domingo, 30 de junio de 2013

EL PANTEÓN DE ROMA

Interior

Cuando me preguntan cuál es mi película favorita mi respuesta es del tipo: “hay un puñado de ellas”; “depende de la época y del momento”; “hay unas que envejecen bien y otras no tanto”… Vamos, que no consigo mojarme. Algo parecido puede ocurrir con mi canción o mi libro favorito. Sin embargo, a la pregunta de cuál es mi edificio preferido respondo sin pestañear: “El Panteón de Roma”. Y he dado la misma respuesta, también sin pestañear, desde hace tres décadas.

Planta

Mi idilio con el Panteón de Roma (o Panteón de Agripa) se inició en la escuela de arquitectura a través de una asignatura de primer o segundo curso que, si no recuerdo mal, se denominaba Análisis de Formas Arquitectónicas. Y en ella me tocó destripar (medir, dibujar, despiezar, analizar…) este edificio. Y de ese trabajo surgió un amor platónico al ir descubriendo su geometría perfecta, su lucidez y sus ocultos alardes constructivos, su equilibrio entre la solidez estructural y la ligereza del espacio interior, casi etéreo…

Alzado / Sección

En mi primera visita a Roma, cómo no, lo visité. Y ese amor platónico se transformó en amor carnal al poder tocar sus paredes, pisar su suelo, quedar embriagado por su atmósfera interior. Acabé de comprender aún mejor algunas de sus claves constructivas y quedé absorto al pensar que este edificio había sido construido ¡diecinueve siglos atrás! En una entrada anterior de este blog he hablado sobre “la insoportable levedad de la arquitectura actual”, y sobre el valor que le asigno a la buena construcción, a la durabilidad y la solidez de las edificaciones. Y ahí seguía el Panteón, intacto.

Cada vez que he vuelto a Roma ha sido una visita obligada. Y lo seguirá siendo. En la última, el globo que tenía un niño entre sus manos decidió escapar y ascendió lentamente hasta atravesar el óculo superior de la cúpula y fundirse con el cielo azul romano. Una preciosa metáfora de la fusión entre el hombre, la arquitectura y la naturaleza que quedó grabada en mi retina. No es el más grande, ni el más espectacular, ni el más lujoso. Pero es, para mí, el mejor. Y gracias a él sigo pensando que, de mayor, quiero ser arquitecto.



domingo, 23 de junio de 2013

ASCENSIÓN AL MONTE ARMAÑÓN (22/06/2013)

Casi de forma milagrosa el cielo se abrió por la mañana y la meteorología nos brindó un paréntesis perfecto entre la lluvia y el frío para nuestra jornada montañera. Socios fundadores y nuevos fichajes (mascota incluida) en el equipo sudamos un poquito y cumplimos nuestro objetivo. Seguiremos explorando nuevas rutas.



1. Piano, piano…




2. “Cuernos-manivela”




3. Armañón al fondo




 
4. Enif ¡campeona!



 
5. Agüita fresca



 
6. Dejando atrás el valle de Trucíos-Turtzioz



 
7. Cruce de caminos



8. Aprendiendo a volar



9. ¡Ay que no paso!



10. En la cumbre del Armañón




11. El valle de Carranza-Karrantza




12. ¡Menudos pájaros!




13. Reponiendo fuerzas



14. Once pies… y una pata



15. “Me enamoré de una vaca”



16. Ermita y coso taurino en Cueto



17. Casa montañesa



18. Pozo barroco



19. ¡Bon apétit!




20. Surtido-degustación de postres

jueves, 13 de junio de 2013

UNA MUJER DEBE PONERSE UN VESTIDO ROJO AL MENOS UNA VEZ EN LA VIDA

Últimamente se han puesto de moda los títulos largos, tanto de películas como de libros. He decidido subirme al carro con el título de esta entrada. Es una frase que de repente ha aparecido esta mañana en mi cabeza al levantarme, de forma tan absurda como machacona. Y como le pasó a Paul McCartney con “Yesterday” (salvando las distancias, claro) no sé si es de creación propia o no. Más bien sospecho que no, pero me la apropio. Además creo que podría incluso dar nombre a una película. Me explico.

