martes, 14 de mayo de 2013

TOM HARRELL


La primera vez que escuché a Tom Harrell la impresión que recibí por la cálida sonoridad de su música fue enorme. Y cuando vi imágenes de algunas de sus actuaciones percibí que se trataba de alguien “diferente”. Sabía que había tocado con los mejores músicos de jazz, que actualmente está considerado como uno de los más grandes trompetistas, que ha sido definido como uno de los mejores improvisadores armónicos, que combina el jazz con aproximaciones a la música clásica… pero su actitud en el escenario, su perturbadora presencia-ausencia me indicaba que había algo más que yo no sabía. Y busqué en su biografía.

Nació en 1946 en Illinois. Niño brillante, aprendió a leer solo y empezó a tocar la trompeta a los ocho años. En el instituto ya tenía su propia banda de jazz. Mientras estudiaba composición en Stanford intentó quitarse la vida. Esto dio lugar a un diagnóstico de esquizofrenia paranoide, a los once años. Con tratamiento, logró terminar su formación escolar e inició su carrera musical. Ángela, su esposa a la que conoció en Nueva York, dice de él:
“Una vez que superas el desconocimiento inicial de su situación y de la forma en que le afecta... la enfermedad deja de convertirse en su aspecto más destacado. Para mí, la enfermedad mental no le define como persona. Lo que me llevó hasta él fue su inteligencia y lo divertido, cariñoso, honesto, afectuoso y desprendido que es... Podría seguir y no parar. Es sencillamente una persona enormemente sincera, muy real y espiritual, muy generoso y divertido.”

A menudo resulta difícil manejar el estrés a quienes sufren esquizofrenia y la vida de un músico está llena de viajes, lugares nuevos, cambios de horarios… Como dice Ángela “muy probablemente su entorno no es el mejor para estabilizar los síntomas pero, por otra parte, ha sido la música la que le ha ayudado a seguir adelante todos estos años.”

Un nuevo intento de suicidio  y una reacción casi mortal a uno de los medicamentos han jalonado su trayectoria profesional, pero él mismo dice:
“A veces los medicamentos me impiden pensar con claridad, como si me faltase oxígeno en el cerebro. La esquizofrenia me ha hecho más productivo y me ha forzado a adentrarme más en mí mismo, lo que, en cierto modo, me aísla socialmente. Las canciones me llegan a menudo por la noche, cuando se abre una puerta en mi mente.”

El próximo miércoles día 22, en el teatro Campos Elíseos de Bilbao, cerraremos los ojos como él hace, sin levantar la cabeza, y escucharemos las notas de su trompeta, su sonoridad intensa y delicada. Le acompañaremos en su “viaje a las estrellas”.


martes, 7 de mayo de 2013

CABALGAR EN SOLITARIO


“Cabalgar en solitario” es el título de una película protagonizada por el inefable Randolph Scott en 1959, en la que recorría las polvorientas llanuras del oeste americano a lomos de su caballo. Yo empecé a cabalgar en solitario unos cuantos años más tarde, a lomos de mi cabalgadura de dos ruedas. Y no protagonizaba ninguna película, simplemente viajaba recorriendo por primera vez el Camino de Santiago en un caluroso mes de Julio.

Existen diversos formatos de viaje, atendiendo a las personas que te pueden acompañar: en familia, en pareja, con un grupo de amigos… Hace poco descubrí que existe una ¿nueva? modalidad, a través de una publicidad personalizada que me hizo llegar el “gran hermano” Google: los viajes para singles. Tuve que informarme para aclarar este concepto así que quien no lo conozca, que se informe igualmente. Pero en aquel caluroso mes de Julio descubrí una nueva modalidad que hasta entonces no había practicado: el viaje en solitario. Y fue de manera casual. El viaje en bicicleta a dos se convirtió en viaje a uno por la renuncia en el último momento de mi compañero de pedaladas. Siempre he pensado que su señora esposa tuvo algo o mucho que ver en ello, aunque me imagino que lo negará eternamente. Ya sabemos que esto de los recuerdos es algo muy selectivo.

