lunes, 30 de junio de 2014

ASCENSIÓN AL MONTE VENTOSO (28/06/2014)

Una temperatura perfecta para caminar y un viento intenso que hizo desaparecer las neblinas matinales y nos permitió disfrutar de unas buenas panorámicas. Sí, Monte Ventoso hizo honor a su nombre y volvimos un poco despeinados. Unas más que otros. El próximo otoño volveremos a la carga. 

01 Arrancando motores

02 Valle de Sámano al norte

03 Por la cresta de Saldamando

04 Las vigías del Cantábrico

05 Estos jóvenes potrillos...

06 ...pronto tendrán un compañero

07 También me gustan las morenas

08 Así quedó el menhir...

09 ...tras este rato de descanso (no fue Obélix)

10 El viento sopla cada vez más fuerte...

11 ...y los árboles también lo notan...

12 ...y lo sufren de verdad

13 Panorámica hasta el Cabo Villano

14 En la cumbre

15 Reponiendo fuerzas: desde cacahuetes hasta bocata de tortilla de chorizo... o de jamón y jamón

16 Panorámica hacia los "montes de hierro"

17 Límite entre Cantabria y Bizkaia. La "pirámide" de la cantera de Santullán al fondo

18 Los diez pies andarines

19 Muerte entre los árboles: los buitres hacen su trabajo

20 El descenso, con el valle de Guriezo al fondo


sábado, 21 de junio de 2014

SALIDA AL MONTE (6): MONTE VENTOSO

Cambio de estación, de la primavera al verano, buen momento para sumergirse en la naturaleza y en los paisajes de nuestras montañas. En esta ocasión la ruta nos llevará hasta el Monte Ventoso, cumbre fronteriza entre Bizkaia y Cantabria en la cordillera de Saldamando. Es la cima de más entidad de estos montes mineros sembrados de vestigios megalíticos. Desde su cima se divisa uno de los mejores panoramas marineros de la zona.

 Situación

La salida está programada para el sábado 28 de Junio. El recorrido parte del alto de La Granja (o de La Jaya) a 367 m. de altura, entre el valle de Sámano y el de Guriezo. La ascensión es suave y se realiza a través de senderos y una pista que recorre la crestería por detrás de la Peña de Santullán. Tras un repecho final se accede a la cima de El Ventoso (731 m.) que hace honor a su nombre por los vientos que generalmente azotan desde todos los costados.

Recorrido

Panorámica desde Monte Ventoso

En cuanto al grado de dificultad, se trata de una ascensión suave ya que, aunque la altura de la cumbre es de 731 m., partimos de una altitud de 367 m. a través de un recorrido bastante cómodo. Así que a todos los que os apetezca disfrutar de esta ruta os animo a que os acerquéis a Islares, punto de encuentro. Desde ahí nos desplazaremos hasta el alto de La Granja donde iniciaremos la ascensión. Al terminar, y para no perder las buenas costumbres, habrá viandas para reponer fuerzas.

Datos técnicos

-       Fecha de salida: Sábado 28 de Junio, a las 9.00 h.
-       Lugar de salida: Urbanización El Oasis, Islares (junto a la gasolinera), Castro Urdiales. Desplazamiento en vehículo al alto de La Granja (11 km.).
-       Desnivel: 364 metros.
-       Recorrido: 15 kilómetros aprox.
-       Duración: 3 horas y 45 minutos (ida y vuelta).

viernes, 13 de junio de 2014

LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA EN LA ARQUITECTURA


¡Vaya! La impresora no responde, se ha estropeado. Pues probablemente no, simplemente ha dejado de funcionar, que es distinto. Hoy ya sabemos que el fabricante ha instalado un diminuto chip en su interior, programado para que al llegar a un determinado número de copias la impresora diga que no. Un truco (llamémosle estrategia comercial) para que vayamos pensando en comprar una nueva. Y a esta acción le han puesto un nombre precioso, obsolescencia programada o planificada. Siendo un poco manitas y buceando en internet se pueden encontrar manuales para desactivar este chip y, como por arte de magia, la impresora vuelve a funcionar como si nada hubiera pasado.

Pero esto que parece asociado a las nuevas tecnologías y a todo el “aparataje” de última generación sin embargo no es nuevo. Se han encontrado documentos de mediados del siglo veinte, en los que se recogen acuerdos entre empresas para limitar la duración de sus productos a un tiempo determinado. Por ejemplo, la duración de las bombillas a unas horas de uso muy por debajo de lo que realmente podían aguantar. (En Estados Unidos hay una bombilla que lleva más de cien años encendida sin interrupción…) Y en esa misma línea hemos sabido también que al descubridor del nylon muy pronto le dieron una colleja para que “rebajara” la durabilidad de ese tejido, ya que la empresa que confeccionaba medias no estaba dispuesta a sacar al mercado un producto que aguantase años y años sin la más mínima carrera. Y el hombre tuvo que abdicar.

