miércoles, 18 de enero de 2017

¡CORTEN!


Una de las mejores entrevistas que he escuchado jamás tuvo como protagonista, al final de su trayectoria profesional, al cineasta John Ford. El mérito no fue precisamente (o quizás sí) de su entrevistador, el también director de cine Peter Bogdanovich, que se afanaba en intentar extraer de su entrevistado las claves más profundas de su obra cinematográfica.

P.B.: Señor Ford, su visión del Oeste es cada vez más melancólica, si comparamos por ejemplo “Caravana de paz” con “El hombre que mató a Liberty Valance”. ¿Se había dado cuenta?
J.F.: No.
P.B.: Ahora que se lo comento, ¿quiere decir algo al respecto?
J.F.: No sé a qué se refiere.
P.B.: Señor Ford, ¿diría que en “Fort Apache” la moraleja era que el ejército era más importante que el individuo?
J.F.: ¡Corten!

Sin duda el sabio y huraño Ford en estado puro. Un Ford que nunca mostró interés alguno en hablar de su cine, en explicar ni analizar sus películas. Ya serían otros los que se ocuparían de elucubrar, interpretar y decidir por qué su cine era así y no de otra manera, llegando a conclusiones incluso contradictorias en muchos casos.

En los tiempos que corren, por el contrario, parece que los propios artistas y creadores de diferentes ámbitos (cine, literatura, música, artes plásticas…) se empeñan en explicar y justificar sus propias creaciones, convirtiéndose, de alguna forma, en sus propios entrevistadores, dirigiendo o predisponiendo al espectador ante sus obras, eliminando el factor sorpresa o la capacidad de emocionar o sugerir que toda obra artística debería poseer por sí misma. Y esos creadores dedican más energías (demasiadas, diría yo) a convertirse en guías espirituales, en divulgadores y voceros culturales de sus propias obras. Y cuando eso sucede, cada vez de forma más habitual, me pongo en guardia, recelo de la capacidad creativa real de esas personas.

Estos días disfruto, gracias a la generosidad de los Reyes Magos, de la escucha de un disco grabado en 2016, con motivo de la despedida de un grupo de música de nuestra tierra, Oskorri, tras cuarenta y cinco años de trayectoria profesional. Nunca me he parado a analizar y diseccionar sus canciones. Tampoco he escuchado de ellos explicaciones metafísicas ni filosóficas sobre su trabajo. Pero han sido y son muy buenos, los mejores, un escalón o dos por encima del resto. Sólo hay que dejarse llevar por su música. Que si son grandes intérpretes, que si fusionan de forma magistral tradición y modernidad, que si son exquisitos músicos en directo, que si… Como diría John Ford… ¡corten!

Oskorri & Ruper Ordorika en 1996:


lunes, 2 de enero de 2017

BILBAO Y SUS ARQUITECTOS / BILBAO AND HIS ARCHITECTS


Conocemos los edificios de nuestra ciudad. Unos más, otros menos. En algún caso algo de su historia, de su estilo, de la época en que fueron construidos. Incluso de sus cambios de uso. Pero en pocos casos sabemos quiénes han sido sus arquitectos, los profesionales que han realizado esos proyectos, que han diseñado su forma, su funcionalidad y su manera de construirlos.

En Bilbao han empezado a sonar algunos nombres recientemente, con motivo del “desembarco” de las grandes firmas internacionales que han intervenido en una parte del proceso de regeneración urbana de la ciudad a partir de los años 90 del siglo XX: Gehry, Foster, Siza… Y sin embargo desconocemos a los auténticos artífices de nuestra ciudad, del nuevo Bilbao que empezó a gestarse a finales del siglo XIX y que se desarrolló de forma paralela a la etapa industrial de la comarca, hasta finales del siglo XX.

Visualizar su rostro, conocer algo de su trayectoria, de sus ideas y de sus inquietudes personales es uno de los caminos que proponemos para entender, comprender y valorar nuestro entorno urbano. Detrás de cada edificio hay una idea, una intención, un esfuerzo creativo, unos dibujos… con el fin último de que presten servicio a los que habitamos la ciudad. Empezamos el camino con estos “siete magníficos”, pero hay muchos más.