En 1953 Marilyn Monroe protagonizó “Niágara”, película con la que se consagró y se convirtió en el icono que todos conocemos. No es, ni de lejos, su mejor interpretación, pero una sola escena fue suficiente para potenciar todo su magnetismo: el color rojo de su vestido extendido al lápiz de labios sirvió para barrer de la pantalla a otra actriz, Jean Peters, mucho más hermosa incluso sin maquillaje. Sin duda la belleza serena de Jean Peters habría triunfado en la época del blanco y negro pero tuvo la mala suerte de coincidir con el rojo vivo del technicolor.

Mientras luce ese vestido rojo Marilyn entona una canción titulada “Bésame”. Esto es lo que ha quedado en nuestro subconsciente y apenas recordamos la auténtica trama de cine negro que recorre la película.


En ese mismo año, 1953, en el que es considerado por muchos como el mejor musical de la historia, “Melodías de Broadway 1955”, una deslumbrante Cyd Charisse nos ofrece su brindis al amor embutida en un vestido rojo de lentejuelas del que destacan sus infinitas piernas. Imposible no quedarse hipnotizado siguiendo sus vigorosos movimientos. Película que contagia el entusiasmo, la alegría de vivir, el enamoramiento. Viendo la escena inicial del paseo por el parque he llegado a la conclusión de que lo más importante para que una pareja funcione es que aprendan a caminar juntos.


Ya en 1989, una pletórica Michelle Pfeiffer se sube a un piano de cola para ofrecernos un número sensual y fascinante en la romántica y agridulce “Los fabulosos Baker Boys”, una película infravalorada, sin duda. Vestida de rojo carmesí, claro. Imposible no caer rendido. Una maravillosa historia de amores, fracasos y temores contada con elegancia, donde finalmente los protagonistas optan por una vida sin sobresaltos, sin problemas, prefiriendo una línea recta a una discontinua.


Cuando aparece un vestido rojo pasa algo, se desencadena una historia, alguien contiene la respiración, en el cine y en la vida. Por eso creo que… una mujer debe ponerse un vestido rojo al menos una vez en la vida.


 

miércoles, 5 de junio de 2013

SALIDA AL MONTE (4): MONTE ARMAÑÓN

Los Jorrios (847 m.) y Armañón (854 m.) son las cumbres más destacadas del cordal que separa el valle de Trucíos-Turtzioz del valle de Karrantza, dentro del Parque Natural Peña Ranero-Los Jorrios-Armañón. Una zona de interés medioambiental con gran variedad de especies animales y una importante masa forestal de bosque autóctono. En las amplias laderas del monte Armañón pastan vacas monchinas, ovejas de cara negra, pottokas… También es un área poblada de monumentos megalíticos. Desde su cima se divisa un amplio panorama de esta comarca encartada.

Situación

La salida está programada para el sábado 22 de Junio, coincidiendo prácticamente con el cambio de estación (aunque la primavera casi no la hemos olido este año). El recorrido parte del barrio trucense de Cueto, a 245 m. de altura. En este pequeño núcleo urbano podremos admirar alguna pequeña joya del patrimonio arquitectónico de los siglos XVII-XVIII: Palacio de Tueros, pozo barroco, ermita de Santa Isabel y coso taurino, casas montañesas. La ascensión es suave y se realiza a través de senderos y pistas en buenas condiciones. Tras un repecho final se accede a la cima del Armañón (854 m.) donde se encuentra el vértice geodésico y el buzón alpino.

Recorrido

Monte Armañón

En cuanto al grado de dificultad, se trata de una ascensión cómoda ya que, aunque la altura de la cumbre es de 854 m., partimos de una altitud de 245 m. a través de un recorrido sin dificultades. Así que a todos los que os apetezca disfrutar de esta ruta os animo a que os acerquéis a Islares, punto de encuentro. Desde ahí nos desplazaremos hasta el barrio de Cueto en Trucíos-Turtzioz donde iniciaremos la ascensión. Al terminar, y para no perder las buenas costumbres, habrá viandas para reponer fuerzas.


Datos técnicos

-       Fecha de salida: Sábado 22 de Junio, a las 9.00 h.
-       Lugar de salida: Urbanización El Oasis, Islares (junto a la gasolinera), Castro Urdiales. Desplazamiento en vehículo hasta Cueto (20 km.).
-       Desnivel: 609 metros.
-       Recorrido: 12 kilómetros aprox.
-       Duración: 3 horas y 30 minutos (ida y vuelta).


domingo, 26 de mayo de 2013

ESPACIOS ¿LIBRES?