A partir de aquella primera experiencia no programada volví a repetir en varias ocasiones esto de la cabalgada en solitario pero, ahora sí, con premeditación y alevosía. Lo que da idea de que la historia no resultó nada frustrante, más bien al contrario. Con ello no intento hacer apología de esta forma de viajar como la única interesante ni siquiera como la más interesante. Pero admito que, al menos a mí, me ha aportado sensaciones muy profundas y recuerdos imborrables. Así que de vez en cuando…

Los inconvenientes o desventajas respecto a un viaje en grupo son tan evidentes que no considero necesario indicarlos siquiera. Pero entonces ¿cuáles son las ventajas? ¿qué puede aportarnos un viaje en solitario? Tranquilos que no me voy a poner cachondo con aquello del viaje interior y de encontrarse a uno mismo. Es mucho más banal. En primer lugar, te obliga a tomar constantemente tus propias decisiones sin dejarlas en manos ajenas, un buen aprendizaje. En segundo lugar, existe una mayor receptividad y comunicación con la gente (o los animales) que te vas encontrando a tu paso. Es decir, vas generando compañeros de viaje puntuales y no programados, lo que resulta muy enriquecedor. En tercer lugar, tú mismo estás mucho más receptivo hacia el entorno que te rodea al no haber nadie que te distraiga, tus antenas captan hasta el más mínimo detalle y eres testigo de momentos que de otro modo te habrían pasado desapercibidos. Sí, te conviertes de alguna manera en “voyeur”.

Y de estas cabalgadas en solitario han ido surgiendo algunas historias y anécdotas que en forma de relato ya han aparecido en este blog y seguirán apareciendo. Por ejemplo, aquel intenso encuentro con una preciosa vaca rubia titulado “Amor no correspondido”, que resume muy bien las aportaciones que antes indicaba.

Así que, ¿por qué no poner al menos un viaje en solitario en tu vida? Ah! Lo de viajar en bicicleta es solo una opción. Pero ésta es ya otra historia.  


domingo, 28 de abril de 2013

LA FELICIDAD


La Asamblea General de la ONU designó recientemente el 20 de Marzo como “Día Internacional de la Felicidad”. ¿Es una buena o una mala noticia? Analizando otros Días Internacionales (de la mujer, de la no violencia, de la eliminación de la discriminación racial…) más bien me inclino por lo segundo. O dicho de otra forma, parece que las mentes pensantes de dicha organización han considerado que la felicidad no goza de buena salud y necesita que le den un empujoncito. Y para ello, entre sus resoluciones, invita a su inclusión en las políticas de los gobiernos.

Esto suena un poco raro. Pero lo más sorprendente viene ahora. La iniciativa parte de Bután, un pequeño país situado en el sur de Asia, junto a la cordillera del Himalaya, cuyo nombre significa “la tierra del dragón de truenos”. Un país que antepuso al tradicional índice PIB (Producto Interior Bruto) un nuevo concepto: el índice de Felicidad Interior Bruta (FIB).

El 2 de junio de 1974, en su discurso de coronación, Jigme Singye Wangchuck dijo: "La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto". Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo. No fue un mero eslogan. Desde aquel día, la filosofía de la felicidad interior bruta ha guiado la política de Bután y su modelo de desarrollo. La idea es que el modo de medir el progreso no debe basarse estrictamente en el flujo de dinero. El verdadero desarrollo de una sociedad, defienden, tiene lugar cuando los avances en lo material y en lo espiritual se complementan y se refuerzan uno a otro. Cada paso de una sociedad debe valorarse en función no sólo de su rendimiento económico, sino de si conduce o no a la felicidad.

Y ¿qué es la felicidad? Si atendemos a la definición antigua de la RAE, felicidad es: “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Pero curiosamente hace un par de años la RAE enmendó esta definición por esta otra: “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Más en consonancia con el FIB, sin duda.