VÍDEO:


sábado, 30 de abril de 2016

SÍNTESIS


Me movía inquieto en el asiento. Empezaba a considerar seriamente la posibilidad de abandonar la sala. El conferenciante llevaba ya dos horas de exposición y su expresión no indicaba el final en un breve plazo de tiempo. Más bien todo lo contrario, parecía que su estrategia consistía en convencer (o vencer) por agotamiento. Y sí, yo estaba a punto de sacar la bandera blanca de rendición. Si no lo hice fue por respeto a los organizadores del evento. Conste que el tema de la conferencia me resultaba de gran interés y que el ponente demostraba grandes conocimientos sobre él. Pero su conocimiento parecía estar reñido con una, para mí, gran cualidad: la capacidad de síntesis.

Hace unos años recibimos el encargo de proyectar el diseño de una exposición antológica dedicada a un gran arquitecto. El material de dicha exposición se basaba en un estudio previo, concienzudo y pormenorizado, realizado por una persona profesionalmente muy cualificada. Pues bien, de las horas que empleamos en nuestro trabajo una buena cantidad tuvimos que dedicarlas a “pelearnos” con ella intentando hacerle entender que era materialmente imposible y didácticamente inadecuado “meter todo” en el espacio expositivo. Que era necesario hacer una selección que facilitara al público la lectura y la comprensión de la obra del arquitecto. La lucha fue casi cuerpo a cuerpo, titánica (exagerando), ya que nuestro “contrincante” entendía que estábamos minusvalorando su trabajo. De nuevo, incapacidad de síntesis.

Hace unos meses un arquitecto británico visitó nuestra ciudad para recibir un galardón por su contribución a la regeneración urbana de la misma. En el acto de entrega tuvo una intervención para repasar y explicar su amplia trayectoria en el campo de las infraestructuras del transporte. Veinte minutos escasos y una docena de imágenes fueron suficientes. Capacidad de síntesis.

Lo cual me lleva a pensar que esta entrada está a punto de sobrepasar la extensión suficiente para contar lo que quería contar. No quiero que se note demasiado mi incapacidad de síntesis. 

viernes, 12 de febrero de 2016

JAMONARTE

Nos comentaba hace unos días el responsable de un centro de producción artística cuál era uno de sus mayores retos en esos momentos: conseguir desbloquear en la aduana un paquete que venía desde China, una máquina de tatuajes solicitada por uno de los alumnos que desarrollan sus proyectos artísticos en el centro.

Antes era más sencillo: un lienzo, unas pinturas al óleo o acrílicos, unos pinceles… Pero ahora conseguir satisfacer las necesidades de “material” para los artistas se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza. Pero los retos no acaban aquí.

Hace unos años uno de los alumnos, Kasper Kovitz (Viena, 1968) pidió sangre de buey y dos jamones ibéricos para desarrollar su proyecto. Con la sangre pintó una serie de imágenes que representaban sucesos históricos y en los jamones esculpió los rostros de Miguel de Unamuno y Sabino Arana, dos personajes que desempeñaron un papel importante en la defensa de “lo vasco” aunque desde posiciones opuestas. Kovitz “enfrentó los jamones” y tituló su obra “Carnalitos”, expresión que designa a los amigos de la misma sangre. 


“Carnalitos”, obra de Kasper Kovitz


Bien, los jamones ibéricos no fueron difíciles de conseguir, la sangre de buey un poco más. Pero ahora viene el segundo reto: ¿cómo almacenar y conservar estas obras? Estamos acostumbrados a ver los cuadros de los museos perfectamente ordenados y clasificados en sus archivadores pero ahora ¿habrá que instalar un arcón frigorífico para los jamones?, ¿cómo evitar que se deteriore la sangre de buey?, ¿tendrán que contratar a las religiosas que custodian la sangre incorrupta de San Pantaleón en el Monasterio de la Encarnación?

Archivadores de cuadros

Es solo un ejemplo de lo que, más allá de la pura anécdota, empieza a ser un grave problema en los centros artísticos de vanguardia. Una solución sería asumir por parte de todos, artistas y centros de exhibición, el carácter efímero de estas obras. Otra, sumarse al deseo manifestado recientemente por el conservador de obras del Centro Pompidou de París: “Ojalá hubiese un incendio en los almacenes y desaparecieran todas las obras para poder empezar de cero”.