Hace unas semanas se lanzó el primer globo sonda: “El Ayuntamiento de Bilbao busca nuevo emplazamiento para los conciertos al aire libre de la Aste Nagusia (Semana Grande)”. Me llamó poderosamente la atención que una ciudad como Bilbao, que en los últimos años ha sido objeto de una profunda renovación urbana que ha incluido la creación de un buen número de espacios públicos o espacios libres (parques, plazas, paseos…) no haya tenido en cuenta la disposición o reserva de un espacio apropiado para este tipo de eventos.

No sé si el problema ha sido de los gestores o de los diseñadores de dichos espacios o de ambos. A veces, los que somos responsables de dar forma a los espacios públicos nos empeñamos en llenarlos de cosas, parece que nos invade un “horror al vacío” que nos empuja a plantear láminas de agua, tapices verdes, topografías escalonadas, hitos y laberintos visuales… Todo un estupendo catálogo de elementos construidos que no dejan margen para un uso libre del espacio, perdiendo cualquier posibilidad de utilización versátil del mismo.

El segundo globo sonda anunciaba: “El Ayuntamiento se ha decidido por el Parque Europa de Txurdinaga. Serán necesarias ciertas adaptaciones como el desplazamiento de algunos árboles…” Inmediatamente intenté averiguar dónde se podían conseguir esos increíbles árboles móviles. Hoy lo pones aquí, mañana lo pones allá. Un chollo, vamos.

La semana pasada, visitando Lanestosa, un pequeño y precioso municipio de apenas 260 habitantes ubicado en el extremo occidental de Bizkaia, descubrí su Plaza Nueva, un espacio público creado para sustituir a la vieja plaza medieval. Junto al río y próximo a la iglesia, un suelo y unas ligeras construcciones perimetrales para el cobijo en los días de lluvia. Ni más ni menos. En este pequeño-gran espacio tienen lugar todas las actividades, eventos y celebraciones que se suceden a lo largo del año, incluida la tradicional danza de los arcos floridos que bailan los mozos del pueblo. Una mente lúcida entendió que no hacía falta más.

¡Ah! Hace unos días comprobé que el sinónimo de desplazar árboles es… talarlos. El chollo no lo era tanto.


martes, 14 de mayo de 2013

TOM HARRELL


La primera vez que escuché a Tom Harrell la impresión que recibí por la cálida sonoridad de su música fue enorme. Y cuando vi imágenes de algunas de sus actuaciones percibí que se trataba de alguien “diferente”. Sabía que había tocado con los mejores músicos de jazz, que actualmente está considerado como uno de los más grandes trompetistas, que ha sido definido como uno de los mejores improvisadores armónicos, que combina el jazz con aproximaciones a la música clásica… pero su actitud en el escenario, su perturbadora presencia-ausencia me indicaba que había algo más que yo no sabía. Y busqué en su biografía.

Nació en 1946 en Illinois. Niño brillante, aprendió a leer solo y empezó a tocar la trompeta a los ocho años. En el instituto ya tenía su propia banda de jazz. Mientras estudiaba composición en Stanford intentó quitarse la vida. Esto dio lugar a un diagnóstico de esquizofrenia paranoide, a los once años. Con tratamiento, logró terminar su formación escolar e inició su carrera musical. Ángela, su esposa a la que conoció en Nueva York, dice de él:
“Una vez que superas el desconocimiento inicial de su situación y de la forma en que le afecta... la enfermedad deja de convertirse en su aspecto más destacado. Para mí, la enfermedad mental no le define como persona. Lo que me llevó hasta él fue su inteligencia y lo divertido, cariñoso, honesto, afectuoso y desprendido que es... Podría seguir y no parar. Es sencillamente una persona enormemente sincera, muy real y espiritual, muy generoso y divertido.”

A menudo resulta difícil manejar el estrés a quienes sufren esquizofrenia y la vida de un músico está llena de viajes, lugares nuevos, cambios de horarios… Como dice Ángela “muy probablemente su entorno no es el mejor para estabilizar los síntomas pero, por otra parte, ha sido la música la que le ha ayudado a seguir adelante todos estos años.”