Basándome en esta definición, hace tiempo que renuncié a ser feliz. Dicho así suena un poco bestia. He dicho que renuncié a ser feliz, no a estar feliz. Puede parecer un pequeño matiz verbal pero no lo es, al menos para mí. Supone pasar de la búsqueda de la felicidad como estado permanente y como objetivo vital, a la satisfacción de los momentos puntuales, de los pequeños detalles, de las ilusiones a corto plazo, de las personas con las que puedo compartir emociones aquí y hoy, sin pensar demasiado en lo que pueda pasar a largo plazo.

Hace unos días, mientras volvía a casa en el coche, sonó en la radio una canción que no escuchaba desde hacía mucho tiempo. Y me pareció, tanto por su música como por su letra, la definición perfecta de esa felicidad que ahora estoy disfrutando, que a veces llega sin darme cuenta, que me pilla de improviso sin haberla buscado. Y estuve feliz un buen rato, con mi FIB por encima de la media.


domingo, 21 de abril de 2013

¿QUÉ HACEMOS CON EL ARCO DE SAN MAMÉS?


Las obras del nuevo estadio del Athletic de Bilbao avanzan y pronto se derribará el viejo estadio para completarlas, lo que traerá consigo el desmantelamiento del arco de San Mamés. En principio no parece que esté prevista ninguna reutilización del mismo aunque algunas voces se han pronunciado en este sentido. Conocer su historia nos puede ayudar a expresar una opinión al respecto.

Entre 1951 y 1953 los arquitectos Domínguez Salazar, Magdalena, de Miguel y el ingeniero Fernández Casado plantearon una solución constructiva para la nueva tribuna, de gran expresividad estética y enorme audacia técnica, reconocida en numerosas publicaciones especializadas. Dicha solución permitía que la cubierta de la tribuna colgase de esta estructura mediante unos cables, evitando la disposición de apoyos intermedios.
Este arco ha llegado a convertirse en emblema, no ya del club, sino de la ciudad. No soy futbolero, por lo que no soy sospechoso de “forofismo” en este caso. Me viene ahora a la cabeza la imagen de un cuadro del pintor Jesús Mari Lazkano en el que representa a un Bilbao cubierto por las aguas del que solo sobresale una construcción: el arco de San Mamés.

Sin embargo parece que no han sido razones suficientes para permitirle una vida más larga. Ni por parte del club, ni por parte de las instituciones locales, ni por parte de los técnicos redactores del nuevo proyecto. Me temo que sus escasos sesenta años de vida pueden ser uno de los motivos. Hace unas semanas planteaba en este blog mi opinión sobre la rehabilitación de la iglesia de Castro Urdiales. Rehabilitación en la que, indudablemente, sus varios siglos de existencia han pesado por encima de su escaso valor arquitectónico. Admito, eso sí, algunos de los argumentos expresados a favor de la memoria histórica que supone para los habitantes de esa localidad cántabra. Pero en este caso parece que se invierte la historia. La memoria histórica también es evidente, sus cualidades constructivas son innegables, pero ¡ay! su breve cronología parece apartarlo de la gloria.

Por seguir con las comparaciones, el arco de San Mamés ha convertido a su estadio en la catedral del fútbol. Catedral frente a iglesia. No hay color. Me diréis que esto es una bilbainada. Lo es, sin duda. Y probablemente ya sea tarde para una salida digna a tan representativa estructura. He escuchado propuestas que pretenden convertirlo en pasarela sobre la ría. Otros plantean trocearlo y repartirlo entre los aficionados. Tal vez lo más coherente habría sido integrarlo en la nueva construcción que, al fin y al cabo, se ubica en el mismo lugar. Una manera de dar continuidad a la historia local y enlazar lo viejo con lo nuevo. Sin embargo todo parece indicar que la pérdida del arco de San Mamés dejará una ciudad amputada. Una oportunidad perdida para el reconocimiento del talento y el esfuerzo de unos profesionales que nos precedieron y nos brindaron un nuevo símbolo para Bilbao.