Y en el campo de la arquitectura ¿existe la obsolescencia programada? En principio deberíamos pensar que no, ya que una de las máximas de la arquitectura ha sido la solidez y la durabilidad. Pero se están dando algunas señales que parecen ir en otro sentido. Hablaba hace un par de años en este blog de “La insoportable levedad de la arquitectura actual”, alertando precisamente de que esas buenas prácticas arquitectónicas parecían empezar a hacer aguas. Y hay un dato muy significativo: la vida media estimada de un edificio construido en la actualidad es de cincuenta años. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en una ciudad como Bilbao, por ejemplo, dentro de setenta y cinco años nuestros nietos o bisnietos ya no podrán contemplar el Museo Guggenheim, al menos tal y como lo conocemos ahora. Y sin embargo podrán seguir disfrutando del pórtico de la iglesia gótica de San Antón o del claustro de la Catedral de Santiago. Edificios estos últimos construidos hace siglos pero con carácter de permanencia en el tiempo.

Por tanto da la sensación de que, de alguna manera, la obsolescencia programada también ha llegado a nuestro campo. Y que los avances tecnológicos en la construcción y en el desarrollo de nuevos materiales “renovables” no van enfocados precisamente hacia una arquitectura más sólida y perdurable sino, más bien, hacia una arquitectura de consumo rápido y fácilmente sustituible. Pero yo diría aún más, y es algo que vengo barruntando desde hace tiempo: toda esta corriente o “tendencia” de la arquitectura sostenible, verde, bioclimática o como queramos denominarla me temo que no es más que un disfraz bajo el que se oculta precisamente el término que titula este artículo. Es evidente que en torno a esta corriente de sostenibilidad, a la que todos nos hemos apuntado, ya se ha creado una industria de productos, mecanismos e incluso sellos que certifican que una edificación cumple con ciertos requisitos que le añaden un plus de calidad. Sellos que, por cierto, hay que pagar (un negocio más). Y que tras su consecución te ofrecen el privilegio de poner una placa en la fachada que debería repercutir en un mayor valor del metro cuadrado de dicha construcción.

Creo que, una vez más, los árboles no nos dejan ver el bosque. Y estamos asumiendo como un valor añadido algo que debería estar implícito en cualquier buen proyecto arquitectónico y que de hecho se ha venido recogiendo en las construcciones desde la antigüedad: la relación con el entorno y la naturaleza, las orientaciones, la captación de sol y de luz natural, los microclimas generados con los patios interiores, las formas adaptadas a las condiciones climáticas… Que se conceda la etiqueta de edificio sostenible a una torre de oficinas de ciento sesenta metros de altura totalmente acristalada, por muchos recursos tecnológicos y ahorros energéticos que presente, no deja de ser una contradicción ya que dicha construcción parte de una propuesta inicial totalmente ajena a los principios básicos de una arquitectura adaptada a su entorno. Podrá tener otros valores, pero no esos. Para conseguir esa etiqueta se puntúa, por ejemplo, que se pueda llegar al edificio a través del transporte público y, sin embargo, se construyen un buen número de plantas subterráneas de aparcamiento, con el coste añadido que ello supone.

En definitiva, parece que la obsolescencia programada va impregnando, si no lo ha hecho ya, todas las capas de nuestra vida diaria. Los que la defienden argumentan que esto del consumo rápido es la mejor forma de generar actividad comercial, económica y laboral. Tal vez tengan razón y no sea algo tan pernicioso porque, puestos a pensar, también nuestra vida está “obsoletamente programada.” 

sábado, 31 de mayo de 2014

PEDIR PERDÓN



Hace unos días, al releer un correo electrónico que estaba a punto de mandar, me sorprendió detectar la expresión “Perdón por…” que, evidentemente, yo mismo había escrito (un error en el cálculo de un presupuesto enviado anteriormente era el motivo). Tuve la tentación de cambiar o eliminar esa expresión. Finalmente pulsé “enviar” sin retocar el texto. ¿Tan difícil es pedir perdón? Así parece. Lo más habitual es callar o bien rebajar el grado de la culpa o el error con alguna expresión sustitutoria del tipo: “Pido disculpas…” La disculpa es un término más “light” que, al parecer, nos deja con la conciencia tranquila y sin el peso que supone la admisión completa del error. Pero lejos de dejar ahí dicha rebaja a menudo vamos más allá completando la frase con un condicional del tipo: “Pido disculpas si he podido ofender a alguien…” Vamos, que ni he ofendido, ni me he equivocado, ni soy culpable de nada. Y a otra cosa.