Un nuevo intento de suicidio  y una reacción casi mortal a uno de los medicamentos han jalonado su trayectoria profesional, pero él mismo dice:
“A veces los medicamentos me impiden pensar con claridad, como si me faltase oxígeno en el cerebro. La esquizofrenia me ha hecho más productivo y me ha forzado a adentrarme más en mí mismo, lo que, en cierto modo, me aísla socialmente. Las canciones me llegan a menudo por la noche, cuando se abre una puerta en mi mente.”

El próximo miércoles día 22, en el teatro Campos Elíseos de Bilbao, cerraremos los ojos como él hace, sin levantar la cabeza, y escucharemos las notas de su trompeta, su sonoridad intensa y delicada. Le acompañaremos en su “viaje a las estrellas”.


martes, 7 de mayo de 2013

CABALGAR EN SOLITARIO


“Cabalgar en solitario” es el título de una película protagonizada por el inefable Randolph Scott en 1959, en la que recorría las polvorientas llanuras del oeste americano a lomos de su caballo. Yo empecé a cabalgar en solitario unos cuantos años más tarde, a lomos de mi cabalgadura de dos ruedas. Y no protagonizaba ninguna película, simplemente viajaba recorriendo por primera vez el Camino de Santiago en un caluroso mes de Julio.

Existen diversos formatos de viaje, atendiendo a las personas que te pueden acompañar: en familia, en pareja, con un grupo de amigos… Hace poco descubrí que existe una ¿nueva? modalidad, a través de una publicidad personalizada que me hizo llegar el “gran hermano” Google: los viajes para singles. Tuve que informarme para aclarar este concepto así que quien no lo conozca, que se informe igualmente. Pero en aquel caluroso mes de Julio descubrí una nueva modalidad que hasta entonces no había practicado: el viaje en solitario. Y fue de manera casual. El viaje en bicicleta a dos se convirtió en viaje a uno por la renuncia en el último momento de mi compañero de pedaladas. Siempre he pensado que su señora esposa tuvo algo o mucho que ver en ello, aunque me imagino que lo negará eternamente. Ya sabemos que esto de los recuerdos es algo muy selectivo.

A partir de aquella primera experiencia no programada volví a repetir en varias ocasiones esto de la cabalgada en solitario pero, ahora sí, con premeditación y alevosía. Lo que da idea de que la historia no resultó nada frustrante, más bien al contrario. Con ello no intento hacer apología de esta forma de viajar como la única interesante ni siquiera como la más interesante. Pero admito que, al menos a mí, me ha aportado sensaciones muy profundas y recuerdos imborrables. Así que de vez en cuando…

Los inconvenientes o desventajas respecto a un viaje en grupo son tan evidentes que no considero necesario indicarlos siquiera. Pero entonces ¿cuáles son las ventajas? ¿qué puede aportarnos un viaje en solitario? Tranquilos que no me voy a poner cachondo con aquello del viaje interior y de encontrarse a uno mismo. Es mucho más banal. En primer lugar, te obliga a tomar constantemente tus propias decisiones sin dejarlas en manos ajenas, un buen aprendizaje. En segundo lugar, existe una mayor receptividad y comunicación con la gente (o los animales) que te vas encontrando a tu paso. Es decir, vas generando compañeros de viaje puntuales y no programados, lo que resulta muy enriquecedor. En tercer lugar, tú mismo estás mucho más receptivo hacia el entorno que te rodea al no haber nadie que te distraiga, tus antenas captan hasta el más mínimo detalle y eres testigo de momentos que de otro modo te habrían pasado desapercibidos. Sí, te conviertes de alguna manera en “voyeur”.

Y de estas cabalgadas en solitario han ido surgiendo algunas historias y anécdotas que en forma de relato ya han aparecido en este blog y seguirán apareciendo. Por ejemplo, aquel intenso encuentro con una preciosa vaca rubia titulado “Amor no correspondido”, que resume muy bien las aportaciones que antes indicaba.

Así que, ¿por qué no poner al menos un viaje en solitario en tu vida? Ah! Lo de viajar en bicicleta es solo una opción. Pero ésta es ya otra historia.  


domingo, 28 de abril de 2013

LA FELICIDAD


La Asamblea General de la ONU designó recientemente el 20 de Marzo como “Día Internacional de la Felicidad”. ¿Es una buena o una mala noticia? Analizando otros Días Internacionales (de la mujer, de la no violencia, de la eliminación de la discriminación racial…) más bien me inclino por lo segundo. O dicho de otra forma, parece que las mentes pensantes de dicha organización han considerado que la felicidad no goza de buena salud y necesita que le den un empujoncito. Y para ello, entre sus resoluciones, invita a su inclusión en las políticas de los gobiernos.

