jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS “LUNNIS” DE SANI. 2ª parte.

Para entender lo que viene a continuación antes hay que leer esto: http://www.echonovemberecho.blogspot.com.es/search?q=los+lunnis+de

La celebración no empezó con buen pie. Más bien con algún traspié. A partir de ahí la cosa fue mejorando. Incluso recuperamos a algunos históricos socios fundadores. Eso sí, seguimos sin patrocinador, las camisetas tuvimos que financiarlas mediante “crowfunding”. En el 2025 más y mejor.

 …Y no habíamos empezado a beber.

Esto sí es un equipo elegante.


 En el Uria, lugar de encuentro.

 ¿Quién habrá hecho ese logo tan chulo?

 A los Lunnis les caen 10, y a Miguel…

 Que no falte el pulpo…

Ni las navajas, ni la merluza, ni…


Las “batallitas” de Ramón.


 Demasiadas coca-colas ¿no?

 No tengo palabras.

 Sopla tú que a mí me da la risa.

 10-60. Gana el equipo visitante.

 Que no falte el valenciano.

jueves, 5 de noviembre de 2015

LLORAR CUESTA 74 EUROS


Llorar no es gratis, al menos en Japón, un país en el que expresar los sentimientos abiertamente es casi un tabú. Un céntrico hotel de Tokio ha dispuesto una serie de habitaciones, denominadas las “habitaciones del llanto”, en las que por un ¿módico precio? (entre 74 y 148 euros) se puede llorar a moco tendido, sin vergüenza y sin miedo a ser objeto de burla o desdén. En sus estanterías, películas y libros de marcado perfil lacrimógeno ayudan en el empeño.

Hace tiempo, al menos en la cultura occidental, se abandonó la idea de que las lágrimas eran un signo de debilidad y que llorar demostraba una personalidad inmadura. Incluso distintos estudios científicos han ido abonando la idea de los beneficios del llanto: anestesia natural contra el dolor, eliminación de toxinas, hidratación de los ojos, eliminación de gérmenes nocivos… Por tanto, tras conocer las bondades que aporta a nuestra salud emocional y física deberíamos tener totalmente asumido que no debemos sentir temor ni vergüenza cuando una lágrima asoma amenazante bajo nuestros párpados.

Todo esto estaría muy bien si no fuera por un pequeño detalle: las “habitaciones del llanto” japonesas han sido diseñadas solo para mujeres. A lo que sumo otro pequeño detalle: buscando documentación gráfica para ilustrar esta entrada, de las 100 primeras imágenes aparecidas bajo el epígrafe “llorar”, 69 correspondían a mujeres, 24 a niños o bebés y solo 7 a hombres con el lacrimal desbordado. Por lo visto lo masculino está reñido con los beneficios del llanto. O se practica “en la intimidad”.

Se me ha ocurrido bucear en el séptimo arte para comprobar si los tipos duros del cine han tenido que forzar alguna vez su glándula (la del párpado) por exigencias del guion y el resultado ha sido éste: todos han llorado en alguna ocasión pero, por regla general, sin desatarse, conteniendo el sentimiento, con mesura. Aquí van algunos:

Clint Eastwood


Humphrey Bogart


Marlon Brando


Dustin Hoffman


Robert de Niro


Brad Pitt


Incluso “El hombre de lata”, que a pesar de su robusta coraza no era un tipo muy duro.


Sin embargo, no puedo resistirme a cerrar este repaso cinematográfico sin incluir una secuencia de “Paris, Texas” (Win Wenders, 1984), protagonizada por Harry Dean Stanton y Nastassja Kinski, con un estremecedor primer plano fijo de más de tres minutos de duración (entre los minutos 4.43 y 7.50 del vídeo). Sí, la que llora es una mujer. Y la sutil música de fondo de Ry Cooder también ayuda. Pero esa es otra historia.

Nastassja Kinski


martes, 20 de octubre de 2015

EN BUSCA DE LOS ALISIOS (1)

Tráiler o avance del documental “EN BUSCA DE LOS ALISIOS”. Con la canción “We are one” de The Godoys Wonderers, a los que agradezco su generosidad. Hasta aquí puedo leer… de momento.

La película completa, PRÓXIMAMENTE, en alguna pantalla.


lunes, 12 de octubre de 2015

RUTA POR EL ENCINAR DE SOPEÑA (10/10/2015)

Condiciones inmejorables para un recorrido por el monte: día soleado y nítido, con una temperatura agradable. Iniciando la ruta en el barrio del Suceso (Karrantza), junto a su iglesia y coso taurino, nos fuimos aproximando a las faldas del monte Armañón, con unas amplias vistas sobre el valle. A la altura del dolmen de la Lama un grupo de “disidentes” consideró el perfil de la ruta excesivamente suave y acometieron la ascensión a la cumbre. Sí, del Armañón. Para ser consecuentes con su disidencia también decidieron perderse en el descenso mientras el resto del grupo nos internábamos en el encinar. Pero todo acabó en un feliz reencuentro.