Os preguntaréis que hizo Kasper Kovitz con el “negativo” de su escultura, es decir, con los descartes del jamón. ¡Buen provecho!

martes, 3 de febrero de 2015

EL SUICIDA

Valladolid-Pucela, 1981. Un grupo de jóvenes universitarios aprovechábamos los ratos libres para devorar revistas de cómics y admirar las extraordinarias historias gráficas de Moebius, Milo Manara, Richard Corben, Carlos Giménez, Hugo Pratt…
También para dar algún que otro paseo por la ciudad. Y desde el primer día nos llamó la atención la estatua del Sagrado Corazón que remata (supongo que aún sigue allí si no ha habido ningún alma caritativa que la haya echado abajo) la única torre de la Catedral, edificación inacabada y bastante desafortunada por cierto. El descomunal Cristo de hormigón que la presidía era conocido popularmente como “el suicida”.
De la unión entre nuestra afición al cómic y nuestra “devoción” al Cristo surgió la idea de realizar una historia gráfica que se tituló, evidentemente, “El suicida”. 

Un par de años después coincidimos con otro grupo de jóvenes entusiastas y emprendedores (como diríamos ahora) que estaban pergeñando la publicación de una nueva revista de cómics. Les presentamos nuestra historia, les gustó, y se publicó en el nº 1 de la revista “Zanco Panco”, junto a una entrevista al gran Carlos Gimenéz. Todo un honor para nosotros. En la introducción de aquel número nuestra historia se presentaba así:
“Esta es la primera y única historieta que el señor Bilbao ha realizado hasta el momento y la verdad es que no piensa continuar, ya se sabe, estudios…, pero claro, todo dependerá de nuestra habilidad persuasora.”
Su habilidad persuasora no debió ser muy grande porque nuestra trayectoria en el mundo de la historia gráfica empezó y acabó con esa doble página.

Portada del nº 1 de la revista Zanco Panco

Unos cuantos años más tarde he decidido rescatar aquella historia del papel impreso y pasarla a un nuevo formato, como mero ejercicio y sin más intención que compartir el recuerdo de aquellos años que tanta huella dejaron en nuestras vidas. No tenemos intención de hacer la secuela ni la precuela (que ahora mola más) de esta historia, al menos de momento.

En el vídeo se respetan los dibujos hechos en 1981 sin ningún retoque, así como la proporción del formato entre las viñetas. Probablemente la banda sonora incorporada lo estropea todo pero… “nadie es perfecto”.



martes, 23 de diciembre de 2014

BILBAOPEDIA

Pantalla del Menú de Inicio

Desde el pasado 16 de Diciembre de 2014 está disponible a través de Internet la Bilbaopedia, Enciclopedia Virtual promovida por el Ayuntamiento de Bilbao y desarrollada bajo la dirección y coordinación del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). La Bilbaopedia, que cuenta ya con más de 1.100 artículos sobre la ciudad, nace con la voluntad de ser una herramienta de consulta viva para todos aquellos que estén interesados en obtener información contrastada y elaborada sobre los distintos aspectos de la ciudad.

Se trata de una enciclopedia sobre el Bilbao metropolitano que busca fomentar los estudios sobre la capital vizcaína y transmitir ese conocimiento por medio de una plataforma digital "intuitiva, fácil de usar y muy sencilla".

Los profesores universitarios han indicado que la plataforma, en la que llevan trabajando desde el pasado año, está gestionada y controlada por el equipo investigador que la ha creado, por lo que "no es una Wikipedia abierta" en la que cualquier usuario pueda entrar para publicar o modificar contenidos.

Las entradas, todas ellas firmadas por sus autores y que se estructuran según un índice temático, son "resúmenes" de entre 2.000 y 4.000 caracteres, al estimar que "en internet no se lee más". La idea "no es crear un fondo documental muy pesado", sino estimular el conocimiento, por lo que si alguien desea saber más de algún tema dispone de enlaces que le llevarán a textos más amplios.

Los arquitectos García de la Torre participamos, junto a más de treinta autores, en la elaboración inicial de esta Enciclopedia, desarrollando los apartados de la arquitectura y el urbanismo de la villa, apoyándonos en la labor iniciada años atrás en la investigación y divulgación del patrimonio arquitectónico y cultural. También somos responsables del diseño gráfico de su logotipo.