Por tanto, ¿qué hacemos con el arco de San Mamés?...si es que hay que hacer algo.     

viernes, 12 de abril de 2013

LA CIUDAD COMPACTA


Hace unos días la consejera vasca de Medio Ambiente y Política Territorial, Ana Oregi, en la presentación de la filosofía que orientará su estrategia de ordenación del territorio durante esta legislatura, declaró su apuesta por “recuperar la densidad de los asentamientos, limitar los procesos de expansión de las zonas edificadas y hacer de la renovación y la reutilización de espacios construidos el eje fundamental del desarrollo territorial vasco.” O, dicho de otra forma, hacer unas ciudades más compactas, menos esponjosas o desparramadas.

Este discurso se inscribe dentro del término tan utilizado últimamente de la sostenibilidad, que en cuanto al urbanismo se refiere consiste en evitar la destrucción de suelos que son soporte para la vegetación y el sector primario, mejorar la gestión de residuos, la gestión del agua y reducir los desplazamientos en vehículo privado en beneficio del transporte colectivo. Estos argumentos no son nuevos y ya desde hace unos años se debate en este ámbito de la ordenación territorial sobre cuál es el modelo ideal de ciudad de cara al futuro, teniendo en cuenta que la batalla de la sostenibilidad se librará básicamente en las ciudades, ya que el 50% de la población mundial vive en grandes urbes y la previsión para 2050 es que el porcentaje ascienda al 90%.

Si repasamos la historia urbana de nuestra ciudad, Bilbao (y el ejemplo se repite en muchas más), podemos comprobar que ya a finales del siglo XIX y principios del siglo XX convivían planteamientos sobre los nuevos asentamientos residenciales claramente antagónicos. Desde los proyectos de viviendas unifamiliares y bifamiliares, con una baja densidad y un planteamiento naturalista muy ligado a un ámbito rural (Ciudad Jardín, de Pedro Ispizua), hasta los proyectos de viviendas en bloque y en altura (Torre Urízar, de Ricardo Bastida), pasando por soluciones intermedias de viviendas adosadas en hilera (Barrio Irala, de Enrique Epalza). Los argumentos esgrimidos por Ricardo Bastida, gran estudioso y lúcido urbanista, para apostar por una ciudad más compacta eran fundamentalmente de carácter económico. Y ese es un parámetro que, junto a otros que han ido apareciendo, forma parte hoy también del discurso de la sostenibilidad.

Lo curiosos del caso es que las declaraciones de la consejera se realizan desde la sede del Gobierno Vasco en Lakua, Vitoria, cuyo entorno responde precisamente a un desarrollo urbanístico de estos últimos veinte años que se sitúa en las antípodas de la actual declaración de principios. ¿Qué hacemos ahora con los nuevos barrios de la capital de Euskadi estructurados en torno a inmensas avenidas, enormes espacios verdes e interminables rotondas? ¿No nos interesa ya el título de “ciudad verde” concedido recientemente? ¿Cómo la compactamos? Afortunadamente contamos con alguien entrañable e infatigable que nos podrá echar una mano.


viernes, 5 de abril de 2013

HUELLAS SONORAS


Secuencia 1. Hace unos días volví a ver “Dublineses”, la última película de John Huston, que dirigió ya en silla de ruedas y con mascarilla de oxígeno. Película emocionante y con un final bello y amargo a la vez. Pero esta entrada no es de cine, así que al grano. En la parte final de la película uno de los personajes, una mujer, escucha una canción que le provoca un estado casi de éxtasis. Y a partir de ahí la historia da un giro inesperado. La canción le evoca un amor perdido de juventud, su gran amor.

Secuencia 2.  Al día siguiente me encontré con un compañero al que hacía tiempo que no veía. Y entre otras cosas me dijo: “¿Te acuerdas del CD que me regalaste hace unos años? Pues los chavales míos, cuando vamos en el coche, ahora solo quieren escuchar ese disco.” El disco en cuestión lo grabé con una selección de canciones variadas y lo utilicé como obsequio en uno de mis cumpleaños. Sí, en ese cumpleaños fui yo el que hizo los regalos. Me dio por ahí.

Secuencia 3. Ese mismo día por la noche fui a un concierto de Lizz Wright, cantante de jazz – góspel – soul, y entre el ramillete de estupendas canciones que nos ofreció estaba una versión de una canción de Neil Young, “Old Man”, que está recogida precisamente en el disco de la Secuencia 2. Sí, ese que tiene enganchado a los hijos de mi compañero.