La gran sorpresa fue descubrir que la rana colorada de San Antonio realmente existe, y nos hizo los honores de salir a nuestro encuentro. La próxima primavera, más y mejor.

NOTA: Pinchando sobre cualquiera de las fotografías se abre la galería de imágenes.

01. Arrancando motores

02. Setón

03. “Me gusta cuando bala la ovejita…” (En recuerdo de Javier Krahe).
  
 04. Campo a través

05. Valle de Karrantza, con el Paso o Portillo de la Cadena al fondo
  
06. Dos de los “novatos”
  
07. ¿Dónde está la vaca?

08. Divisando el Encinar de Sopeña

09. ¡Rubia!

10. ¡Morenos!

11. En el Dolmen de la Lama, invocando a las fuerzas telúricas

12. Diez, eran diez. Nos falta el portero

13. Encontramos el hueso del “sustanciero”

14. Los “disidentes” en acción

15. Cruce de caminos

16. Descenso por el encinar


17. Pasando bajo el arco de triunfo


18. ¿Dará para un revuelto?


19. ¡La rana de San Antonio!

20. ¡Qué verde era mi valle!

21. La traca final


22. Ya divisamos la virgen

23. Saludando al tendido. ¡Buena faena! (Fotografía de Marta R.)


24. Seguimos siendo diez

25. Dando cuenta de las viandas. Adivinanza: ¿quiénes son madre e hija?


 
26. Final de la jornada, mirando al mar. (Fotografía de Marta R.)


27. ¡Exclusiva! El reportero gráfico jugándose el tipo.(Fotografía de Amaia B.) 

jueves, 1 de octubre de 2015

SALIDA AL MONTE (10): ENCINAR DE SOPEÑA

El Encinar de Sopeña se ubica dentro del territorio del Parque Natural de Armañón, en la comarca de las Encartaciones (Enkarterri), en la parte occidental de Bizkaia que limita con Cantabria. En la primavera de 2013 ascendimos precisamente a la cumbre del monte Armañón y, en esta ocasión, haremos un recorrido por su ladera Sur donde, al abrigo de sus farallones rocosos, protegido de los vientos del Norte y al amparo de un cálido microclima se ha desarrollado este bello encinar de tipo mediterráneo, muy difícil de encontrar en nuestro ámbito geográfico.

Se trata de un recorrido circular que iniciaremos en el núcleo rural de El Suceso (Karrantza) (435 m.), donde se encuentra el monumento a la Virgen del Buen Suceso, la iglesia y un coso taurino (elemento típico de esta zona que ya vimos en el barrio trucense de Cueto durante la ascensión citada). Nos encaminaremos en dirección Norte hacia el Armañón a través de un ligero ascenso a través de los prados, que culmina en el Dolmen megalítico de La Lama (720 m.). Divisaremos los antiguos cotos mineros del Toral y en ese punto comenzaremos a internarnos en el intrincado encinar que, poco a poco, se va abriendo hasta convertirse en dehesa, paisaje más propio del territorio extremeño o andaluz. El camino de vuelta se realiza sin apenas pendientes a la sombra de coníferas y plantaciones de roble americano.

Situación

La salida está programada para el sábado 10 de Octubre, con los colores otoñales en todo su esplendor. La primera parte del recorrido discurre por pistas abiertas y la segunda parte por caminos entre bosques.

Recorrido

Perfil

Valle de Karrantza

Encinar de Sopeña

En cuanto al grado de dificultad, se trata de una ruta cómoda, con dos partes bien diferenciadas: la primera con un recorrido en ligero ascenso, hasta el Dolmen de la Lama, y la segunda, en descenso inicialmente y con un tramo bastante llano en su parte final.
Disfrutaremos del amplio y variado arbolado, de plantas coloridas como el brezo, arbustos como el acebo y, si tenemos suerte, de animales como la vaca monchina, la oveja de cara negra, la rana de San Antonio y algún que otro ciervo.
Y hablando de ciervos, a la vuelta, para no perder las buenas costumbres, habrá viandas para reponer fuerzas.