El mismo día que envié el correo electrónico origen de esta disquisición (tras lo cual no sentí ningún peso sino más bien alivio) Bob Dylan cumplía años, setenta y tres primaveras. Y como pequeño homenaje, celebración o lo que sea, me dio por escuchar algunas canciones suyas, concretamente tres discos publicados a comienzos de los años 80. Discos que coincidieron con su conversión al cristianismo y con una etapa de profunda religiosidad (según las crónicas). Le cayeron palos por todos los lados, por su cambio ideológico-espiritual y por su giro musical. Pero esto no era nuevo para Dylan. Años antes ya habían intentado “desenchufarle” cuando en el festival de Newport salió al escenario con una guitarra eléctrica renegando (eso pensaron al menos los “folkies” más puristas como Pete Seeger) del ortodoxo sonido acústico. Pero Dylan, terco el hombre, ni en un caso ni en otro pidió perdón. Ni disculpas. Ni disculpas matizadas. ¡Qué soberbia!

Escuchados ahora esos discos que algunos quemaron en la hoguera, y que devoré en formato casete en mi etapa universitaria (“Slow train coming”, “Saved”, “Shot of love”), lejos ahora del ruido mediático de aquellos años, descubro un sonido contundente, con potentes bases rítmicas, guitarristas de lujo (Knopfler, Clapton, Taylor), deliciosos coros de voces godspell… Unas canciones intensas. En definitiva, unos buenos discos más allá de etiquetas y estilos. Eso sí, con las peores portadas de toda su discografía.
Con lo cual mi veredicto es claro: Bob Dylan no tenía que pedir perdón por haber compuesto y grabado unas buenas canciones. Tal vez debían hacerlo aquellos intransigentes ¿seguidores? que no aceptaban cambios ni matices en su trayectoria musical y vital. Nada nuevo bajo el sol: ciego y peligroso fanatismo.


“Solid rock”. (Bob Dylan)

Estos días llevo en el coche un disco de reciente publicación que escucho una y otra vez. Me habló de este grupo de música independiente un amigo que, días después, me regaló el CD. Y han sido las canciones de cabecera en mis desplazamientos diarios. El grupo, The National, el disco, “Trouble will find me”. Así que, para este amigo, otra palabra que tampoco se utiliza lo suficiente y que suena tan bien como perdón: Gracias.


 “Sea of love” (The National)

NOTA. Pido disculpas si he podido ofender a alguien por la excesiva extensión de esta entrada.

martes, 20 de mayo de 2014

CINE Y ARQUITECTURA (5): PUENTES.

Al margen de las ciudades, de los edificios, los puentes son, probablemente, las construcciones más utilizadas en el cine. Chale Nafus, en su estudio sobre los puentes en el cine, intenta dar respuesta a esta fascinación: “Muy pocas veces el personaje de una película cruza un puente solo para llegar al otro lado. El paso por el puente suele significar algún tipo de cambio, la transición a una nueva fase vital, la conexión con una persona nueva, o la confrontación con el peligro e incluso la muerte.”  Por tanto la palabra clave es “cambio”, una palabra que se ajusta muy bien a uno de los axiomas de la construcción cinematográfica, el que dice que los protagonistas de una película no deben ser los mismos al principio que al final de ella. Es decir, deben sufrir algún cambio en su transcurrir por la pantalla. Tienen que aprender algo, deben resolver sus conflictos… Y son precisamente los puentes escenarios adecuados para la dramatización de estas historias.

Revisando entradas anteriores de este blog sobre la temática cinematográfica he descubierto que, curiosamente, ya han aparecido varias películas en las que los puentes tienen una presencia más que testimonial en su desarrollo argumental. Y dos de ellas pertenecen al género que denominé como “películas románticas”: En “Los puentes de Madison” un fotógrafo llega hasta Winterset con el propósito de captar con su cámara unos curiosos puentes cubiertos de madera del siglo XIX. Y en “Breve encuentro” un pequeño puente de piedra alejado de la ciudad acoge las citas de los amantes.