Secuencia 4. Parecía que los astros se habían alineado, así que la suma de las tres secuencias anteriores me empujó inevitablemente a rescatar ese disco que tenía arrinconado en la estantería. Y me puse a escucharlo, mientras leía el texto que yo había escrito en la carátula:
“…estas canciones reúnen tres características: disfruté con ellas cuando las escuché por primera vez; cada una está asociada a un momento concreto, una situación especial o una persona o personas que han pasado por mi vida algo más que de puntillas; al escucharlas hoy me siguen gustando…”
Y al volver a escucharlas ahora aún me siguen gustando. Al igual que sucedía hace unos meses en este blog a cuenta de las “huellas gastronómicas” cada uno tendrá también sus propias “huellas sonoras”.

Me cuesta elegir una canción para ilustrar mis huellas sonoras entre las 35 que componían el disco doble. Así que no me complico y aquí tenéis la número 1: “Time” de Tom Waits.  

jueves, 28 de marzo de 2013

PREMIOS COAVN 2013


El Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro concede cada tres años los premios que llevan su nombre a los trabajos que, a juicio de un jurado compuesto por profesionales de la arquitectura, han sido los mejores realizados dentro de su demarcación. Los premios se conceden a los siguientes apartados: Edificación residencial, Edificación dotacional, Edificación industrial, Rehabilitación y restauración, Interiorismo, Planeamiento urbanístico, Diseño urbano y paisajismo, Diseño, Cultura arquitectónica.

Este último apartado, el de Cultura arquitectónica, recoge los trabajos realizados en torno al estudio, investigación, análisis y difusión de la arquitectura. Los trabajos seleccionados en esta edición han sido:
-       “La arquitectura de Aizpurua y Labayen”, del arquitecto José Ángel Medina Murúa.
-       “Oda a la fábrica abandonada”, del arquitecto Iñaki Uriarte Palacios.
-       “Colección Fortificaciones de Pamplona”, del arquitecto José Vicente Valdenebro García.
-       “El proyecto de arquitectura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las pruebas de examen de los aspirantes vascos 1766-1855”, del arquitecto José Laborda Yneva.
-       “Bilbao arquitectura / architecture. Libro + Plano guía”, de los arquitectos Francisco Javier y Bernardo I. García de la Torre.


En 1991 (ya ha llovido) nuestro trabajo “Manuel María de Smith e Ibarra Arquitecto. Catálogo y Exposición” también fue distinguido con estos premios. Así que podemos decir que ahora se cierra un ciclo o, mejor aún, se inicia o se ha iniciado ya una nueva etapa.

Las diferencias sustanciales entre aquel trabajo y éste son, por un lado, que a finales de los 80 iniciábamos esta actividad dentro de la cultura arquitectónica (que no hemos abandonado en estos más de veinte años) y por tanto la ilusión era nuestro mayor activo y la inexperiencia nuestra mayor carencia. Y ahora, la ilusión sigue intacta y la experiencia nos proporciona más herramientas pero también nos eleva el nivel de exigencia. Y por otro lado, que en aquellos primeros trabajos contábamos con la “cobertura” económica de patrocinadores institucionales y sin embargo en este último trabajo nos hemos decantado por nuestra propia iniciativa privada y profesional. Cada fórmula tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como es lógico.

Y sin duda la mayor satisfacción de este trabajo de investigación y difusión de la arquitectura de Bilbao está ahí, en haber sido capaces de sacar el proyecto adelante con nuestros propios medios, demostrándonos que, incluso en los tiempos que corren, la iniciativa privada es posible y la cultura no tiene que estar siempre bajo el paraguas de las ayudas institucionales. Hay otros caminos. Hay vida más allá de la cultura subvencionada. Y la mejor prueba de ello es que de nuestro libro se publicará en breve la segunda edición, y andamos “sumergidos” en un nuevo proyecto del que también esperamos salir a flote.  Así que pronto llegará otro miembro a la gran familia de nuestras bibliotecas. Nos da igual si es niño o niña, le vamos a querer lo mismo.





domingo, 17 de marzo de 2013

VERSIONES DE CANCIONES


Hace unos días, regresando a casa en el coche, empezó a sonar en la radio una canción que captó mi atención desde los primeros compases. Era una canción nueva pero, sin embargo, había en ella algo reconocible. Al avanzar el tema pude comprobar que se trataba de una versión de “Walk on the wild side”, de Lou Reed. Una antigua canción pero, a la vez, una canción nueva.