Datos técnicos

-       Fecha de salida: Sábado 10 de Octubre, a las 9.00 h.
-       Lugar de salida: Urbanización El Oasis, Islares (junto a la gasolinera), Castro Urdiales. Desplazamiento en vehículo al alto del Suceso (28 km.).
-       Desnivel: 285 metros.
-       Recorrido: 11,5 kilómetros.
-       Duración: 3 horas aprox.

jueves, 17 de septiembre de 2015

ARQUITECTOS BAJO TIERRA


Hubo un tiempo en el que dedicarse a la profesión de arquitecto suponía asumir toda una vida dedicada en cuerpo y alma a un único proyecto, y una muerte segura como “premio” a dicha dedicación. Eso era vocación. Como la que tenía Vashtar, el arquitecto que diseñó la pirámide de Keops para el faraón del mismo nombre en la dinastía IV del Antiguo Egipto. Vashtar sabía que el pago a su trabajo consistiría en ser sepultado bajo las piedras de la pirámide, junto con la familia del faraón y sus tesoros, para que no pudiera revelar los secretos de tan extraordinaria construcción. Estos hechos se relatan en la película “Tierra de Faraones” (Howard Hawks, 1955), y en la siguiente secuencia se recoge el momento en el que el arquitecto presenta al faraón, su cliente, el mecanismo ideado para el sellado de la cámara mortuoria:

“Land of the pharaohs”

En este caso el anciano arquitecto casi ciego y su hijo, que había sido su mano derecha durante los últimos años de la construcción, fueron perdonados y liberados, al menos en la ficción de la película.

Sin embargo, 4.500 años después, el arquitecto Ma Won Chun no ha corrido la misma suerte. En el acto de inauguración del aeropuerto internacional de Pyongyang, construido según proyecto suyo, se echó en falta su presencia. Tras una serie de investigaciones se descubrió que su “cliente”, el mandatario norcoreano King Jong-un, había ordenado su ejecución al considerar que no se había ajustado al programa planteado y que el resultado no era de su agrado.

Aeropuerto de Pyongyang

Así que, compañeros de profesión, colegas, no olvidéis leer la letra pequeña de los contratos de redacción de proyectos o, mejor aún, mirad a los ojos a vuestros clientes e intentad discernir si tras ellos se oculta ese pago de honorarios “en especias”. Nunca se sabe.

NOTA: También 4.500 años después de que aquel brillante arquitecto ideara el mecanismo para el sellado de la cámara real, tuve la oportunidad de utilizar esa misma técnica, basada en el desalojo de la arena, en una de mis obras. A muy pequeña escala, por supuesto. Y también fui perdonado. Gracias Vashtar, te debo una.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

NUDOS

Esa hamaca que había cruzado el Atlántico merecía, sin duda, que se le diera un uso adecuado en un lugar apropiado. Así que, a falta de un par de robustas palmeras de las que pudiera ser colgada, opté por lo que tenía a mano: un manzano y un peral. La distancia entre los frutales era perfecta pero su escasa altura y la endeblez de sus ramas dieron al traste con el proyecto de “espacio flotante para el relax”. Días más tarde, y con mi orgullo herido, volví a la carga. Analizando y pensando (dos acciones que apenas realizamos), y después de considerar opciones complejas y costosas, llegué a una solución, sencilla, muy sencilla: consistía en cambiar el “as de guía” por la “vuelta de escota”. ¿Ein?

Sí, el universo de los nudos, además de apasionante y útil, tiene algunos de estos “nombrecitos” que forman parte de la terminología náutica: ballestrinque, de palangre, de cornamusa, de calabrote, en ocho corredizo, falcaceados, ayustes… En “El libro Ashley de los nudos”, publicado hace setenta años, se contabilizaban ya más de tres mil ochocientos. No nos asustemos, conociendo una docena de ellos nos podemos defender en cualquier situación de amarre o de unión que surja tanto en el mar como en tierra firme.

Los nudos han existido desde que existen cuerdas (o cabos) para atarlos, ya que un trozo de cuerda es algo bastante inútil sin un nudo que lo ate a algo. Y se han utilizado para todo tipo de cosas: llevar cargas, cazar, atar animales, construir casas… o ejecutar enemigos. De su uso meramente práctico desde hace trescientos mil años se pasó a su integración en el mundo del arte y la artesanía a partir del siglo XVIII (maquetas, costura, cestería…) e incluso a su utilización simbólica: el nudo de rizo como representación de la unión romántica, por su limpia simetría.

