La primera vez que escuché a Tom Harrell la
impresión que recibí por la cálida sonoridad de su música fue enorme. Y cuando
vi imágenes de algunas de sus actuaciones percibí que se trataba de alguien
“diferente”. Sabía que había tocado con los mejores músicos de jazz, que
actualmente está considerado como uno de los más grandes trompetistas, que ha
sido definido como uno de los mejores improvisadores armónicos, que combina el
jazz con aproximaciones a la música clásica… pero su actitud en el escenario,
su perturbadora presencia-ausencia me indicaba que había algo más que yo no
sabía. Y busqué en su biografía.
Nació en 1946 en Illinois. Niño brillante,
aprendió a leer solo y empezó a tocar la trompeta a los ocho años. En el
instituto ya tenía su propia banda de jazz. Mientras estudiaba composición en
Stanford intentó quitarse la vida. Esto dio lugar a un diagnóstico de
esquizofrenia paranoide, a los once años. Con tratamiento, logró terminar su
formación escolar e inició su carrera musical. Ángela, su esposa a la que
conoció en Nueva York, dice de él:
“Una vez que superas el desconocimiento
inicial de su situación y de la forma en que le afecta... la enfermedad deja de
convertirse en su aspecto más destacado. Para mí, la enfermedad mental no le
define como persona. Lo que me llevó hasta él fue su inteligencia y lo
divertido, cariñoso, honesto, afectuoso y desprendido que es... Podría seguir y
no parar. Es sencillamente una persona enormemente sincera, muy real y
espiritual, muy generoso y divertido.”
A menudo resulta difícil manejar el estrés a
quienes sufren esquizofrenia y la vida de un músico está llena de viajes,
lugares nuevos, cambios de horarios… Como dice Ángela “muy probablemente su
entorno no es el mejor para estabilizar los síntomas pero, por otra parte, ha
sido la música la que le ha ayudado a seguir adelante todos estos años.”
Un nuevo intento de suicidio y una reacción casi mortal a uno de los
medicamentos han jalonado su trayectoria profesional, pero él mismo dice:
“A veces los medicamentos me impiden pensar
con claridad, como si me faltase oxígeno en el cerebro. La esquizofrenia me ha
hecho más productivo y me ha forzado a adentrarme más en mí mismo, lo que, en
cierto modo, me aísla socialmente. Las canciones me llegan a menudo por la
noche, cuando se abre una puerta en mi mente.”
El próximo miércoles día 22, en el teatro
Campos Elíseos de Bilbao, cerraremos los ojos como él hace, sin levantar la
cabeza, y escucharemos las notas de su trompeta, su sonoridad intensa y
delicada. Le acompañaremos en su “viaje a las estrellas”.