Durante algún tiempo llegué a considerar las versiones de canciones como un subproducto musical de intérpretes sin creatividad, que se aprovechaban del talento de otros para sacar tajada. Poco a poco fui cambiando de opinión. Y distinguiendo entre lo que considero una interpretación y lo que considero una versión. En la primera se trata de ajustarse en lo posible al tema original sin aportación alguna. En la segunda, la que a mí me interesa, descubres una canción nueva en la que sin embargo se mantiene, de alguna forma, la esencia de la canción original. Y el listado de versiones que me llevó a cambiar de opinión es enorme y sería imposible recogerlo aquí.

Ahora mismo me viene a la cabeza, por ejemplo, la versión que hizo Enrique Morente del “Aleluya” de Leonard Cohen llevado, claro está, a su terreno, el flamenco. Te pone los pelos de punta. Miles Davis tampoco le hizo ascos a tomar composiciones de otros y destriparlas a ritmo de jazz convirtiendo, por ejemplo, la voz de Cindy Lauper en el sonido particular de su trompeta en la sobrecogedora “Time after time”. Pero años atrás se había atrevido con Walt Disney, dando unas cuantas vueltas de tuerca a “Someday my prince will come”, el tema central de la película de animación “Blancanieves y los siete enanitos”. ¡Casi nada!, magia pura. Y un caso extremo es el de Bob Dylan, del que podríamos decir que se versionea a sí mismo, y cada vez que interpreta una de sus canciones la va transformando hasta hacerla casi irreconocible.

Contaba Paul McCartney que un día, al levantarse de la cama, sonaba insistentemente en su cabeza una melodía. No le resultaba conocida pero dudaba de que fuera una composición propia que hubiese surgido mientras dormía. Pensaba que tal vez la había escuchado en algún momento y se le había quedado grabada como una versión. Para asegurarse, durante unas semanas la fue cantando a todas las personas con las que coincidía. Nadie la reconoció. Finalmente fue al estudio  y grabó la melodía: “Yesterday”, uno de los grandes éxitos de The Beatles y una de las canciones que más versiones ha tenido en toda la historia de la música.

En definitiva, la creatividad puede estar apoyada en trabajos ajenos y llegar incluso, en algún caso, a superar el original. Y eso sí es meritorio. Así que, volviendo al comienzo, dos perlas sonoras sobre el “Walk on the wild side”: La irreverente (y sin embargo espiritualmente fiel) versión de Albert Plá y el ritmo de swing de Pink Turtle. Dos variaciones sobre un mismo tema.



domingo, 10 de marzo de 2013

REHABILITACIÓN DE EDIFICIOS (1)


Se han iniciado recientemente las obras de rehabilitación de la iglesia de Santa María, en Castro Urdiales, templo gótico construido entre los siglos XIII-XIV. Una actuación en apariencia lógica y razonable dentro de la labor de protección y conservación de nuestro patrimonio arquitectónico.

Me he interesado por el contenido del Plan Director, que es el documento que, tras un análisis pormenorizado de la edificación, emite un diagnóstico y establece un plan de trabajo sobre las obras que han de llevarse a cabo. Y me he encontrado con algunas consideraciones que me han hecho reflexionar. Del estudio se derivan, básicamente, las siguientes conclusiones:
Primera: el lugar elegido para la construcción de la iglesia, por su exposición a los vientos y su cercanía al mar, no era adecuado.
Segunda: Sus cimientos no se apoyaban sobre un terreno firme, provocando problemas de estabilidad.
Tercera: Su estructura no estaba bien trazada (en aquella época no se podía hablar de “cálculo” en sentido estricto) en relación a su tamaño.
Cuarta: El material elegido para su construcción (tipo de piedra) no poseía la dureza suficiente para soportar las agresiones del entorno físico señalado anteriormente.
Quinta: Algunos elementos ornamentales incorporados aumentaron aún más su debilidad constructiva.