En tiempos de guerra los puentes son un punto de gran valor estratégico, al garantizar el paso de las tropas, y han protagonizado multitud de películas del género bélico basadas, muchas de ellas, en hechos reales. Quizás una de las más populares sea “El puente sobre el río Kwai” (David Lean, 1957). David Lean también fue el director de “Breve encuentro”, citada anteriormente. ¿Casualidad? Y, como contraposición, una de las menos conocidas, realizada el mismo año, es “El puente” (Bernhard Wicki, 1957), en la que se narra el espeluznante sacrifico humano en tiempos de guerra. Un grupo de adolescentes alemanes deciden defender el puente de su pueblo ante el avance de las tropas aliadas. Y se convierte en el escenario de su muerte cuando solo unos días antes era el escenario de sus juegos. Los dos muchachos supervivientes acaban disparando contra sus propios soldados compatriotas al no poder aceptar que el sacrificio de sus amigos haya sido en vano. La historia concluye con una voz en off: “Esto ocurrió el 27 de abril de 1945. Fue tan irrelevante que no apareció en ningún comunicado de guerra.” Una de las películas de guerra más amargas que conozco aunque… ¿acaso hay alguna que no lo sea?  

“El puente”

En el Pont-Neuf, el puente más viejo de París, transcurre la mayor parte de la acción de una de las películas europeas más polémicas y a la vez atractivas de los últimos años, “Los amantes del Pont-Neuf” (Leos Carax, 1991). En ella se cuenta la historia de amor entre un vagabundo (Denis Lavant) que se ha instalado a vivir en el puente, y Michelle (Juliette Binoche), una chica de familia acomodada que se está quedando ciega. El puente, que se encuentra cerrado al tráfico por obras de reforma, se convierte en su refugio y en un lugar casi mágico en el que evoluciona la relación y el acercamiento de dos personalidades muy dispares. Esta historia de amor fou tiene una escena final que se adelanta a la ya muy popular que años después llevaran a cabo los protagonistas de “Titanic” encaramados en la proa del barco.

“Los amantes del Pont-Neuf”

Un uso diferente de los puentes en el cine es el de su inclusión para localizar la acción. Son abundantes, por ejemplo, las películas ambientadas en Nueva York que empiezan con una vista panorámica, a veces aérea, con el puente de Brooklyn u otro de los que une Manhattan con los barrios adyacentes. “Fiebre del sábado noche” (John Badham, 1977), se inicia precisamente con un plano del puente de Brooklyn con la isla de Manhattan al fondo. Y a continuación otro plano similar con el puente de Verrazano. Es una forma de expresar que para los habitantes de Brooklyn el primer puente les unía con lo inalcanzable (el Manhattan de la gente acaudalada) y el segundo con una zona en la que, por el contrario, podían sentirse superiores (Staten Island, donde se concentraban la mayoría de los inmigrantes con menor poder económico). En este caso el puente funciona como elemento de transición entre diferentes clases sociales, a través de sus correspondientes territorios.

“Fiebre del sábado noche”

Para finalizar esta breve revisión del protagonismo de los puentes en el cine, no puedo dejar pasar una de sus funciones, no prevista inicialmente al ser construidos, pero indudablemente real: su atracción para los suicidas. Cuando la protagonista de “La chica del puente” (Patrice Leconte, 1999), tras arrojarse al río Sena se encuentra en la sala de recuperación del hospital, un señor en su misma situación le pregunta con toda naturalidad: “¿De qué puente viene?”

martes, 6 de mayo de 2014

LA EXTRAORDINARIA GEOMETRÍA DE LAS HUERTAS

Esta noche he tenido un sueño extraño, lo cual no tiene nada de extraordinario porque casi todos los sueños lo son. Pero ha sido más bien una pesadilla: en una planta de pimiento crecían unos enormes tomates azules, y de un manzano colgaban unas roñosas peras. ¿Pesadilla de horticultor?

Huele a tierra removida y húmeda. Y empiezan a aparecer las primeras moscas de la temporada. Dos indicadores infalibles de que, un año más, el ciclo natural de las estaciones ha llegado a ese punto en el que los frutales florecen y las huertas o los huertos se acondicionan para las plantaciones que darán su fruto en el verano, dentro de dos o tres meses. Sugerente ese olor de la tierra aireada, dispuesta a colaborar y a transmitir sus mejores nutrientes a tomates, pimientos, lechugas, calabacines, acelgas… Es tiempo de plantación, o sea, tiempo de sudores y riñones doloridos. Es el precio que hay que pagar. Gustoso, eso sí. Porque la recompensa a lo largo del período estival es grande.