Nudo de rizo

Los nudos también han formado parte de la leyenda, como el mítico nudo gordiano que nadie lograba deshacer hasta que llegó Alejandro (más adelante Alejandro Magno) que lo deshizo de un espadazo, metáfora de que los problemas aparentemente irresolubles (como el de la hamaca) pueden solucionarse con simples (aunque brutales en este caso) métodos. Poderes mágicos también han sido atribuidos a los nudos, como el de controlar el viento, que los marineros supersticiosos creían conseguir a través de los “nudos de viento”. Y la religión tampoco ha permanecido inmune al potente simbolismo de los nudos y, por ejemplo, los judíos devotos se fijan unos cordones anudados en las esquinas de sus mantos de oración como signo de protección.

En las largas travesías que los barcos realizaban en el mar (antes de que aparecieran los barcos a vapor), uno de los pasatiempos que elegía la mayoría de los marineros en su tiempo libre era hacer nudos.

Marineros aprendiendo a hacer nudos

Así que os propongo una entretenida práctica para unos minutos ociosos: aprender a hacer el As de guía, un lazo, probablemente el rey de los nudos, que durante los últimos quinientos años ha sido la elección indiscutible de todos los marineros. Seguro, fuerte y fácil de hacer. Y divertido: la serpiente, el árbol y el lago tienen la culpa.

As de guía

Tumbado en la hamaca mirando al cielo, no escucho el rumor de las olas ni siento en mi rostro la suave brisa de las playas caribeñas. Pero oigo el cri-cri de los grillos. Y veo allí arriba titinear las estrellas… y una enorme manzana reineta balanceándose amenazante sobre mi cabeza. ¡Reto conseguido! 

jueves, 20 de agosto de 2015

EL SUSTANCIERO

Días y noches de verano en el pueblo, años de infancia y juventud. Una vivencia que casi todos hemos tenido y añoramos: la bicicleta, las fiestas de los barrios, las chicas; los pimientos de la huerta, los baños en el río, las chicas; la pila de hierba, los bailes en las romerías, las chicas.

Pero además de todo esto, y de las chicas, recuerdo las tertulias (no las televisivas, afortunadamente) que tenían lugar después de cenar, en el pórtico de la ermita junto a nuestra casa. Era una reunión atípica por su carácter intergeneracional (de ocho a ochenta años) y su interculturalidad (los “urbanitas” que habíamos aterrizado por allí y los “rurales” de toda la vida). Se hablaba un poco de todo y, lo más interesante, se contaban historias. Este apartado estaba reservado generalmente a los más veteranos. Y eran historias que se repetían año tras año. Pero yo disfrutaba mucho con ellas, con sus escenificaciones y con las pequeñas variantes que se iban introduciendo con el paso del tiempo.

Recuerdo con nitidez una de las historias que contaba mi abuela, la del “sustanciero”, palabra que el corrector me subraya en rojo porque, es cierto, no está recogida en el diccionario de la R.A.E. El “sustanciero” era (no tengo constancia de que exista en la actualidad) un hombre que recorría las calles del pueblo con un saco a cuestas al grito de “¡Sustancia, sustancia!” y que, cuando era requerido desde alguna casa, sacaba del saco un hueso de jamón o de vaca y lo introducía en la olla que estaba al fuego por un módico precio. Quince minutos tenían la culpa para dejar toda la sustancia y el sabor en el guiso, si es que aún le quedaba algo de esencia al hueso, antecedente de las pastillas de caldo Avecrem o Starlux (aquí se pueden decir marcas) que llegarían unos años más tarde.

Recreación. Fotografía de José María Moreno García.

Mucho tiempo después de haber escuchado esta historia anduve fisgando por aquí y por allá y pude comprobar que este personaje, este oficio al fin y al cabo, no era exclusivo de nuestra comarca sino que también se habían “sustanciado” caldos en otros puntos de la geografía española. Es más, historias paralelas sostenían que el susodicho, en algunos casos, dejaba en las casas alguna sustancia más que la que iba a parar al caldo. Vamos, que debía haber repartidos por los pueblos una buena colección de vástagos de “sustanciero”. ¡Mentes calenturientas! Esta variante no la recuerdo yo de boca de mi abuela, a no ser que mi corta edad me impidiese interpretar adecuadamente sus palabras. Probablemente se trate de una leyenda urbana más (rural en este caso), como la del “butanero” o la del “fontanero”.

Sea como fuere, siempre me pareció una historia fascinante la del “sustanciero”. Y bien pensado, esa sabrosura que el esquelético hueso aportaba al guiso ¿no respondería en realidad a un efecto placebo? ¿A una cuestión más de fe y de deseo que de paladar? Es probable. Y me pregunto también si en la actualidad existe alguna actividad similar que acceda a nuestras casas y dé sustancia a nuestros guisos, a nuestros días, a nuestras vidas… Algo o alguien que consiga, en pocos minutos, hacernos creer que todo es mejor, más bonito y más sabroso de lo que en realidad es. Que nos haga creer que somos guapísimos, que todo lo que hacemos es súper-guay y que toda la gente nos quiere con locura. Que “me gusta” lo que haces, “te comparto” y, si te descuidas, “te etiqueto”. ¿No será “el Facebook” nuestro “sustanciero” del siglo XXI?