Esto suena un poco raro. Pero lo más sorprendente viene ahora. La iniciativa parte de Bután, un pequeño país situado en el sur de Asia, junto a la cordillera del Himalaya, cuyo nombre significa “la tierra del dragón de truenos”. Un país que antepuso al tradicional índice PIB (Producto Interior Bruto) un nuevo concepto: el índice de Felicidad Interior Bruta (FIB).

El 2 de junio de 1974, en su discurso de coronación, Jigme Singye Wangchuck dijo: "La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto". Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo. No fue un mero eslogan. Desde aquel día, la filosofía de la felicidad interior bruta ha guiado la política de Bután y su modelo de desarrollo. La idea es que el modo de medir el progreso no debe basarse estrictamente en el flujo de dinero. El verdadero desarrollo de una sociedad, defienden, tiene lugar cuando los avances en lo material y en lo espiritual se complementan y se refuerzan uno a otro. Cada paso de una sociedad debe valorarse en función no sólo de su rendimiento económico, sino de si conduce o no a la felicidad.

Y ¿qué es la felicidad? Si atendemos a la definición antigua de la RAE, felicidad es: “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Pero curiosamente hace un par de años la RAE enmendó esta definición por esta otra: “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Más en consonancia con el FIB, sin duda.

Basándome en esta definición, hace tiempo que renuncié a ser feliz. Dicho así suena un poco bestia. He dicho que renuncié a ser feliz, no a estar feliz. Puede parecer un pequeño matiz verbal pero no lo es, al menos para mí. Supone pasar de la búsqueda de la felicidad como estado permanente y como objetivo vital, a la satisfacción de los momentos puntuales, de los pequeños detalles, de las ilusiones a corto plazo, de las personas con las que puedo compartir emociones aquí y hoy, sin pensar demasiado en lo que pueda pasar a largo plazo.

Hace unos días, mientras volvía a casa en el coche, sonó en la radio una canción que no escuchaba desde hacía mucho tiempo. Y me pareció, tanto por su música como por su letra, la definición perfecta de esa felicidad que ahora estoy disfrutando, que a veces llega sin darme cuenta, que me pilla de improviso sin haberla buscado. Y estuve feliz un buen rato, con mi FIB por encima de la media.


domingo, 21 de abril de 2013

¿QUÉ HACEMOS CON EL ARCO DE SAN MAMÉS?


Las obras del nuevo estadio del Athletic de Bilbao avanzan y pronto se derribará el viejo estadio para completarlas, lo que traerá consigo el desmantelamiento del arco de San Mamés. En principio no parece que esté prevista ninguna reutilización del mismo aunque algunas voces se han pronunciado en este sentido. Conocer su historia nos puede ayudar a expresar una opinión al respecto.

Entre 1951 y 1953 los arquitectos Domínguez Salazar, Magdalena, de Miguel y el ingeniero Fernández Casado plantearon una solución constructiva para la nueva tribuna, de gran expresividad estética y enorme audacia técnica, reconocida en numerosas publicaciones especializadas. Dicha solución permitía que la cubierta de la tribuna colgase de esta estructura mediante unos cables, evitando la disposición de apoyos intermedios.
Este arco ha llegado a convertirse en emblema, no ya del club, sino de la ciudad. No soy futbolero, por lo que no soy sospechoso de “forofismo” en este caso. Me viene ahora a la cabeza la imagen de un cuadro del pintor Jesús Mari Lazkano en el que representa a un Bilbao cubierto por las aguas del que solo sobresale una construcción: el arco de San Mamés.

Sin embargo parece que no han sido razones suficientes para permitirle una vida más larga. Ni por parte del club, ni por parte de las instituciones locales, ni por parte de los técnicos redactores del nuevo proyecto. Me temo que sus escasos sesenta años de vida pueden ser uno de los motivos. Hace unas semanas planteaba en este blog mi opinión sobre la rehabilitación de la iglesia de Castro Urdiales. Rehabilitación en la que, indudablemente, sus varios siglos de existencia han pesado por encima de su escaso valor arquitectónico. Admito, eso sí, algunos de los argumentos expresados a favor de la memoria histórica que supone para los habitantes de esa localidad cántabra. Pero en este caso parece que se invierte la historia. La memoria histórica también es evidente, sus cualidades constructivas son innegables, pero ¡ay! su breve cronología parece apartarlo de la gloria.