Cuando yo era pequeño en el pueblo cada campesino tenía su propia huerta con la que se abastecía. Al amanecer se oía cantar a los gallos (no como ahora, que los pocos que quedan cantan a cualquier hora) porque casi todos criaban gallinas. Los críos recogíamos hierbas de los caminos para los conejos. Y casi todos los aldeanos tenían un cerdo o una vaca. Cerdos, vacas, pollos y conejos aportaban la fertilidad a las huertas al servir sus excrementos como abono natural. Este ciclo de la naturaleza ha marcado, durante muchos años, una dependencia recíproca entre el reino animal y el vegetal. Las plantas son esenciales para los animales, que obtienen energía de ellas, y a su vez las plantas no podrían existir sin los animales, de los que dependen para su polinización (aves e insectos) y de su estiércol en forma de sustancias nutritivas. En definitiva, los unos necesitan de los otros y viceversa. Este es el ciclo básico de la naturaleza (animal-vegetal) sin el cual no existiría vida sobre el planeta.

Pero hay otro aspecto que siempre me ha llamado la atención de las huertas, su extraordinaria geometría, esas pequeñas o extensas retículas de plantas en filas y columnas, que van apareciendo de forma ordenada por llanadas y laderas. Recomiendo una mirada atenta y una mínima reflexión cuando os encontréis con alguno de estos “lienzos”, efímeros por otra parte. Reconozco que yo, en mi humilde y pequeña huerta, he sido incapaz, a lo largo de casi diez años de trasiego, de conseguir esa perfección de líneas paralelas y perpendiculares. Me quito el sombrero (de paja) ante ellas y ante ellos, los artistas de la horticultura.

Toca abonar antes de la plantación. Y como no crío ni gallinas, ni conejos, ni vacas, ni cerdos, me toca ir a buscar ese “perfumado” estiércol (de vaca, en este caso) cedido gentilmente por los auténticos aldeanos. Yo, un mero aficionado. Y espero que este año la cosecha se dé mejor que el pasado. Pero al final la naturaleza manda. Eso sí, prometo ventilar el coche tras el porte.

jueves, 24 de abril de 2014

DIBUJANDO BILBAO

Hace unas semanas tuve ocasión de leer, por indicación de una amiga, un artículo publicado por Ana Alonso en su blog El Clip infinito titulado “¿Por qué dejamos de dibujar?” Coincido totalmente con su lúcido análisis así como con sus propuestas.

Es habitual escuchar expresiones como “Es que yo no sé dibujar”; “Es que no se me da bien.” Y sin embargo todos tenemos esa capacidad innata. Hemos dibujado de niños y a través del dibujo hemos desarrollado nuestra comprensión hacia el mundo que nos rodea, siendo a su vez un medio de expresión y de juego. Pero cuando crecemos, de forma lamentable, perdemos o renunciamos a esa capacidad. Algunos de los motivos los apunta Ana Alonso: preponderancia de la educación lingüístico-verbal y lógico-matemática, relegando a un segundo plano la inteligencia espacial y la representación visual; asociación histórica del dibujo al arte y a la estética ignorando el resto de aplicaciones.

Entendiendo por tanto que el dibujo es, ante todo, una herramienta comunicativa, que estimula la imaginación y el pensamiento, hemos planteado una actividad dentro del programa de BAD (Bilbao Art District) que se va a celebrar el primer fin de semana del mes de Mayo en Bilbao (lógicamente). El programa completo de actividades está disponible en www.bilbaoartdistrict.com y aquí está nuestra propuesta. No lo dudéis, todos somos capaces de dibujar. No se trata de un concurso sino de conocer un poco mejor nuestra ciudad a través de unos apuntes realizados a pie de calle. A cada uno “lo que le salga”.

“BILBAO ART DISTRICT 2014” DIBUJANDO BILBAO

LIBRERÍA BINARIO & GARCÍA DE LA TORRE Arquitectos

“POR UN DÍA GUARDA LA CÁMARA DE FOTOS Y EL MÓVIL, COGE CUADERNO Y LÁPIZ Y DIBUJA BILBAO, SU ARQUITECTURA: SUS EDIFICIOS, SUS PLAZAS, SUS PARQUES, SUS PUENTES. “
 “ARTE DIGITAL… CON TUS DEDOS.”
“DESCUBRE LA ARQUITECTURA DE BILBAO DIBUJÁNDOLA. LA SENTIRÁS DE FORMA DIFERENTE.”