Nota: No pienso actualizar mi foto de perfil… hasta que cambie de ojo.

miércoles, 5 de agosto de 2015

LA TORTILLA DE PATATAS PERFECTA

Empezaré por desmentir mi propio titular: la tortilla de patatas (o de patata) perfecta no existe. Porque son tantas las formulaciones y recetas de este plato tan arraigado ya en nuestra cultura que sería muy atrevido postularme por una de ellas. Ni siquiera yo tengo una receta definitiva. Si ya “las patatas fritas perfectas” http://www.echonovemberecho.blogspot.com.es/2013/09/las-patatas-fritas-perfectas.html
 dan origen a numerosas variantes, procedimientos y debates qué decir cuándo añadimos uno o dos ingredientes más: hasta el infinito y más allá. Que yo sepa no existe aún el Museo de la Tortilla de Patatas, pero desde aquí lanzo la propuesta: historia, materias primas, escuelas y estilos, recetarios, utensilios, talleres…

Y como casi siempre sucede, el primer debate aparece en la atribución de su origen: que si durante las guerras carlistas el general Zumalacárregui y sus tropas se detuvieron en el caserío de una señora navarra quien, a falta de algo mejor, se esmeró en prepararles un plato juntando los únicos ingredientes que tenía; que si su origen está en Galicia o en Extremadura; que si se debe a un cocinero aragonés… No me voy a internar por estos caminos inescrutables. Lo cierto es que, tres siglos después de que la patata llegase a Europa procedente de América, se unió al huevo formando un matrimonio indisoluble hasta el día de hoy. Hay muchos más debates, entrando ya en su preparación: con o sin cebolla, jugosa o cuajada, con la patata cortada de una u otra forma, dorada o blanquecina…

Como el tema es realmente inabarcable he decidido recurrir a un método poco científico que me acote la tarea: revisar dos tipos o estilos de tortilla que gozan de un reconocimiento bastante generalizado y analizar sus similitudes y sus diferencias: la tortilla estilo Betanzos y la tortilla de Josefina.

Sobre la tortilla de la escuela de Betanzos he tenido conocimiento recientemente gracias a un amigo de origen gallego. Ganadora de numerosos premios y certámenes a nivel nacional a través de establecimientos como “O Pote” o “La Casilla”, su característica más destacable es su jugosidad, con un huevo batido prácticamente líquido en su interior. Y sin cebolla.

Tortilla de Betanzos. (Imagen de José Carlos Capel)

Hablar de la tortilla de Josefina es hablar también de una persona inigualable, Josefina Sagardia, ochenta y cinco años, cocinera del Casino de Lesaka, y más de sesenta años haciendo “sus tortillas”, entre quince y veinte diarias. Su fórmula: patata dorada, con cebolla y pimiento verde, jugosa y, lo más importante, sin darle la vuelta, con un hábil giro de muñeca, su tortilla se desliza y se dobla sobre sí misma adquiriendo una forma ovalada. Su sartén no la toca nadie más que ella y sus cuchillos parecen finos estiletes por el desgaste de las miles de patatas que han pasado por sus filos.

Josefina en acción. (Imagen de José Carlos Capel)

¿En qué se parecen la tortilla de Betanzos y la de Josefina?: patata cortada en láminas finas, fritura en aceite de oliva, huevo poco batido sin que llegue a espumar, poco cuajada y jugosa en su interior. Similar proporción de patata y huevo: dos huevos por cada patata mediana, de la variedad Kennebec. Y sal, añadida en el momento de la mezcla, no antes.

Y las diferencias: solo huevo y patatas (menos crujientes) en la de Betanzos, cebolla y pimiento verde en la de Josefina; con vuelta en la primera y con “doblado” en la segunda.

Tortilla deconstruida

Conclusión: la que cada uno quiera sacar. No han faltado tampoco las interpretaciones y reformulaciones extremas como la tortilla deconstruida desarrollada por el chef Ferrán Adriá. Pero yo me quedo, sin duda, con la de Josefina. ¿Por qué? Porque su justificación de la cantidad de huevos en su tortilla supera cualquier teorización científico-filosófica de los gurús de la alta gastronomía:

“Mi tortilla es para tres. Pongo 3 huevos por ración, pero como no me gustan los números impares pues pongo 10”.  

¡Grande Josefina!