Logotipo base

La Bilbaopedia en:

jueves, 16 de octubre de 2014

EL CABRERO, EL MONTAÑERO Y LA EXPERIENCIA


Vi a lo lejos un rebaño de cabras que ascendía por el monte. Y detrás dos figuras humanas que las azuzaban con gritos y silbidos. Aceleré el paso para cruzarme con ellos, pero se movían con rapidez. Tuve que dar lo mejor de mí mismo y conseguí llegar a la altura del segundo cabrero… porque se detuvo un momento. Yo estaba sin resuello y le hice un gesto para que esperara. Cuando pude articular palabra le pregunté, suponiendo que conocía bien la zona, si sabía de alguna ruta para llegar a la cima por el lado norte (por el lado sur ya había subido en otras ocasiones). En efecto, conocía aquellas montañas al dedillo, me dio todo tipo de explicaciones sobre los nombres de cada paraje, me contó que estaban bajando las cabras al valle porque venía el veterinario, que parecía que el tiempo estaba de cambio, que se podía ir por aquí y por allá… pero no respondió a mi pregunta. Volví a formulársela, de manera más clara, y el resultado fue el mismo. El cabrero conocía cada risco, cada paso, pero no necesitaba caminos ni senderos para ir de un lugar a otro. Con seguir a las cabras le bastaba. 

Unos metros más adelante me crucé con un montañero veterano que bajaba no sé de dónde. Le planteé la misma cuestión. No respondió de inmediato con lo que supuse que tampoco iba a sacar nada en limpio. Miró hacia la cumbre, miró a la derecha, miró a la izquierda, y empezó a improvisar una respuesta. La misma respuesta que habría dado yo después de mirar a la cumbre, a derecha y a izquierda. No reconoció que nunca había hecho esa ruta pero intentó evidenciar su experiencia en la montaña.

Cuando estudié en la Universidad tuve algún que otro profesor “cabrero”, arquitectos con una trayectoria profesional interesante, con buenas obras realizadas, con mucha experiencia, pero con incapacidad para adaptar y transmitir sus conocimientos al alumnado. Y también algún que otro profesor “montañero”, de esos que año tras año cuentan la misma historia, llevan el mismo programa, sin plantearse si quiera el que pueda existir algún “camino diferente hacia la cumbre.”

Y esto me lleva a pensar en el relativo valor de la experiencia o, mejor dicho, en el excesivo valor que, a veces, le otorgamos a la misma, entendida como una actividad o práctica prolongada, como un valor simplemente cuantitativo, sin profundizar en su nivel de calidad. Por ejemplo, en los concursos de arquitectura se plantea como valor fundamental el tener experiencia en “trabajos similares al objeto de la convocatoria”, llegando al extremo de ser incluso una condición necesaria para poder participar el haber realizado a lo largo de los últimos años proyectos de más de 200 viviendas para un concurso de 50 viviendas (no me lo estoy inventando). O haber realizado al menos 3 proyectos de palacios de congresos para un concurso de 1 palacio de congresos (claro, como se hacen palacios de congresos a diario quien más quien menos tiene en su currículo dos o tres proyectos de ese tipo que le avalen).

En definitiva, damos por hecho con excesiva ligereza que la experiencia es un activo y un valor en sí misma sin analizar la calidad de ese “amplio currículo”. Puede que esos proyectos de más de 200 viviendas sean unos malos proyectos, hechos como churros a lo largo de muchos años y que, sin embargo, un arquitecto recién licenciado y “sin experiencia” sea capaz de aportar cosas más interesantes en su primer proyecto. Y creo que el ejemplo es exportable a todas las facetas de la vida. Mi “experiencia” me dice que en muchos casos es así. Y eso que estoy tirando piedras contra mi propio tejado porque ya empiezo a estar más del lado de una amplia trayectoria profesional que del recién licenciado, ¡jo!

EPÍLOGO. Cuando me encontré con el cabrero ésta era mi equipación: pantalones y camiseta de montaña, botas chirucas, bastones de montaña, gorra, cinta para las gafas, mochila con: botellín de agua, navaja multiusos, pañuelos de papel, una manzana, dos onzas de chocolate, cámara de fotos, teléfono móvil, prismáticos, sudadera por si se ponía de cambio… La del cabrero: unas viejas zapatillas de deporte, un chándal deslavado y una vara de avellano para dirigir a las cabras. Al menos algo positivo tiene la experiencia, la optimización de recursos.

¿Que cómo acabó la jornada? Alcancé la cumbre por la vertiente sur, el camino de toda la vida.