En definitiva, si nos atenemos a estas conclusiones podríamos afirmar que nos encontramos ante un proyecto con una clara calificación de suspenso en su diseño y ejecución. ¿Cuáles son por tanto las cualidades  que la han hecho merecedora de su calificación como Bien de Interés Cultural y de una importante inversión económica para su rehabilitación? ¿El hecho de que se trata de una construcción de estilo gótico? Esa cualidad se la proporciona de forma automática su fecha de construcción, ya que el gótico era el estilo imperante en aquel momento. Pero ya hemos visto que sus características se inclinan claramente en la balanza hacia el platillo de la mala calidad constructiva en su sentido más amplio. Por tanto, ¿es suficiente la antigüedad de una construcción para justificar su protección? Mi respuesta es no. Y sé que muchas personas no estarán de acuerdo con esta afirmación. Creo que, por mi trayectoria en la protección del patrimonio y en proyectos de rehabilitación, no soy sospechoso de mantener una actitud radical de destrucción de nuestro pasado arquitectónico, pero también creo que no todo es recuperable, que solo la fecha de su construcción no avala la “prórroga” indefinida de un edificio.

Quizás sea más razonable, en algunos casos, permitir una muerte digna que empeñarnos en una recuperación imposible (en el caso de la iglesia de Santa María hay mucho que sustituir y poco que recuperar) y temporal de, al menos, aquellos edificios que nacieron ya con carencias de diseño y de ejecución. Pero si alguien encuentra valores que inclinen la balanza en el otro sentido, estoy dispuesto a escuchar.

viernes, 1 de marzo de 2013

RECUERDOS


A raíz de una entrada reciente de este blog, “Huellas gastronómicas”, una persona que había estado presente en uno de esos perdurables recuerdos, el cabrito de Ponferrada concretamente, me apuntó que no fui yo quien degustó ese plato en aquella ocasión, sino ella. Y como no tengo argumentos para refutarlo asumo que así fue en realidad y que sus comentarios y su disfrute los asumí yo como propios.

Esto me lleva a pensar en el tema de los recuerdos y de su carácter manipulable, por decirlo de alguna forma. Tengo ejemplos muy claros de que, al menos en mi caso y a medida que pasa el tiempo, los recuerdos sufren, por un lado, una selección o discriminación. Uno se va quedando con aquellos que inconscientemente le siguen aportando algo y se va desprendiendo de aquellos otros que le entorpecen o le incordian. Pero, por otro lado, sucede algo que me parece aún más interesante: la modificación de los recuerdos, convirtiéndolos en una mezcla de realidad y ficción en porcentajes variables. Y nos vamos alimentando, por tanto, de algo que nosotros mismos hemos ido construyendo parcialmente a lo largo de los años.

Decía que tenía ejemplos. Con uno será suficiente. Al rememorar los inicios de una relación personal había datos que concordaban y sin embargo otros que diferían sustancialmente. Teníamos versiones algo diferentes ¿Uno de los dos se equivocaba? ¿Uno de los dos mentía? Probablemente los dos nos equivocábamos. O mejor aún, ninguno estaba equivocado. Había una realidad común, pero cada uno había aportado su porcentaje de ficción de forma diferente, personal. Y de esta manera ese recuerdo lo llevábamos grabado con matices propios. Mecanismos de nuestra mente al fin y al cabo.

Gabriel García Márquez expresaba muy bien esta idea en la siguiente frase:

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”.

Va un paso más allá aún, al reconocer que cuando contamos nuestros recuerdos todavía podemos dar una vuelta de tuerca más a la ficción que se encuentra en ellos. En definitiva, los recuerdos van cambiando  con nosotros (porque cambiamos ¿verdad?) y con nuestros relatos.