Viernes 2 de Mayo (10.00 – 19.00 h.)
Todo aquel que desee participar recogerá en la librería Binario (calle Iparaguirre, 9), a partir de las 10.00 h., un cuaderno y un lápiz o rotulador. Durante el día dibujará en la calle, a nivel de apunte, elementos de la arquitectura de Bilbao (edificios, parques, plazas, puentes), dentro del recinto establecido en Bilbao Art District.
A lo largo del día y hasta las 19.00 h. (hora límite) entregará ese cuaderno con los dibujos realizados en la misma librería, indicando datos personales, teléfono y correo electrónico.  Se le asignará un número de entrega.
Una selección de los dibujos se expondrá los días siguientes en la librería.
A partir de las 19.00 h, se sortearán entre los participantes unos lotes de los libros (2+2) y planos guía (12) “BILBAO arquitectura architecture” y “BILBAO nueva arquitectura new architecture”,  de los arquitectos Francisco Javier y Bernardo I. García de la Torre. 
Los arquitectos, durante el horario de la actividad, irán recorriendo el recinto acompañando a las personas que participen, comentando y asesorando sus trabajos.
No existe límite de edad y la técnica a emplear será la del apunte en blanco y negro, aunque se admitirán variantes con otras técnicas, siempre que se realicen en el cuaderno entregado.
Viernes 2 de Mayo (19.30 – 20.30 h.) Firma de libros:
Tras la entrega de los cuadernos de dibujo y el sorteo de los lotes de libros y planos, los arquitectos GARCIA DE LA TORRE estarán presentes en la librería Binario para comentar con todo aquel que lo desee aspectos relacionados con la arquitectura de Bilbao, así como para firmar ejemplares de los dos libros publicados. Asimismo la librería Binario celebrará sus 25 años de andadura.
Sábado 3 de Mayo (20.00 – 22.00 h.) Visita guiada nocturna:
El día 3 por la noche tendrá lugar una visita guiada a cargo de los arquitectos GARCIA DE LA TORRE, en el entorno del recinto de Bilbao Art District y alrededores titulada “LA NUEVA CIUDAD HACIA LA RÍA”, con una duración estimada de dos horas. Las plazas serán limitadas previa inscripción en la librería Binario a lo largo del viernes día 2 y el sábado día 3. Se establecerán dos grupos de 20 personas como máximo (total 40 personas).

jueves, 10 de abril de 2014

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA CASA “IDEAL”


Hace un par de años publicaba en este blog LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA “URBA”: No sé si un segundo capítulo convierte esto de los diez mandamientos en una serie. Ni sé aún si tendrá continuidad. Vamos, que sé muy poco.

Tras más de veinticinco años de trayectoria profesional, con la vivienda como uno de los pilares básicos de nuestra labor en el campo de los proyectos arquitectónicos, no había sido aún capaz de averiguar o dar con las claves que me permitieran desarrollar dichos trabajos con soltura y con la sensación de haber “pillado” el truco para satisfacer al cliente que se acercaba a nuestro estudio con la ilusión de construirse su casa. Pero bastaron, hace unos meses, apenas cincuenta minutos de visionado de un programa televisivo para ver ¡por fin! la luz al final del túnel. A partir de ahora todo será más fácil. En este programa se enseñan casas, unas veces presentadas por los arquitectos que las han diseñado y otras por los dueños de las mismas. Las enseñanzas son muchísimo mayores en este segundo caso, ¡dónde va a parar!

1 Montarás una cocina con isleta, para poder pulular alrededor intentando averiguar cómo meterle mano al programador digital de la placa de inducción de 3 metros cuadrados de superficie. ¿Y si nos hacemos un sándwich?

2 Dispondrás de espacios articulados en torno a una chimenea central (que no se usa porque se pone todo perdido), estableciendo además una extraordinaria fluidez entre el exterior y el interior. Vamos, que realmente no sabes dónde estás, si en tu casa o en la del vecino.

3 La vivienda dispondrá al menos de un espacio de doble altura, que genera una gran sensación de amplitud, y grandes quebraderos de cabeza para calefactarlo en invierno. El protagonista (arquitecto) de la película “Dos en la carretera”, ante el comentario de un amigo que visita su casa responde: “No son techos altos, son suelos bajos.”

4 Desde el interior de la vivienda disfrutarás de vistas. Vistas al mar, a la montaña, a la autovía que pasa a tres metros de distancia, al muro de hormigón que separa tu parcela de la granja de pollos…

5 Construirás una piscina, perdón, una lámina de agua desbordante, a ser posible climatizada y con el escudo del equipo de tus amores en el fondo, que usarás solo un par de veces al año, pero que en las fotos que subirás a Instagram con una copa de Martini (con sombrillita) en la mano quedará ideal.

6 El 90% de la fachada será acristalada (hay que dejar algo macizo para colgar esa máscara traída del safari en Kenia) y encomendarás su mantenimiento a unos diligentes limpiadores que tras la primera intervención no querrán volver. El control solar lo encomendarás a un programa domótico integrado que nunca aprenderás a manejar. Así que a sudar en verano y a tiritar en invierno.