Por seguir con las comparaciones, el arco de San Mamés ha convertido a su estadio en la catedral del fútbol. Catedral frente a iglesia. No hay color. Me diréis que esto es una bilbainada. Lo es, sin duda. Y probablemente ya sea tarde para una salida digna a tan representativa estructura. He escuchado propuestas que pretenden convertirlo en pasarela sobre la ría. Otros plantean trocearlo y repartirlo entre los aficionados. Tal vez lo más coherente habría sido integrarlo en la nueva construcción que, al fin y al cabo, se ubica en el mismo lugar. Una manera de dar continuidad a la historia local y enlazar lo viejo con lo nuevo. Sin embargo todo parece indicar que la pérdida del arco de San Mamés dejará una ciudad amputada. Una oportunidad perdida para el reconocimiento del talento y el esfuerzo de unos profesionales que nos precedieron y nos brindaron un nuevo símbolo para Bilbao.

Por tanto, ¿qué hacemos con el arco de San Mamés?...si es que hay que hacer algo.     

viernes, 12 de abril de 2013

LA CIUDAD COMPACTA


Hace unos días la consejera vasca de Medio Ambiente y Política Territorial, Ana Oregi, en la presentación de la filosofía que orientará su estrategia de ordenación del territorio durante esta legislatura, declaró su apuesta por “recuperar la densidad de los asentamientos, limitar los procesos de expansión de las zonas edificadas y hacer de la renovación y la reutilización de espacios construidos el eje fundamental del desarrollo territorial vasco.” O, dicho de otra forma, hacer unas ciudades más compactas, menos esponjosas o desparramadas.

Este discurso se inscribe dentro del término tan utilizado últimamente de la sostenibilidad, que en cuanto al urbanismo se refiere consiste en evitar la destrucción de suelos que son soporte para la vegetación y el sector primario, mejorar la gestión de residuos, la gestión del agua y reducir los desplazamientos en vehículo privado en beneficio del transporte colectivo. Estos argumentos no son nuevos y ya desde hace unos años se debate en este ámbito de la ordenación territorial sobre cuál es el modelo ideal de ciudad de cara al futuro, teniendo en cuenta que la batalla de la sostenibilidad se librará básicamente en las ciudades, ya que el 50% de la población mundial vive en grandes urbes y la previsión para 2050 es que el porcentaje ascienda al 90%.

Si repasamos la historia urbana de nuestra ciudad, Bilbao (y el ejemplo se repite en muchas más), podemos comprobar que ya a finales del siglo XIX y principios del siglo XX convivían planteamientos sobre los nuevos asentamientos residenciales claramente antagónicos. Desde los proyectos de viviendas unifamiliares y bifamiliares, con una baja densidad y un planteamiento naturalista muy ligado a un ámbito rural (Ciudad Jardín, de Pedro Ispizua), hasta los proyectos de viviendas en bloque y en altura (Torre Urízar, de Ricardo Bastida), pasando por soluciones intermedias de viviendas adosadas en hilera (Barrio Irala, de Enrique Epalza). Los argumentos esgrimidos por Ricardo Bastida, gran estudioso y lúcido urbanista, para apostar por una ciudad más compacta eran fundamentalmente de carácter económico. Y ese es un parámetro que, junto a otros que han ido apareciendo, forma parte hoy también del discurso de la sostenibilidad.

Lo curiosos del caso es que las declaraciones de la consejera se realizan desde la sede del Gobierno Vasco en Lakua, Vitoria, cuyo entorno responde precisamente a un desarrollo urbanístico de estos últimos veinte años que se sitúa en las antípodas de la actual declaración de principios. ¿Qué hacemos ahora con los nuevos barrios de la capital de Euskadi estructurados en torno a inmensas avenidas, enormes espacios verdes e interminables rotondas? ¿No nos interesa ya el título de “ciudad verde” concedido recientemente? ¿Cómo la compactamos? Afortunadamente contamos con alguien entrañable e infatigable que nos podrá echar una mano.