7 En el sótano instalarás una bodega con capacidad para 5.000 botellas, aunque no te guste el vino. Deben quedar cubiertas todas las denominaciones de origen. Es opcional la disposición de una sala de proyección (una tele muy grande, vaya) anexa, con amplios sofás para quedarse dormido viendo “Memorias de África” (por lo del safari).

8 Colocarás una escalera diferente, de diseño, con peldaños de vidrio, en voladizo, sin barandilla, etérea… para que puedas decir a las visitas: “De momento no ha habido ninguna desgracia.” Sin olvidar la incorporación de iluminación espectacular que permita la creación de ambientes: ambiente azul, ambiente verde, ambiente rojo…

9 Dispondrás junto al dormitorio de un imprescindible vestidor, con una superficie mayor a la del propio dormitorio y con capacidad para, al menos, ropa y complementos en cantidad suficiente para no tener que repetir modelo a lo largo de un año (sea bisiesto o no).
  
10 Montarás un espacio para las fiestas en el exterior (un espacio fluido, no olvidar), a caballo entre el porche y el jardín, porque vas a tener de continuo a un montón de amigos súper-marchosos con los que vas a montar unas juergas increíbles. No puede faltar en este espacio la zona “chill out”, la barra de bar con ambiente caribeño y unos enormes altavoces para los que tendrás que excavar y construir una cimentación especial.

Estos diez mandamientos se resumen en dos:

Si eres arquitecto nunca deberás diseñar tu propia casa (los tics y las propuestas frustradas en proyectos anteriores la pueden convertir en una pesadilla).
Tendrás que poner un andamio cada vez que tengas que cambiar una lámpara de ese techo alto del que estás tan orgulloso.

Amén.

Epílogo:
No sé si las personas que enseñan esas casas “ideales” lo hacen porque se sienten orgullosos o porque quieren deshacerse de ellas. Me inclino por esto último.

Glosario (extraído de los comentarios escuchados en estos programas):
-       “Soy muy afán (fan) de los muebles de Mariscal.” Afán el que tú le pones, cariño.
-   “Las luces del techo son alucinógenas (halógenas).” Deben ser muy apropiadas para los fiestones. Había escuchado anteriormente “lámparas alienígenas”, se ve que hay mucha variedad en el mercado.
-       “Todo el salón es un espacio di stéfano. (diáfano)” Claro, para poder jugar a fútbol sin ningún impedimento o cortapisa. 

domingo, 30 de marzo de 2014

NO ME GUSTAN LOS REFRANES

Nunca me han gustado los refranes (“sentencias o dichos populares que enseñan o aconsejan algo”.) ¿Por qué? Hasta ahora no me había parado a pensar en ello. Simplemente me resultaban antipáticos.

Presumen de reflejar la sabiduría popular acumulada durante décadas. Y así surgen, por ejemplo, los refranes “meteorológicos”. Que si “En abril aguas mil”; que si “Marzo ventoso y abril lluvioso”… Analizando datos estadísticos, ni marzo es el mes más ventoso del año ni abril el más lluvioso. Así que por este lado no cuela. Qué decir de “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. No hay que ser demasiado espabilado para saber que a mediados de Junio, final de la primavera, el tiempo es ya bastante benevolente y no exige grandes coberturas.

Si alguien me dice “A quien madruga Dios le ayuda”, le contesto que, en primer lugar, dudo que Dios se moleste en ayudar a esas horas tan tempranas, probablemente ni se habrá levantado. A continuación le espeto: “No por mucho madrugar amanece más temprano.” Contradicción total en esa supuesta sabiduría popular.

“Lo bueno si breve, dos veces bueno.” ¿Por qué renunciar a un placer más extenso? Parece que estamos ante un caso de represión encubierta (o sin encubrir). Y que me decís a “Más vale pájaro en mano que ciento volando.” También destila cierto tufillo, falta de ambición, de búsqueda. Quizás sea el reflejo de una cultura y una sociedad conformista, que no se planteaba demasiadas preguntas.

Si hacemos caso a refranes marineros como “A barco desesperado, Dios le encuentra puerto” (otra vez con Dios a vueltas) o “Norte claro sur oscuro, aguacero seguro” frente a “Norte oscuro, temporal seguro”, llevamos todas las papeletas para ir a pique. Eso sí, “Tras mala navegación, el puerto sabe mejor.”

Hablando de las relaciones sociales, “De la buena gente guárdate, de la mala escóndete.” ¿Qué nos queda entonces, la gente regular? Y ojo con irse de viaje porque “El muerto y el ausente no son gente.” Eso sí, a la hora de elegir pareja hay que ser meticuloso porque si no… “Mal haya quien me casó con una mujer tan fea, que no la puedo sacar donde la gente la vea.”

Ante las cuestiones de trabajo el refranero, ¡cómo no!, también despliega toda su sapiencia. “A quien trabaja, el día nunca le parece largo.” Juro que a mí algunos días se me han hecho eternos. “El hombre a trabajar y la mujer a gastar.” Parece que en esta asunción de la división de tareas, ya de por sí clarificadora, se pasan por alto “algunas” de las realizadas por la mujer trabajadora en la casa. “Si trabajas por tu cuenta, nunca te saldrán las cuentas”, buen impulso y ánimo para los jóvenes emprendedores.

Y en torno a la educación, recomendaciones lúcidas y contundentes. “Al niño y al mulo, en el culo.” No está mal la equivalencia. “Ir contracorriente no es de hombre prudente.” Pues a seguir la corriente… o a ser imprudente. “La letra con sangre entra” o “No hay razón como la del bastón” dejan bien claro cuál es el método de enseñanza más efectivo.

Pues no me gustaban los refranes. Pero es que ahora, después de hacer este rápido repaso, siguen sin gustarme y además me estoy empezando a cabrear. Menos mal que “A la fuerza, ni el zapato entra” y además “Lo poco agrada y lo mucho enfada.”

Así que poco más voy a decir. Eso sí, en lugar de “Cien refranes, cien verdades” yo diría “Hombre refranero, hombre majadero.”

martes, 18 de marzo de 2014

LO SENCILLO

Lo confieso. He tenido la tentación de poner un título más llamativo a esta entrada que, probablemente, habría atraído a un mayor número de lectores, por aquello del morbo. Pero me he contenido. Me explico.

Recientemente el médico francés Frédéric Saldmann ha publicado en España un libro titulado “El mejor medicamento eres tú. La salud está en tus manos.” En él plantea una serie de consejos naturales con el objetivo de demostrar que, en muchos casos, podemos evitar pasar por la consulta del médico. El planteamiento del libro es que en el interior de las personas, a través de acciones sencillas, están los medicamentos que protegen y que hacen que el cuerpo se mantenga sano.

Como era previsible los medios de comunicación han cogido “el rábano por las hojas” y no se han cortado un pelo al difundir la noticia con titulares como “Eyacular doce veces al mes reduce a la mitad los riesgos cardiovasculares” o “Las mujeres que tienen menos relaciones sexuales son más propensas a desarrollar cáncer de mamá.” Titulares ilustrados con imágenes “sugerentes” con pies de foto como “Un hombre se desnuda delante de su pareja” ¿?? Pero lo realmente importante de todo esto es el fondo del discurso del médico francés: lo sencillo, el sentido común, como la mejor manera de resolver o prevenir problemas de salud, antes de pasar a otras soluciones más complejas.

Y esta actitud es extensible a cualquier actividad. Llevándolo, por ejemplo, al terreno de la arquitectura, recuerdo el concurso que se convocó hace unos años para la ampliación del edificio del Banco de España en Madrid. Cada arquitecto planteó su propuesta para la nueva edificación. Un equipo, encabezado por el catalán Oriol Bohigas, tras hacer un análisis del lugar y del programa planteado en la convocatoria, llegó a la conclusión de que la mejor solución era… no hacer nada. Así que presentaron un dibujo del solar totalmente vacío. Por supuesto su propuesta no ganó el concurso, que fue a manos de Rafael Moneo, si no recuerdo mal.

Hace unas semanas se nos requirió desde la propiedad de un edificio cultural y de espectáculos para aportar alguna solución que diese cobertura contra la lluvia a la fila de personas que se concentraban ante la taquilla para adquirir entradas. Estuvimos considerando conjuntamente soluciones constructivas más o menos complejas (cubiertas de vidrio, marquesinas de madera…) para llegar a una solución idónea. Tras varias jornadas de trabajo, una tranquila mañana en nuestro estudio con un plano del edificio encima de la mesa nos dimos cuenta de que la mejor solución era… no hacer nada. Porque el propio edifico en su configuración actual ya incluía la solución, con su amplio voladizo. Lo único que había que hacer era ¡cambiar la dirección de la fila! Mal negocio económico, sin duda, tirando piedras a nuestro tejado al aportar soluciones que nos privan de desarrollar un nuevo proyecto. Pero esa noche dormí con la conciencia muy tranquila.

A veces es necesario pararse a pensar, antes de adentrarse por inercia en sinuosos caminos de complejidad innecesaria. Lo obvio, lo sencillo, lo tenemos delante pero no lo vemos. Y las soluciones o las acciones sencillas están dotadas de una extraordinaria belleza. Pero debe ser aquello de que “los árboles no nos dejan ver el bosque”. Así que, eyaculaciones precoces, las justas, vaya.